Hoy se celebra El Día Internacional del Chocolate, y aunque lo adoramos en incontables iteraciones y presentaciones, hay una faceta en la que el cacao no tiene comparación alguna: una taza de chocolate caliente, al estilo mexicano.

No está de más mencionar que al consumir chocolate nuestro cerebro produce endorfinas, esas que nos regalan una sensación inmediata de bienestar y placer. Nuestros ancestros lo consumían como bebida amarga y sagrada: los mayas lo llamaban “el alimento de los dioses” y Moctezuma aseguraba que una sola taza de cacao podía alimentar a un guerrero durante todo un día (tú saca tus conclusiones).
Hacia el año 1400 d. C., la bebida de cacao ya era parte esencial de la cultura azteca. Con la llegada al Nuevo Mundo se popularizó en Europa y, desde entonces, ha pasado por múltiples transformaciones. De hecho, hasta el siglo XIX se utilizaba con fines medicinales para tratar dolencias hepáticas y estomacales… yo prefiero apostar a que lo realmente cierto es que pocas cosas curan tanto el alma como una buena taza de chocolate caliente.
Estos spots son un buen lugar para empezar.
Churros (y otros placeres) opcionales, chocolate obligatorio: los mejores spots en CDMX
El Cardenal
Si nunca has desayunado una concha con nata chopeada en esta institución, sí te estás perdiendo de algo. Su chocolate caliente —que obviamente se prepara con todo y molinillo en la mesa— es perfecto. Y no, no es el de Abuelita; tiene el balance perfecto entre dulce y amargor. Empiezas a sonreír desde que ves el chocolate caer desde lo alto directo a tu taza.
Azul (Condesa, Histórico y Azulísimo)
¿Sus chiles en nogada? Todo un evento en temporada. ¿Su mole? Comprueba que el pato está hecho para disfrutarse en buñuelos con zarzamora bañados con el oro negro de México. Aquí, al “postre líquido” también se la da la seriedad que merece. Es la receta del chef Zurita: “con agua, no tan caliente, ‘tibio’ para poder disfrutar todas las características del chocolate. Se hace al momento”.
Café de Tacuba
Un lugar emblemático. Así como el Sanborns de azulejos, o el Cardenal del centro, esta casona del siglo XVII —con talavera y vitrales— es tachar un elemento más en tu bucket list de planes icónicos para desayunar en CDMX. Fue originalmente una lechería que también hacía dulces tradicionales mexicanos, pan, atoles, etc. Esa raíz dulce/cacao se quedó como parte de su identidad.
Churrería el Moro
Junto a la concha con nata, los churros son el mejor aliado del chocolate caliente. Basta con cruzarte con una de las nueve sucursales del Moro para comprobarlo. Un antojito, no juzgamos: a un chocolatito caliente y un churro no se le dice que no… sobre todo si es de la misma casa que lleva desde 1935 dominando la fórmula.
Cascabel
Cascabel es una carta de amor a México. Desde sus esquitesancestrales como entrada, ya hay altas expectativas para todo lo que sigue. Y el postre es igual de especial, sobre todo para los amantes del chocolate mexicano: tamal de chocolate o texturas de chocolate y chipotle. Pero si nos vamos por algo más ligerito, el chocolate caliente es un apapacho bien servido.

Chocolate MUCHO (museo del chocolate)
Para los que buscan una experiencia 360°, la solución es obvia. Recorriendo la historia del chocolate con fotografías, objetos y narraciones hace que termines el recorrido rogando por un chocolatito caliente. Además de que ofrecen talleres, la Fonda Cacao es era lugar para gozar de recetas tradicionales.
Churrería el Convento
Otro que lleva toda una vida sirviendo chocolate caliente y churros. El primero fue fundado en 1977 en San Ángel, y lo que sospechamos que hace que los churros split (con helado), sencillos o rellenos sean incomparables, es el chocolate caliente que complementa. Por supuesto tienen variedad (mexicano, español, tipo francés con diferentes espesos, semi amargos, con canela, etc.).
El Bajío
Otro lugar para un desayuno tradicional sin pretensiones: sabores mexicanos caseros sin pierde. Así que sí, acompañar un pan dulce con un chocolate espumoso y humeante es mandatorio (si quieres algo más ligero que su atole).
Eno
“Chocolate ligero hecho cada mañana” suena como el plan que merece una mañana pausada en domingo. Además de su chocolate con agua (o leche si prefieres), preparan otras bebidas deliciosas como el atole de mamey o un café de olla.

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