Así es como enfrento la pandemia: un día a la vez

Cuando la cuarentena comenzó en todo el mundo occidental era común ver posts motivacionales sobre el hecho de que Shakespeare escribió King Lear durante la propia cuarentena de la plaga. Que uno de los genios más grandes de la literatura universal haya podido escribir esa inmortal pieza de teatro al parecer era lo que todos necesitábamos para transformar nuestra ansiedad y miedo en acción positiva.

Claro que eso me motivo para crear una lista con todo lo que quería hacer ahora que por fin “tenía tiempo”. Desde mejorar una habilidad, escribir mi propia obra personal, aprender o mejorar mi conocimiento de otro idioma y más.

Sin embargo, el título de esta nota puede adelantarte que no logré nada de eso. De hecho, uno de los puntos más “relajados” de esa lista implicaba ver ciertas series, películas o incluso jugar videojuegos que eran considerados todo un reto. Esas obras culturales que no puedes consumir cuando tu mente está en otro lado y a las que debes darles tu completa atención.

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Así empecé mi viaje por las más de mil páginas de Infinite Jest, la obra maestra de David Foster Wallace. Con 388 notas (que a veces tiene sus propias notas al pie), esta novela posmodernista que habla de soledad, depresión, adicciones y que funciona como una crítica a la cultura contemporánea ha estado en mi lista de lectura desde hace años, pero siempre lo había evitado y después de pasar 20 páginas en el lapso de tres semanas decidí que este tampoco iba a ser el momento en que lo terminaría.

Querría decir que fue algo único, pero más bien se transformó en algo recurrente. Desde que Netflix anunció The Irsishman, decidí que sería una de mis películas favoritas, después de todo Goodfellas lo es. Por eso me rehusé a verla a menos que supiera que mi mente estaba lista para tres horas y media de historia sin pausas, ni distracciones.

Han pasado ocho meses desde que se estrenó y cuatro desde que estoy en casa 24 horas al día y al parecer mi cerebro aún no cree que pueda lograr ver la que muchos consideran la obra maestra de Scorsese.

No soy un verdadero gamer, pero al pasar tanto tiempo en casa, comencé a jugar más. Por eso decidí que para no sentir que sólo fuera una manera de pasar el tiempo, debía aventurarme a jugar (y terminar) Death Stranding, una obra llena de filosofía que demuestra que el futuro de la narrativa se encuentra en los videojuegos, pero, cuando pasé horas intentando hacer algo tan básico como caminar y llevar un paquete a un lugar seguro, y fallé una y otra vez, me di cuenta que mi mente intentaba decirme algo.

No es que no pudiera hacer nada. Sin problemas terminé 9 temporadas de How I Met Your Mother y 10 de Modern Family. En un sólo día vi todos los episodios de Too Hot To Handle, un reality show donde un grupo de jóvenes extremadamente apuestos (incluso para el estándar de los reality show’s) son encerrados en una villa paradisiaca, pero no pueden tener sexo o van perdiendo dinero del premio.

Tal vez no leí Infinite Jest, pero he scrolleado por tantos hilos de Twitter que no es difícil pensar que he leído tantas páginas en formato digital como las que tiene el libro.

Hay tantas cosas que quería hacer y no he logrado, pero con un panorama como el que se vive, a veces basta con respirar un poco y darnos cuenta que las cosas no son normales, que tal vez Shakespeare pudo terminar una obra maestra pero que nosotros no tenemos por qué cargar con el peso del mundo sobre nuestros hombros, que un día llegará la inspiración, la creatividad y las ganas de sentarnos frente a la pantalla y ver a Robert De Niro envejecer décadas frente a nosotros, pero que por ahora, basta con pasar un día a la vez sin sentir que el mundo se acaba.