Si quieres hacerme feliz, llévame a Makan. No importa qué menú tengan, en qué temporada estemos o el día de la semana que sea. Entre altos vitrales y una cocina abierta, este restaurante ubicado enfrente del icónico Reloj Chino de Bucareli alberga comida de Singapur que me hace agua la boca solo de pensar en ella.
En esta ocasión, pudimos probar su menú más reciente, el de verano. Y a sorpresa de nadie, las palabras no alcanzan para expresar lo rico que está. Esto es todo lo que tienes que saber si todavía no te has decidido a ir a probarlo.


Una invitación para compartir
Un consejo que puedo dar antes de que vayas a probarlo es ir con mucha hambre. No solo los platillos son súper vastos, también están tan ricos que vas a querer pedirlos todos. Obvio, la mejor opción es compartir, y eso es justo en lo que pensaron los chefs detrás de este menú: Maryann Yong y Mario Malváez.
Como ellos explican, en Singapur, el término makan es una invitación a compartir, a procurar intimidad, calidez y cuidado a través de los alimentos. Basta poner pie en el espacio para darse cuenta que esa idea estuvo detrás de todo.
Su lugar es amplio pero acogedor al mismo tiempo. Su menú es diverso pero lleno de ingredientes que conviven y complementan. Aquí no se complican de más, lo importante es ofrecer simplicidad y calidad en un mismo plato.


Platillos intensos y riquísimos
Para empezar, nosotros probamos su Lak-sa, un curry de camarón y coco con fideos de arroz y huevo duro. Si como a mí, te gustan los platillos caldosos, este cumple con todas las expectativas. Calientito, con sabores intensos y perfecto para abrir apetito. Luego vino su Tom Yum fried rice, un arroz frito con calamar, camarón y yema de huevo curado. Una verdadera delicia que deja claro su filosofía de compartir (o no).
Por último, probamos el Siew yok pork belly, que va acompañado de fideos de harina y ensalada de rábano. Como nos explicaron, la carne se cocina de tal forma que por fuera queda crujiente y por dentro muy suave.
Tengo que confesar que para este punto ya comía por inercia, pero en el mejor sentido posible. Todo estaba tan rico que me hubiera gustado tener más espacio para acabarme hasta el último fideo. Y eso, para mi, es la señal definitiva de que tengo que regresar a un restaurante..

Debe estar conectado para enviar un comentario.