Disco de la semana: «Settle» de Disclosure

No existe un año con mala música, pero sí hay años donde algo parece suceder y de la nada (o aparentemente de la nada germinan proyectos que no sólo dan la vuelta al mundo, sino que demuestran ser originales, contestatarios, innovadores y justo lo que la industria necesitaba.

La llegada de Disclosure a la escena en 2013 se sintió así. En una época en la que el EDM estaba creciendo sin precedentes, pero que al mismo tiempo parecía que las nuevas propuestas eran una copia del último DJ a la moda, los hermanos Lawrence llegaron con un sonido peculiar, una mezcla de la electrónica contemporánea y pop comercial que al acelerar los beats daba la ilusión de tratarse de una nueva banda de rock.

Settle parece haber nacido en los clubes de Inglaterra, algo que se gestó en medio de una fiesta y que encontró la manera de pasar de lo físico a lo digital. Las canciones del disco parecen hechas para disfrutarse una por una de cualquier manera, pero como todo buen disco, escucharlo de inicio a fin le da un sentido mucho más fuerte que no se puede entender si lo escuchas de otra manera.

Incluso desde Intro, podemos ver que se trata de un viaje que tendrá distintas formas. Durante un minuto nos sumergimos en un preludio de lo que vendrá y cuando una voz dice and what happens is… la segunda canción nos sumerge por completo en lo que los entonces muy jóvenes hermanos estaban creando. Beats rápidos, cortes con mucho sentido y letras pegadizas. En una época donde el dubstep se había convertido en la moneda de cambio de la música electrónica, Disclosure retomó la escena de los ochenta y noventa y le dio un giro contemporáneo.

Latch se convertiría en su himno más grande y ayudaría a posicionar a Sam Smith como una estrella internacional. La canción resume la energía de la banda, capaz de hacerte bailar y cantar, de enamorarte y hacerte sonreír, de llevar el instinto básico de la humanidad, la necesidad de bailar, a un nuevo plano, y apenas vamos en la canción número tres.

Settle es uno de esos discos que tal vez llegan una vez en la carrera de los artistas más grandes, éxito tras éxito, una miscelánea de canciones que transforma el viaje, pero que sabe que tiene un punto final a la vista. El disco podría sonar de manera ininterrumpida en una fiesta y nadie se inmutaría ni pediría que lo cambien, es capaz de moverse de altos a bajos sin problema, de pasar del mood de una fiesta en su máxima expresión, a baladas electrónicas para hacerte cantar con todas tus fuerzas. Settle es un disco como pocos al que siempre es bueno regresar.