El restaurante secreto al que solo llegas si alguien te lo recomienda

Hay un departamento en la ciudad donde los fines de semana huele a brasa, suena vinilo y sirven cremant. No tiene letrero. Y no, no comparten su dirección así como así. Si quieres saber dónde queda, más abajo te dejamos el link para reservar. Ahí te dicen ellos (vale la pena el misterio).

Tletl es un pop-up con todo el rigor de un restaurante serio, pero sin ninguna de las actitudes que eso normalmente implica.

El espacio vive dentro de un edificio que funciona como galería en la calle, pero que adentro se convierte en algo que se siente más a la sala de alguien: tres mesas pegadas a la ventana, un sillón en el centro donde también te atienden, y si llegas en grupo, hay un comedor y una terraza esperando. La gente del lugar sale literalmente a invitar a quienes pasan por la banqueta. A las diez de la noche, cuando uno pensaría que ya cerró, llega gente nueva.

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Quiénes están detrás

El proyecto es una colaboración entre el chef Christian Herrera — originario de San Quintín, Baja California, uno de los mejores lugares de ostión del país — y el sommelier Arturo Ehecatl, que cuida la selección de vinos con el mismo criterio con el que Herrera construye sus platos.

Por cierto, Herrera arrancó su carrera en los viñedos del Valle de Guadalupe, pasó por proyectos como Casa Frida, y antes de Tletl estuvo en las cocinas de Quintonil. Su idea de cocinar siempre ha girado en torno al humo como ingrediente y la lógica farm-to-table. No es un concepto nuevo para él sino su manera de entender la comida desde siempre.

Lo que hace interesante este momento es que Tletl está en fase de taller. El menú cambia cada semana dependiendo del producto disponible — aunque ojalá el postre que probamos no, y probablemente Christian y Arturo ya lo saben perfectamente cada vez que ven a alguien raspar el plato hasta el fondo.

Están probando qué funciona, qué se queda. Eso significa que tienes acceso a una conversación con el chef que en una versión más establecida del proyecto probablemente ya no va a existir. De repente se escapa de la cocina a poner sus vinilos (sí, es ese tipo de lugar).

Qué pedir

El aguachile de chayote — con salsa de vegetales tatemados y jícama — es la sorpresa más honesta del menú: fresco, ácido, con un fondo ahumado que lo equilibra de una manera que no esperabas del chayote.

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Las “Dos Conchas” llegan en dos tiempos: ostiones con tapenade de uvas ahumadas y aceitunas, más pata de mula con mole asiático y aceite de eneldo. Por si no estás familiarizado: la pata de mula es un molusco bivalvo de concha oscura, carnoso y con sabor intenso a mar — honestamente yo tampoco la pedía seguido, pero con mole asiático tiene mucho más sentido de lo que suena. El halloumi del Estado de México sobre salmorejo de pimiento con chícharos y lentejas es sólido — la salsa es lo mejor del plato.

Y luego está el Mille Crépes a la Crème Brulée. Terminado con hoja de albahaca roja, que no es un toque pretencioso decorativo sino uno que de verdad aporta al sabor. Es el platillo que más va a quedarse en tu memoria y el que mencionamos arriba que esperamos no desaparezca del menú. Pídelo.

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Una nota honesta: las porciones son generosas en sabor pero no en tamaño. Es posible que salgas queriendo haber pedido más. Considera eso parte de la experiencia de un menú que todavía se está construyendo.

Por qué ir ahora

En algún punto Tletl va a estabilizarse — carta fija, quizás reservaciones más estructuradas, quizás hasta letrero. Por ahora es un lugar que todavía se está gestando, y esa fase, en la CDMX con toda su oferta gastronómica, es cada vez más difícil de atrapar.

Abre viernes desde las 5 pm, sábados y domingos desde las 3 pm. Reserva en tletl.mx — ahí sí te dicen dónde es.