Hoy, y sobre todo en estas últimas semanas, es imposible imaginar una victoria importante sin imágenes de Reforma llena de banderas, cláxones, playeras verdes y personas trepadas donde claramente no deberían estar. Pero ¿cómo empezó esta tradición de ir al Ángel de la Independencia? Resulta que tiene una historia mucho más interesante de lo que parece.
Todo comenzó en el Mundial de 1970
Según el historiador Carlos Calderón Cardoso, la tradición nació el 7 de junio de 1970, cuando México derrotó 4-0 a El Salvador durante el Mundial que se jugó en nuestro país.
Al terminar el partido, cientos de aficionados se reunieron alrededor del Ángel para celebrar. Había banderas, sombreros, globos, autos tocando el claxon y una energía que convirtió el monumento en una fiesta improvisada. También hubo una razón bastante práctica: muy cerca se encontraba el hotel donde se hospedaba la Selección Mexicana. Lo que comenzó como una reunión espontánea terminó convirtiéndose en una tradición que lleva más de cinco décadas repitiéndose.
La historia del Ángel también está llena de drama
Curiosamente, el monumento que hoy funciona como punto de reunión nacional estuvo lejos de tener una construcción sencilla. Las obras comenzaron en 1902, pero cuatro años después la estructura colapsó y tuvo que reconstruirse prácticamente desde cero. Finalmente fue inaugurado el 16 de septiembre de 1910 por Porfirio Díaz, como parte de las celebraciones del centenario de la Independencia.
Y hay otro dato que mucha gente desconoce: la figura dorada que todos llamamos “el Ángel” en realidad no es un ángel. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Como si eso no fuera suficiente, en 1957 un terremoto derribó la escultura original. El monumento sobrevivió, pero la figura quedó destruida y tuvo que ser reconstruida. La cabeza original aún puede verse en el Archivo Histórico de la Ciudad de México.

Cuando las celebraciones se salieron de control
Si hoy las autoridades preparan operativos especiales cada vez que juega México, es porque ya aprendieron la lección. Durante el Mundial de 1986, después de que México derrotara a Bélgica, más de 20 mil personas tomaron las calles alrededor del Ángel para celebrar. No importó que fuera día laboral ni que estuviera lloviendo.
La fiesta creció tanto que terminó provocando daños en jardines, escaleras y comercios cercanos. Para los siguientes partidos, las autoridades desplegaron miles de elementos de seguridad y restringieron el acceso al monumento. La gente fue de todas formas.
Mucho más que la Selección Mexicana
Con el paso de los años, el Ángel dejó de ser únicamente el lugar donde se celebran las victorias del Tri. En 1999 fue escenario de una de las fiestas deportivas más grandes del país cuando México ganó la Copa Confederaciones. También ha recibido a aficionados después de derrotas importantes, demostrando que a veces la celebración no tiene que ver únicamente con ganar.
Las aficiones de América, Pumas y Cruz Azul también lo adoptaron como punto de encuentro para festejar campeonatos, convirtiéndolo en una especie de estadio alterno para toda la ciudad.


Hoy otras ciudades tienen sus propias versiones, pero ninguno tiene la historia del Ángel. Porque lleva más de cincuenta años funcionando como el punto donde la Ciudad de México va a gritar, cantar, abrazarse y celebrar cuando el futbol nos regala una alegría.

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