Disco de la semana: Nevermind de Nirvana

El 21 de septiembre 1991 NME publicó su número donde se incluía la reseña de Nevermind, ésta cerraba con estas palabras: «Nevermind es el gran disco alternativo americano del otoño. Pero mejor aún, durará hasta bien entrado el año que viene».

Han pasado casi 30 años desde el lanzamiento del disco y hoy es considerado una joya del rock, el mejor disco del grunge y la puerta de entrada para los preadolescentes que descubren música alternativa más allá de sus padres.

Es difícil hablar de Nevermind de manera similar a la reseña de NME, después de todo, las nuevas generaciones han crecido con estas canciones así como lo hicieron con The Beatles, Elton John y Madonna. Nirvana es un producto cultural de primera fila que se ha vuelto más grande que su propia música, pero sin duda, regresar al disco y escuchar sus 13 tracks de inicio a fin es un acto que revaloriza a la banda en el sentido en que ellos lo querrían.

Nevermind abre con Smells Like Teen Spirit, su éxito más grande y la canción que Cobain terminó odiando, pero los acordes de entrada, su voz rasposa declamando poesía cercana a la de los beats de San Francisco, el bajo de Krist Novoselic buscando encontrar sintonía en el caos y la batería de Dave Grohl son imposibles de menospreciar en una de las canciones más icónicas en la historia del rock.

Es casi un alivio superar el mito que inmortalizó a la banda, pues nos permite descubrir que Nevermind es más que esa canción, se trata de una serie de éxitos entrelazados que desde el primer momento te llevan arriba y no te dejan bajar. In Bloom, Come As You Are y Breed continúan el disco sumando cerca de 16 minutos de perfección musical y si algo hemos aprendido en el transcurso de estas décadas es que no se trató de un momento de inspiración para la banda.

En su reseña del 20 aniversario del disco, Jeff Harvell de Pitchfork apunta que las canciones lanzadas en la versión Super Deluxe de Nevermind, podemos ver que a pesar de la romantización de Nirvana, la creencia de que eran un grupo de jóvenes tocando desde las entrañas y publicando lo primero que lograran hacer era sólo un mito.

Hay material de sobra (lo sabemos porque nos lo han vendido en más versiones inéditas de las que podemos recordar ahora) sobre las sesiones de la banda, demos donde podemos ver la evolución de las canciones que se construyen como una pieza pop y se transforman en este grito existencial característico de Nirvana.

Tal vez eso no habría sido posible sin la producción de Butch Vig, quien trabajó con ellos en el disco y después demostró que todo lo que tocaba lo hacía oro. Hoy Nevermind es una obra más grande que sí misma, por lo que es tan sobrevalorada como menospreciada, una consecuencia de ser tan grande, pero sin duda siempre vale la pena dejar todo de lado y regresar a un disco que cambio la música de manera tan notoria.