Momiji: el speakeasy gastronómico que fusiona todo lo que nos gusta

La primera vez que oí hablar de Momiji fue en un evento de S. Pellegrino Young Chef Academy, donde participó Cristina Hanhausen, una de sus chefs. Desde ahí me pareció algo muy interesante: escucharla hablar sobre cómo decidió fusionar sus raíces italianas y panameñas en su cocina me llamó muchísimo la atención. Y cuando finalmente conocí el restaurante, descubrí que no solo suena interesante, también lo es.

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Cristina Hanhausen y Raymundo Pérez

La propuesta

Momiji está a cargo de Cristina y del chef Raymundo Pérez, quien sumó todavía más sabores y técnicas con sus propias raíces mexicanas y su profundo interés y conocimiento sobre la cocina japonesa. De ahí nació un restaurante que te sorprende, y aunque eso pueda sonar cliché, aquí no hay mejor manera de describirlo.

El restaurante es un speakeasy gastronómico, y no, no es solo un título pretencioso. El espacio se encuentra dentro de la casa de Cristina, así que desde que llegas todo se siente íntimo y cozy, pero sin perder lo chic. Como me dijo ella misma, eso es exactamente lo que buscaban: que se sintiera como si te estuvieran invitando a comer a su casa.

Lo que probamos

El menú sigue toda esta lógica y está lleno de platillos y bebidas que reflejan perfectamente las raíces de ambos chefs. Nosotros empezamos con una michelada, pero hasta eso tiene su toque: está preparada con ponzu y otros detalles que le dan todo el mood oriental sin dejar de ser una michelada mexicana.

Para arrancar con la comida pedimos una ensalada de pepino y uvas con vinagreta de albahaca, fermento de cítricos y jengibre. Raymundo nos contó que está hecha con la merma de la barra, porque intentan desperdiciar lo menos posible. También lleva jitomate, pistache y grana padano. Sobra decir que es la prueba de que las ensaladas son mucho más que lechuga.

Luego llegó uno de nuestros favoritos: el Momiji Fried Chicken, un muslo de pollo frito con salsa de gochujang, furikake de pollo y tártara casera. Para cerrar las entradas probamos las Gyozas D’erbetta, que son de las mejores muestras de la fusión de cocinas que propone Momiji: rellenas de ricotta y hierbas, salteadas en mantequilla de yuzu y parmigiano.

De platos fuertes comimos los Gnocchi con láminas de pato y cremoso de gorgonzola, y la terrina de chamorro, una de los platillos más mexicanos del menú y de los más ricos. Ya estábamos llenísimos, pero obvio no nos pudimos resistir a los postres. El primero fue el chawanmushi, un flan cremoso con crema montada de cardamomo, jarabe de sake, avellana y nori. Uno de los postres más diferentes y deliciosos que he probado: se sale totalmente de lo tradicional, está en el punto perfecto de dulce y sus texturas lo hacen increíble. También probamos el tiramisú clásico, que si eres fan de este postre es un must absoluto.

¿Vale la pena?

Con tantas propuestas en CDMX es difícil encontrar una tan auténtica como esta, así que Momiji está 100% recomendado. Nos quedamos con ganas de probar todo lo que el menú tiene para ofrecer y ya nos estamos saboreando el regreso.