Moda y apropiación cultural indebida

Dicen que más allá de los hechos y los datos, la gente recuerda las historias, y México tiene una historia increíble. Una nación compuesta de muchas culturas, unidas bajo un mismo escudo, una visión y un camino en común, pero, ¿qué tan cierto es esto?

Basta con pensar en los casos de apropiación cultural indebida que se han evidenciado con el paso de los años, donde diseñadores y marcas transnacionales utilizan bordados y trajes típicos de pueblos indígenas y los usan sin pedir permiso, dar crédito y mucho menos una remuneración económica. Ante esto, la gente salta indignada, dice que se están apropiando de la cultura mexicana (NUESTRA CULTURA), pero eso también es un error, y es la prueba de que aquí aún tenemos mucho que aprender sobre nuestra verdadera historia.

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La polémica colección de Carolina Herrera que hizo que el gobierno mexicano se indignara.

La apropiación cultural es un término difícil de entender y explicar, pero podríamos interpretarlo como el uso de elementos culturales de un pueblo oprimido, por un pueblo opreso, así como lo dice la lingüista, escritora, traductora y activista mixe, Yásnaya Elena A. Gil:

la apropiación cultural indebida se enmarca en dinámicas asimétricas y prácticas coloniales; es más, la apropiación cultural misma es opresora: mientras que la cultura dominante actúa en contra de los que ejercen la cultura oprimida, al mismo tiempo toma de ésta elementos concretos para exotizarlos, extraerlos para su disfrute o, en el peor de los casos, sacar provecho económico. El plagio de elementos de otra cultura es quizás el caso más extremo de apropiación cultural, pues la opresión se traduce en explotación económica y se inserta así dentro de la lógica de explotación capitalista.

La apropiación cultural se ha encontrado sobre todo en el mundo de la moda, donde cada vez más las voces de minorías se alzan sobre el «genio» de pocos creativos (en su mayoría hombres y mujeres blancos, heterosexuales y provenientes de un país desarrollado) y exponen la falta de respeto con la que trabajan, imponiéndose sobre culturas enteras, robando y plagiando técnicas y diseños ancestrales para venderlos en boutiques o tiendas de fast fashion y además no remuneran económicamente a las comunidades de las que robaron.

En México pasa algo único, la historia ha sido (re)escrita para entablar el mito del mestizaje, donde supuestamente todos los pueblos indígenas así como la sociedad criolla después de la Colonia pasaron a convertirse en una misma nación. De acuerdo a Yásnaya Elena:

Si consideramos que en 1820 aproximadamente el 70% de la población mexicana hablaba una lengua indígena como lengua materna y que ahora somos solo cerca del 6%, podemos ver que la gran mayoría que se enuncia mestiza es población que fue desindigenizada durante los últimos doscientos años; población a la que el racismo estructural del Estado necesitaba narrar como mestiza, antes que indígena, para lo cual le arrebató lengua, elementos culturales y pertenencia para adscribirlo a una identidad más blanqueada.

De esta manera, fue el Estado el que comenzó una tarea de apropiación cultural que lleva más de dos siglos en efecto. Las consecuencias han dejado un sentimiento nacionalista que usa indiscriminadamente elementos culturales de pueblos indígenas mezclándolos, combinándolos y exportándolos sin pensar que se trata de apropiación cultural. #ViernesTradicional es una iniciativa impulsada por Impacto Textil, una de las divisiones de la ONG Impacto donde buscan darle voz a la tradición, por lo que han llegado a hacer un mapa de las prendas tradicionales y los plagios que han nacido a partir de ellas.

Sin duda se trata de un tema difícil y delicado, pero necesario para continuar un camino de reconstrucción e identidad. No somos la historia que nos contaron, somos muchas historias y es nuestro deber investigar, reflexionar y trabajar en lo que somos para crear un futuro mucho más equitativo para todos. Cierro con una última reflexión de Yásnaya Elena, quien lleva mucho más tiempo reflexionando sobre este tema:

Entonces, ¿aprender una lengua indígena es apropiación cultural indebida? ¿lo es portar un huipil si no pertenecemos al pueblo que lo elabora? Lo es cuando esa acción perpetúa los mecanismos de la apropiación cultural indebida con los que el propio Estado mexicano cimentó su proyecto de mestizaje, o cuando su acercamiento genera extractivismo cultural dejando intacta las relaciones de opresión.

Si, por el contrario, ese acercamiento parte de un cuestionamiento profundo de los privilegios y si se pone en crisis las prácticas del mestizaje construidas sobre el racismo y la colonización, las implicaciones podrían ser otras. Cada vez que nos acercamos a los elementos culturales de los pueblos indígenas podríamos comenzar a cuestionar los sistemas de opresión que hacen posible la existencia de la apropiación cultural, que en México se ocultan bajo el discurso del mestizaje y de un supuesto homenaje que termina en folclorización.

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Fuentes:

¿Un homenaje a nuestras raíces? La apropiación cultural indebida en México

El Estado mexicano como apropiador cultural