¿A qué le tienen miedo los atletas olímpicos de invierno?

Dicen que un instante puede cambiarlo todo. Un mal giro, un pestañeo, una duda al momento de iniciar el recorrido o incluso una ráfaga de aire puede marcar la diferencia entre la vida, la muerte o una lesión grave. Los Juegos Olímpicos de invierno tienen ese factor de riesgo en cada una de las competencia feroces que se viven. Pero, ¿cómo lidian con ese miedo los atletas olímpicos? ¿Solo desaparece antes de arrancar? ¿Lo controlan y eso evita que su mente y cuerpo cometan errores?

Es una realidad que los deportistas de alto rendimiento que están participando en los Juegos Olímpicos de Beijing 2022 tienen que enfrentarlo, muchos podremos pensar que están locos o que son adictos a la adrenalina, sin embargo, todos ellos tienen una cosa en común que nos sorprenderá a quienes vemos los deportes invernales: ¡Tienen miedo! En una serie de entrevistas que realizó The New York Times a diferentes competidores, la respuesta común fue esa. «Cuando vas tan rápido como nosotros. Cualquier cosa puede convertirse en una trampa para una lesión grave o, incluso, la muerte», aseguró Breezy Johnson, competidora en descenso alpino.

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El miedo es un tema personal y complicado, al preguntarle a esa decena de atletas, la respuesta de tener miedo, venía complementada con el miedo a una lesión grave o incluso la muerte. Pero, si el miedo predomina en la respuesta de estos personajes del deporte, ¿por qué siguen adelante? Dicen los expertos en el tema que, como en muchos deportes de alto riesgo, los atletas olímpicos de invierno se dividen en dos grupos: quienes ya tuvieron lesiones graves y quienes las tendrán. Suena muy crudo, pero al mismo tiempo es muy real.

Los casos tangibles están ahí, Alice Merryweather, esquiadora de velocidad estadunidense, se quedó fuera de la justa invernal debido a una fractura múltiple en la pierna izquierda mientras entrenaba en los Alpes suizos bajando a velocidades que incluso los coches en una autopista no pueden alcanzar. La rehabilitación le tomará unos meses para estar al 100 físicamente, no obstante, el proceso mental para volver a enfrentarse a esas actividades de alto riesgo. Por lo menos estará lejos de la nieve dos años.

Muchos casos han destacado durante las competencias invernales o campeonatos del mundo. Acróbatas que han perdido la vida haciendo su rutina en los medios tubos, esquidores de velocidad que pierden el control y quedan inconscientes en la fría nieve o incluso, quienes han perdido la vida como Nodar Kumaritashvili, atleta olímpico que competiría en luge (trineo) y murió previo a los Olímpicos de Vancouver 2010, es una pista que cuenta con decenas de medidas de seguridad y que al final, un instante fue lo que cambió su destino.

Y es que si lo planteamos de forma simple, los deportes invernales son de alto riesgo mientras bajas de la montaña a más de 150 km/h, haces acrobacias a más de 30 metros de altura o desciendes en una pista de hielo en un trineo que puede generar hasta 5 puntos de fuerza G y velocidades mayores a los 180 km/h y lo único que te protege es un casco y un trineo de fibra de vidrio. «Ha habido ocasiones en las que se cancela el evento y me siento aliviado totalmente. Porque tenía un miedo incontrolable y necesitaba un día más para tranquilizarme y mentalizarme. Cuando eso pasa, las probabilidades de sufrir un accidente aumentan porque tu mente está concentrada en otras cosas y no en la ejecución y ese instante lo cambia todo», asegura Erik Advirsson, esquiador alpino de velocidad.

La pregunta del millón es: ¿por qué si los atletas olímpicos tienen miedo, siguen intentándolo? Adrenalina e instinto de supervivencia, es la respuesta corta. «El miedo es básico en el instinto de supervivencia, los deportes de invierno te llevan a ese punto. Pero estos químicos están en las zonas viejas del cerebro, la amígdala y las capas más profundas del mismo. Por eso también es tan difícil de controlar el miedo. Entras en un modo de pelear o huir, en algunos caso, paraliza a la gente», asegura Michael Dammert, entrenador de snowboard en Alemania.

En conclusión, el miedo puede ser bueno, de cierta forma. Porque de alguna forma puede controlar a los atletas/personas a dar su máximo, pero también puede ser la razón por la que se salven de algo más grave. El miedo es instintivo, por eso existe en nuestros cerebros; al final, los atletas coinciden en que el miedo es balance: demasiado puede debilitar tu potencial, muy poco puede llevarte a la muerte. Al final, el miedo, es lo que los mantiene con vida.

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