Últimamente me pasa que, cuando encuentro un lugar bonito, ya no solo pienso en si se come bien. Pienso en si volvería para trabajar una mañana, para ponerme al día con una amiga, para una cita o simplemente para sentarme un rato sin hacer nada. Marne Café pasó esa prueba desde que entré.
En una esquina de la Roma Norte, el espacio tiene una calma difícil de encontrar en la ciudad. La luz natural entra por todos lados, la madera, los detalles de diseño y el ambiente hacen que quieras quedarte mucho más de lo que habías planeado. Es uno de esos cafés que funcionan para cualquier ocasión: ir solo con un libro y una buena taza de café, desayunar con la familia, reunirte con amigos o tener un date que, inevitablemente, se siente más especial en un lugar así.


¿Qué pedir en Marne Café?
Para acompañar este increíble desayuno, una copa de Prosecco resulta el complemento perfecto. Le da un toque fresco y ligero a la experiencia y convierte una mañana cualquiera en un plan que vale la pena disfrutar sin prisas.
En la mesa empezamos con el Fake Philly, una reinterpretación del clásico sándwich preparada con carne curada, pimientos rostizados y queso provolone. Cada ingrediente tiene su lugar y el resultado es un sándwich lleno de sabor, equilibrado y muy bien ejecutado. Después probamos el Crab Cake, dorado por fuera, suave por dentro y acompañado de una salsa tártara absolutamente deliciosa. Cremosa, fresca y con el punto justo de acidez, termina de elevar un platillo que por sí solo ya vale la visita.
Y si hay algo que definitivamente no pueden dejar pasar, es la galette de guayaba, jamaica y queso. Está espectacular. La masa es ligera y hojaldrada, mientras que el contraste entre la acidez de la jamaica, el dulzor de la guayaba y la cremosidad del queso logra un equilibrio perfecto. Es uno de esos panes que se quedan en la memoria mucho después de haber terminado el desayuno.


A un año de su apertura, Marne demuestra que entiende muy bien cómo hacer que una visita se convierta en una experiencia completa. No se trata únicamente de servir buenos platos, sino de crear un lugar donde dan ganas de quedarse, pedir otro café, seguir conversando y disfrutar el ritmo de la mañana. Marne es uno de esos lugares que terminas recomendando casi sin pensarlo. Porque funciona igual de bien para una mañana tranquila contigo mismo, un desayuno en familia, una reunión con amigos o un date bonito en uno de los espacios más agradables de la Roma Norte. De esos lugares a los que siempre encuentras un buen pretexto para volver.

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