En los noventa, la animación era un territorio dominado por princesas cantando, animales adorables y finales felices. Pero tres figuras poderosas del entretenimiento se unieron para romper ese molde. Así nació DreamWorks: un estudio donde los ogros podían ser héroes, los cuentos de hadas podían replantearse y el humor adulto también tenía un espacio en el cine para niños.
DreamWorks redefinió lo que una película animada podía ser: irreverente, inteligente, actual, pandas y criaturas prehistóricas dieron vida a una nueva era del cine animado. Esta es la historia de cómo nació ese universo.

Steven Spielberg, Jeffrey Katzenberg y David Geffen
Durante la década de los ochenta y principios de los noventa, Jeffrey Katzenberg fue una de las figuras más influyentes dentro de Walt Disney Studios. Como presidente del área de cine, impulsó el llamado “renacimiento de Disney”, una era dorada que incluyó títulos como La sirenita, La bella y la bestia, Aladdín y El rey león. Pero todo cambió en 1994 tras la muerte de Frank Wells, el entonces presidente de Disney. Katzenberg esperaba ser promovido al puesto, pero Michael Eisner, CEO de la compañía, se negó.
La decisión fue vista por muchos como un movimiento personal, influido por conflictos internos y la oposición de Roy E. Disney. Sintiéndose desplazado, Katzenberg renunció y, poco después, encontró en Steven Spielberg y David Geffen los aliados ideales para comenzar de nuevo. Juntos fundaron DreamWorks SKG ese mismo año, con la promesa de construir un estudio que diera prioridad a la libertad creativa, la innovación y una visión menos convencional de la industria.
Para Katzenberg, DreamWorks no era solo un proyecto empresarial: era una declaración personal. Una respuesta directa a la estructura rígida que lo había marginado y una apuesta por un nuevo modelo de narrativa animada, más audaz, actual y sin miedo a romper esquemas.
Cómo Katzenberg armó su propio “dream team”
Desde el inicio, Katzenberg sabía que para competir contra Disney no bastaba con tener grandes nombres detrás: necesitaba construir un equipo desde cero, con los mejores talentos de la industria. Usó su conocimiento interno del ecosistema de animación para atraer a artistas, guionistas y animadores que, como él, estaban en busca de mayor libertad creativa.
Muchos de los primeros fichajes provenían de Disney, pero también de estudios como Amblimation, la división animada de Amblin Entertainment (fundada por Spielberg). De hecho, gran parte del equipo que había trabajado en películas como Balto o We’re Back! se integró a DreamWorks, sentando las bases de lo que sería su primer gran proyecto animado en 2D: The Prince of Egypt. Katzenberg no solo reclutaba talento: lo convencía de que estaban construyendo algo distinto. Un estudio donde las decisiones creativas no serían dictadas desde una torre corporativa.
Antz vs. A Bug’s Life
El primer largometraje animado de DreamWorks fue Antz (1998), una historia de hormigas con la voz de Woody Allen. Estrenada semanas antes que A Bug’s Life de Pixar, la película marcó el inicio de una rivalidad entre estudios que sería tema recurrente durante años. Aunque Antz no fue un fenómeno de taquilla, dejó claro que DreamWorks tenía algo diferente que ofrecer: sátira, estética adulta y referencias culturales contemporáneas.
Ese mismo año, lanzaron The Prince of Egypt, una ambiciosa adaptación bíblica que mezclaba animación tradicional con música original. Aunque el tono era más serio, mostró la capacidad del estudio para crear cine épico.
Shrek: la primera película animada en ganar un Oscar
Pero fue en 2001 cuando DreamWorks realmente cambió las reglas del juego. Shrek, una adaptación libre de un cuento infantil casi olvidado, se convirtió en un fenómeno cultural inesperado. Con las voces de Mike Myers, Eddie Murphy y Cameron Diaz, la película rompió con todo lo que se esperaba de una historia de hadas: el príncipe era vanidoso, la princesa tenía defectos reales, y el héroe no era encantador… sino un ogro verde con mal genio acompañado de un burro carismático y un gato en botas. Muy ingeniosa y cargada de referencias pop, Shrek inauguró una nueva era en la animación y se llevó el primer Óscar a Mejor Película Animada, consolidando a DreamWorks como una fuerza creativa capaz de desafiar lo establecido.
Tras ese éxito, DreamWorks tomó una decisión estratégica: cerrar su división de animación 2D y enfocarse exclusivamente en CGI. Glendale se consolidó como el corazón creativo de esa transición, y el estudio se convirtió en pionero en el uso de nuevas herramientas digitales para construir otras franquicias.
Pandas, dragones y pingüinos: una nueva generación de clásicos
Después del éxito de Shrek, DreamWorks Animation apostó por sagas que equilibraban humor y corazón. Llegaron Madagascar (2005), Kung Fu Panda (2008) y How to Train Your Dragon (2010), todas convertidas en franquicias con múltiples secuelas, series derivadas y parques temáticos. How to Train Your Dragon, en particular, fue aclamada por su madurez narrativa y dirección artística, consolidando la reputación del estudio más allá de la comedia.
De la independencia a la adquisición por Universal
Durante muchos años, DreamWorks Animation operó de manera independiente, incluso cotizando en bolsa. Pero en 2016, fue adquirida por NBCUniversal (propiedad de Comcast) por 3.8 mil millones de dólares. La compra le dio estabilidad financiera y acceso a una plataforma global más sólida, lo que permitió el desarrollo de nuevas series animadas, productos para streaming y películas como The Bad Guys (2022) y Puss in Boots: The Last Wish (2022), esta última nominada al Óscar.
El legado DreamWorks: una animación sin miedo al ridículo
DreamWorks ha hecho de lo absurdo una virtud. Sus películas están llenas de sarcasmo, parodia, personajes defectuosos y antihéroes entrañables. No buscan enseñarte a soñar, sino invitarte a burlarte del mundo mientras lo navegas. Y esa irreverencia, tan propia del estudio, es quizás su mayor sello. Como fun fact: a la fecha, Shrek 2 (2004) sigue siendo la película más taquillera del estudio, con más de 930 millones de dólares recaudados globalmente.

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