La historia detrás de la perfecta arquitectura de la Biblioteca Vasconcelos

Si alguna vez has entrado a la Biblioteca Vasconcelos, probablemente te quedaste con la boca abierta. Esos estantes flotando en el aire como si desafiaran la gravedad, el esqueleto de ballena suspendido en medio del espacio, la luz natural entrando por todos lados, la sensación de estar dentro de una catedral moderna dedicada al conocimiento. No es una biblioteca cualquiera, y su arquitectura lo deja claro desde el primer momento.

Pero más allá de lo impresionante que se ve en fotos o cuando la visitas, la Biblioteca Vasconcelos tiene una historia arquitectónica fascinante que vale la pena conocer. Desde su concepción como respuesta a los problemas de la Ciudad de México, pasando por la visión ambiciosa del arquitecto Alberto Kalach, hasta los problemas que enfrentó después de su inauguración y el reconocimiento internacional que eventualmente recibió. Aquí te contamos todo sobre uno de los edificios más importantes del siglo XXI en México.

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El contexto: crear verde en medio del concreto

Para entender la Biblioteca Vasconcelos, primero hay que entender la filosofía detrás de su diseño. Alberto Kalach, el arquitecto mexicano que la creó, tiene una obsesión: la Ciudad de México y sus problemas. Para él, cada edificio público es una oportunidad de contrarrestar lo que la ciudad se ha convertido: uno de los entornos urbanos más grandes, contaminados y agresivos del mundo.

Kalach cree firmemente que el diseño de edificios financiados con fondos públicos siempre debe promover la expansión de espacios abiertos libres de vehículos y áreas verdes. Y la Biblioteca Vasconcelos es la manifestación perfecta de esa filosofía. Es una biblioteca integrada con un jardín botánico de 26,000 metros cuadrados. Es un intento de crear un polo de regeneración ecológica urbana en una zona densamente poblada y árida.

El concurso y la visión ganadora

En 2001, el gobierno federal presentó el programa de modernización de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas. Se propuso construir un nuevo edificio que sería la biblioteca pública más grande de México, y en abril de 2003 se destinaron tres predios ubicados a un costado de la Estación de Ferrocarriles de Buenavista para el proyecto.

En mayo de ese año se lanzó el Concurso Internacional de Arquitectura. Participaron 592 profesionales de todo el mundo. El 3 de octubre se declaró ganador al proyecto de Alberto Kalach y su equipo, conformado por Juan Palomar, Gustavo Lipkau y Tonatiuh Martínez, entre otros.

La propuesta ganadora era radical en su simplicidad conceptual pero ambiciosa en su ejecución. Kalach describió la biblioteca como “un gran barco que navega en el tiempo envuelto en un jardín siempre mismo y siempre nuevo”. También habló de ella como “la creación de un arca, portadora del conocimiento humano, inmersa en un exuberante jardín botánico”.

Pero más allá de las metáforas poéticas, lo que propuso fue algo muy concreto: una estructura de acero, hormigón y vidrio de 250 metros de largo por 30 de alto, rodeada completamente por vegetación y agua. Un edificio donde los libros no estarían en estantes tradicionales apoyados en el suelo, sino suspendidos en el aire, colgando de una estructura metálica que crearía un espacio interior completamente único.

La arquitectura: luz, estantes flotantes y una ballena

Cuando finalmente entras a la Biblioteca Vasconcelos, lo primero que ves es Mátrix Móvil, el esqueleto de ballena gris creado por el artista Gabriel Orozco que está suspendido justo en la entrada, casi rozando el suelo. Es el primer indicio de que este espacio va a desafiar tus expectativas sobre cómo debería verse una biblioteca.

El edificio central tiene tres niveles superiores y una planta baja, organizados en tres bloques de 82 metros cada uno. Pero lo que hace especial al espacio es que los estantes no están apoyados en el piso ni en paredes. Están suspendidos, colgando de tensores de acero que bajan del techo. Son como racimos de libros flotando en el aire, creando una composición visual rítmica que parece casi imposible.

Kalach y su equipo querían que vieras la estructura desnuda, el trabajo de ingeniería expuesto. No hay acabados que escondan cómo funciona el edificio. Ves los muros de concreto, los tensores de acero, la honestidad de los materiales. Es atemporal y esquemático como una ruina, pero al mismo tiempo completamente moderno.

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Los problemas y el renacimiento

La Biblioteca Vasconcelos se inauguró el 16 de mayo de 2006 con bombo y platillo. Asistieron 2,000 invitados entre políticos e intelectuales, y la prensa la llamó “megabiblioteca”. Pero la celebración duró poco.

En marzo de 2007, apenas un año después, la biblioteca cerró sus puertas. Permanecería cerrada durante 20 meses debido a problemas en las instalaciones y 36 irregularidades encontradas por la Auditoría Superior de la Federación en la construcción. Hubo filtraciones de agua en el último piso, problemas estructurales, y cuestionamientos sobre el costo total del proyecto que había superado los 954 millones de pesos originalmente presupuestados.

Durante ese tiempo, la Biblioteca Vasconcelos fue llamada “elefante blanco”, un proyecto ambicioso que había fracasado. Los críticos argumentaban que el dinero se pudo haber invertido en más bibliotecas distribuidas por todo México en lugar de centralizar tanto presupuesto en un solo edificio en la capital.

Pero después de las reparaciones y ajustes, la biblioteca reabrió y gradualmente encontró su público. Los usuarios que vienen de la zona metropolitana del norte de la ciudad (que históricamente ha tenido menos instalaciones culturales de primer nivel) la adoptaron. Se convirtió en un centro cultural activo con talleres, exposiciones, conciertos, y actividades gratuitas.

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El reconocimiento internacional

A pesar de los tropiezos iniciales, la arquitectura de la Biblioteca Vasconcelos eventualmente recibió el reconocimiento que merecía. El diario británico The Guardian la incluyó en su lista de las 10 mejores edificaciones del siglo XXI, describiendo su interior como “uno de los más emocionantes del siglo”. Otra lista reciente la colocó en el octavo lugar de las 25 mejores obras de arquitectura del siglo XXI, compitiendo con proyectos como la Tate Modern en Londres y el Museo Neues en Berlín.

Es un reconocimiento a la visión de Kalach, pero también a la idea de que la arquitectura pública puede ser ambiciosa, puede arriesgarse, puede intentar cosas que nunca se han hecho antes. No todos los experimentos arquitectónicos funcionan, y la Biblioteca Vasconcelos tuvo sus problemas, pero cuando finalmente encontró su equilibrio, demostró que valía la pena intentarlo.