6 piezas deco de Clásicos Mexicanos que nos urge tener

Si eres de los que cree que el diseño mexicano se limita a equipales y textiles de Oaxaca, Clásicos Mexicanos está aquí para cambiar completamente tu perspectiva. Esta firma fundada en 2018 se dedica a algo que suena simple pero es en realidad complejo y necesario: rescatar, fabricar y comercializar diseños icónicos de arquitectos y diseñadores mexicanos del siglo XX que se han vuelto atemporales pero que, por diferentes razones, dejaron de producirse o nunca llegaron al público masivo.

El trabajo de Clásicos Mexicanos va mucho más allá de solo reproducir muebles bonitos. Cada pieza pasa por un proceso exhaustivo de investigación histórica para asegurar autenticidad. Trabajan directamente con los archivos de los diseñadores, con sus familias, con museos, para garantizar que cada reproducción sea fiel al diseño original, a los materiales, a las técnicas de fabricación. 

La colección incluye obras de nombres fundamentales como Antonio Attolini, Roberto Eibenschutz, Armando Franco, Mathias Goeritz, Ricardo Legorreta, y Michael Van Beuren, entre otros. Son diseñadores reconocidos por sus contribuciones a la arquitectura y diseño mexicanos, pero cuyos muebles muchas veces solo existían en casas privadas o proyectos específicos. Aquí te presentamos seis piezas que nos tienen obsesionados y que necesitamos en nuestras vidas.

Muebles de Clásicos Mexicanos que nos encantan

Lámpara AAD – Antonio Attolini

Antonio Attolini diseñó esta lámpara originalmente para su propia casa, inspirándose en las proporciones y funcionamiento de los diseños de la Bauhaus pero experimentando con materiales y técnicas vernáculas mexicanas. El resultado es una pieza que es minimalista y masiva al mismo tiempo, regionalista y brutalista, modernista pero profundamente mexicana. Está hecha de cerámica de alta temperatura (stoneware) con un esmaltado gris y pantalla de tela, y es básicamente escultura funcional. Attolini colaboraba con el taller Tornavuelta de los maestros ceramistas Hugo Velásquez y Aurora Suárez para fabricar estas lámparas que requerían un dominio técnico impresionante. 

Sillón Tepoztlán – Roberto Eibenschutz

Diseñado en 1979 para la casa del propio arquitecto en Tepoztlán, Morelos, este sillón está fuertemente influenciado por las corrientes futuristas de finales de los años 50. Eibenschutz es conocido principalmente por su trabajo en urbanismo y desarrollo territorial, pero su casa familiar en Lomas de Virreyes se convirtió en un referente arquitectónico de la ciudad por ser compacta, orgánica, eficiente, y profundamente inspirada en las áreas rurales más remotas de México. El Sillón Tepoztlán refleja esa filosofía: es una pieza que se ve futurista pero está pensada para vivirse, no solo para verse. 

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Silla COFRAN S2C – Armando Franco

En 1955, Armando Franco diseñó la colección COFRAN para la recién creada Escuela de Diseño y Artesanías del INBA. Franco es conocido por ser coautor, junto con Teodoro González de León, del plan maestro de Ciudad Universitaria, pero esta colección de muebles muestra otro lado de su trabajo: su interés por un diseño modernista, modular y eficiente que incorporara el trabajo artesanal a los procesos industriales. La Silla S2C es parte de esa serie de prototipos que combinan modernismo, modularidad y producción artesanal con materiales locales. 

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Silla ECO tapizada – Mathias Goeritz

Mathias Goeritz es un nombre fundamental en el desarrollo del arte moderno en América Latina. Junto con Luis Barragán fue coautor de las Torres de Satélite, ideó La Ruta de la Amistad para las Olimpiadas del 68, y en 1953 construyó el Museo Experimental El Eco como encarnación de su manifiesto sobre “arquitectura emocional”. La Silla ECO fue diseñada como parte del mobiliario de ese museo, y es tanto escultura como mueble funcional. Esta versión tapizada y acojinada se usaba en el salón principal cuando servía de comedor. Es una pieza orgánica que entiende que los muebles pueden ser arte, y que el arte puede ser funcional. 

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Mesa Vallarta de mármol – Ricardo Legorreta

Ricardo Legorreta es probablemente el arquitecto mexicano más reconocido internacionalmente del siglo XX. Su estilo distintivo de geometría monumental, colores vibrantes, y patios íntimos definió la identidad arquitectónica de México. La línea Vallarta fue diseñada en 1972 para el Hotel Camino Real en Puerto Vallarta, y es la reinterpretación modernista de Legorreta de los muebles vernáculos mexicanos. Usó pino, palma tejida, y en el caso de esta mesa, mármol, retomando tradiciones de oficios y materiales pero con una línea completamente moderna. 

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Silla Danesa – Michael Van Beuren

Michael Van Beuren llegó a México en 1937 desde Nueva York y cambió profundamente las tendencias de diseño de muebles en el país. Prodigio de la escuela alemana de la Bauhaus, introdujo nuevos estilos mientras reinventaba el uso de materiales vernáculos mexicanos como el mecate, el tule y el tejido en telar de cintura. La Silla Danesa, diseñada en 1957 en colaboración con el diseñador británico Philip Guilmant, fue el primer gran éxito comercial de su empresa. Es una simplificación de los diseños de la escuela escandinava, pero adaptada para producción modular eficiente. Se comercializó hasta los años 70 y se convirtió en un ícono del diseño modernista mexicano.