El diablo viste a la moda 2 confirmó algo que ya sabíamos: el mundo de la moda en pantalla grande puede ser tan fascinante, oscuro y absurdo como la industria misma. Pero antes de que Miranda Priestly volviera a redefinir lo que significa el poder en una redacción, el cine ya llevaba décadas explorando ese universo: desde musicales de los 50 con Audrey Hepburn en París hasta vestidos literalmente embrujados que matan a sus dueñas. Aquí van las que vale la pena ver.
Las mejores películas sobre la industria de la moda
The First Monday in May (2016)
Un documental sobre la preparación de una de las exposiciones más visitadas en la historia del Costume Institute del Met —China: Through the Looking Glass— y la gala que la acompañó. Andrew Bolton curador y Anna Wintour como organizadora, con Rihanna, Karl Lagerfeld y Wong Kar-wai metidos en el proceso. La película plantea una pregunta que nunca responde del todo: ¿la moda es arte? No importa. El acceso que tiene la cámara al evento más cerrado del año lo convierte en algo difícil de soltar.

Phantom Thread (2017)
Paul Thomas Anderson en su primera película fuera de Estados Unidos, con Daniel Day-Lewis en lo que dijo sería su última actuación. En el Londres de los 50, Reynolds Woodcock es el diseñador más cotizado de la alta costura británica hasta que conoce a Alma, quien resulta ser más difícil de controlar que cualquier vestido que haya confeccionado. Una historia de amor retorcida que usa la moda como contexto, pero en realidad habla de poder, control y los límites que se negocian en una relación. Nominada a seis Oscars, incluyendo Mejor Película.

Funny Face (1957)
Una empleada de librería en Greenwich Village —intelectual, sin interés alguno en la moda— es descubierta por un fotógrafo de revistas y arrastrada a París para convertirse en modelo. Audrey Hepburn con vestuario de Givenchy, Fred Astaire como el fotógrafo basado en el legendario Richard Avedon, y una crítica ligera pero genuina al mundo de las publicaciones de moda. Es un musical icónico, sobre todo la secuencia de danza en un café parisino y el número de apertura “Think Pink”, que es básicamente una sátira del mundo editorial disfrazada de coreografía.

Gia (1998)
La historia real de Gia Carangi, una de las primeras supermodelos de la historia — una de las primeras figuras públicas en morir de SIDA en Estados Unidos. Angelina Jolie en una actuación que la puso en el mapa: Gia llega a Nueva York desde Filadelfia, deslumbra a la industria en segundos, cae en la adicción a las drogas y se derrumba igual de rápido. Lo que hace memorable a esta película no es solo el glamour de los 70 y los 80, es la brutalidad con la que muestra cómo una industria puede consumir a una persona sin parpadear. Jolie ganó el Globo de Oro. Faye Dunaway también.

Blow-Up (1966)
Michelangelo Antonioni en el Londres del Swinging Sixties, con un fotógrafo de moda que descubre accidentalmente lo que podría ser un asesinato en las fotos que tomó en un parque. Ganó la Palma de Oro en Cannes y fue nominada al Oscar a mejor dirección. La modelo Veruschka aparece como ella misma, Jane Birkin hace su debut en pantalla y The Yardbirds tocan en una escena que se quedó grabada en la historia del cine. Una cápsula del tiempo perfecta de una industria y una era.

The Store (1983)
Frederick Wiseman —el documentalista más importante de Estados Unidos— metió su cámara durante cuatro semanas en la tienda insignia de Neiman Marcus en Dallas, entre Acción de Gracias y Navidad. Lo que salió es una radiografía sin narración, sin juicio aparente y sin entrevistas de la maquinaria del lujo: reuniones de ventas, vendedores de abrigos de piel, clientes ricas probándose vestidos en camerinos privados, gerentes explicando que “cada respiración debe estar al servicio de la venta, pero sin que se note”. El primer documental en color de Wiseman. Incómodo, fascinante y más relevante hoy que en 1983.

La moda en el cine rara vez es solo sobre ropa. Es sobre poder, identidad, obsesión y lo que la gente está dispuesta a hacer —o a ser— para pertenecer.

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