Hace unos meses escribí una reseña de Marty Supreme en la que decía algo que me quedé pensando mucho tiempo después: que entendía perfectamente por qué era una buena película, pero que no la había disfrutado mientras la veía. Que me estresó, que se me hizo larga y que su calidad me quedó clara solo cuando terminó. A partir de ahí empecé a hacer memoria de cuántas películas me habían pasado lo mismo: películas que reconozco como muy buenas y que recomendaría, pero que no volvería a poner. Esta es esa lista.
6 películas para ver solo una vez
Marty Supreme (2024)
El punto de partida de todo esto. La película de Josh Safdie sobre el rey del ping pong amateur de Nueva York es intensa, claustrofóbica y completamente absorbente, pero no de una manera que se disfrute en el momento. Timothée Chalamet está irreconocible y entregado al máximo, y la dirección de Safdie tiene esa energía nerviosa que ya vimos en Uncut Gems llevada a un nivel todavía más extremo. Con verla una vez está perfectamente.

Sirāt (2025)
Aquí no hay mucho que agregar sin spoilear, y además no estamos seguros de que debas saber demasiado antes de verla. El director Oliver Laxe, ganador del Premio del Jurado en Cannes 2025, construyó una película sobre un padre y su hijo que viajan a Marruecos en busca de una hija desaparecida en el ambiente de las fiestas rave del desierto. Lo que empieza como una road movie familiar se convierte en algo completamente diferente y devastador. Es el tipo de película que necesitas comentar con alguien inmediatamente después de verla. Lo que sí puedo decir es que te va a hacer sentir mucho, y que probablemente no quieras volver a sentir exactamente eso.

Once Upon a Time in Hollywood (2019)
En esta nota hablamos de nuestro ranking de Tarantino y la posición lo dice todo: es buena, tiene momentos de una belleza cinematográfica enorme, y Brad Pitt se ganó el Oscar con todo merecido. Pero es larga, es lenta y está mucho más interesada en la nostalgia que en contarte algo con urgencia. Si te entregas a ella en el momento correcto, funciona. Si no, se puede sentir como un ejercicio de amor propio muy bien filmado. Una vez fue suficiente.

Roma (2018)
Alfonso Cuarón hizo algo técnicamente impecable: en blanco y negro, con actores no profesionales, rodada en 65mm, llena de planos secuencia que te recuerdan por qué el cine puede ser un arte mayor. Ganó el Oscar a Mejor Director, Mejor Fotografía y Mejor Película Internacional, y los tres premios están justificados. Pero con una basta para entender todo lo que Cuarón quiso decir y todo lo que logró. No es una película que te llame de regreso. Es una que se queda contigo sin necesitar que la repitas.

El Renacido (2015)
Otra muy bien lograda y también otra que cuesta disfrutar en el proceso. Alejandro González Iñárritu filmó algo técnicamente extraordinario en condiciones de producción brutales, con luz natural, en locaciones reales y con Leonardo DiCaprio completamente entregado a un papel que le costó el Oscar. Como Frankenstein de del Toro, es el tipo de película que se sostiene en cada cuadro pero que exige mucho del espectador a cambio. Es tediosa de una manera que parece intencional, y eso no la hace menos valiosa. Solo más difícil de volver a ver.

Frankenstein (2025)
Para que ya estén los tres amigos en la lista. La película de Guillermo del Toro protagonizada por Oscar Isaac y Jacob Elordi es una adaptación gótica de la novela de Mary Shelley que ganó tres Oscar, incluyendo Mejor Diseño de Producción, y se nota en cada cuadro: los sets construidos a mano, la fotografía de Dan Laustsen, el diseño de vestuario. Es visualmente impresionante de principio a fin. El problema, que varios críticos señalaron, es que la película es un poco larga mientras que paradójicamente también toma atajos narrativos para avanzar la trama. Jacob Elordi como la Criatura es lo mejor de la película por mucho. Con una ya.

Lo curioso de esta lista es que ninguna de estas películas recomendaría dejar de ver. Al contrario. Todas merecen verse al menos una vez, y algunas merecen más conversación de la que reciben. Pero hay algo honesto en admitir que una película puede ser muy buena y aun así no querer repetirla. No toda experiencia cinematográfica tiene que ser placentera para valer. A veces la incomodidad es exactamente el punto.

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