A lo largo de la historia, las secuelas que han logrado igualar a la primera se cuentan con los dedos de la mano: El Padrino, Volver al Futuro, Toy Story 2, Mad Max: Fury Road, The Dark Knight. El resto, suelen ser películas innecesarias que apuestan por apelar a la nostalgia pero sin darnos nada más que eso. Veinte años después, The Devil Wears Prada decidió regresar e intentar entrar en el primer grupo, pero ¿lo logró?

¿De qué va The Devil Wears Prada 2?
Dirigida por David Frankel y escrita por Aline Brosh McKenna, The Devil Wears Prada 2 retoma la historia de Andrea Sachs, ahora periodista de investigación que trabaja en el New York Vanguard. Sí, Andy logró cumplir su sueño, pero cuando es despedida debido a recortes en su empresa, el destino la lleva de regreso a Runway, la icónica revista dirigida por Miranda Priestly. Andy vuelve a ser un pez fuera del agua, aunque ahora con outfits mucho más cool, y tiene que demostrarle a Miranda que sabe lo que hace y que lo hace muy bien.
Sin embargo, Miranda no es la única villana a la que se tiene que enfrentar. Igual que todos los que nos dedicamos a escribir, Andy se enfrenta a una industria en aparente decadencia, donde cada vez se imprimen menos revistas, hay menos presupuesto para todo, solo importan los clicks, y cada vez le puedes dedicar menos tiempo a las historias que te importan.

Entonces, ¿es una secuela innecesaria?
En pocas palabras, no, no es innecesaria. Aunque tampoco se compara con la primera.
Uno de los grandes aciertos de la película —y lo que hace que tantas secuelas no estén a la altura— es ver al cast original completo, y verlos envejecer muy bien. Claro que eso pega directo en la nostalgia, pero también es genuinamente bonito ver cómo han evolucionado todos estos años que no los vimos en pantalla. Miranda sigue siendo esa mujer directa, imponente y que vive para trabajar, pero que ha logrado construir una vida fuera de eso. Andy sigue siendo la idealista que cree que el periodismo importa y puede hacer un cambio, pero ahora está más abierta a entender el mundo de Miranda. Y Nigel sigue siendo esa persona que le apasiona su trabajo, aunque ahora sabe que eso importa más que el reconocimiento.
El tono de la película también es un acierto enorme. Es chistosa, se ríe de sí misma y de cómo el mundo ha cambiado, sobre todo en lo que respecta a la corrección política y, claro, al estado actual de la industria editorial. Hay también muchísimos cameos, pero ninguno se siente forzado. Al contrario, hablan de la magnitud de lo que fue y sigue siendo esta historia.
Por todo esto, no es una secuela innecesaria. Pero tampoco logra ser tan icónica como la primera, y la razón principal es el guion. Aunque sí tiene una historia propia, sigue apelando demasiado a la primera película, dándole al público lo que quiere ver en lugar de atreverse a ser algo completamente nuevo. Si no existiera la primera, la segunda no se sostendría sola. Hay además varias lagunas en la historia que no terminan de cerrar del todo.

Dicho esto, es una película que se disfruta de principio a fin, y que —al menos en lo personal— me alegra mucho que exista. A veces no necesitas reinventar la rueda. A veces basta con volver a casa y encontrarla exactamente como la recordabas, aunque con un par de cosas distintas. Y con mejores outfits.

Debe estar conectado para enviar un comentario.