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Disco de la semana: “Espejo” de Javiera Mena

Disco de la semana: “Espejo” de Javiera Mena

Se pueden escuchar muchas canciones en las pistas de baile más cool del mundo, pero en un mundo más justo las de Javiera Mena conformarían mucha parte de esa cantidad. Con cuatro discos hasta la fecha y una carrera impecable dedicada a crear himnos que se bailan y se cantan con pasión, la chilena se ha convertido en una pieza clave para entender mucho de lo que hoy se hace en el pop de Latinoamérica.

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“Espejo”, su más reciente disco y aquel que la encuentra por primera vez en un plano completamente introspectivo, es prueba fiel de que los años no han pasado en vano y de que todo ha sido un escalón para llegar hasta aquí. Su primer esfuerzo, el icónico “Esquemas Juveniles”, vio la luz hace más de diez años (cuando los cumplió, un disco homenaje fue editado para reafirmar su legado). Y es hasta ahora, después de una cosecha de éxitos merecida, que Javiera escribe canciones para mirar hacia adentro. Una decisión que es más efectiva de lo que se pudiera pensar.

Con colaboraciones que van desde El Guincho hasta Bomba Estéreo, Javiera Mena le da vida a un disco que arranca suspiros más que pasos de baile y que invita a la reflexión más que a la locura. Como leer “The Heart Goes Last” de Atwood, “Espejo” es un disco que cuestiona al consumidor con preguntas disfrazadas de elementos digitales bien acomodados. Utiliza los sintetizadores para hacer que las emociones hablen. Y aunque pueda sonar a un desfile de romance, aquí no hay falta de diversión.

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Fiel a una tradición de perfecta arquitecta de sonidos que emulan a viejos recuerdos de baile y corazón como Mecano o Roxy Music, Javiera Mena utiliza la fiesta como artífice del autoconocimiento. Y a través de las diez canciones que conforman el disco, arroja una personalidad que termina de completar toda una labor de cercanía con la audiencia. Al terminar hay una empatía especial que invita a escucharlo de nuevo.

Al final del día no importa tanto que Javiera Mena todavía no sea la superestrella a la que está destinada a ser, porque cuando se escucha un disco como “Espejo” no hacen falta más reflectores. Es un disco que se disfruta, se baila y se goza. Puede ser en las mejores pistas de baile del mundo o en la oscuridad de una habitación. El resultado, aunque parezca lo contrario, es igual de efectivo si se hace con atención.