En el corazón de la Condesa acaba de abrir un restaurante que promete convertirse en uno de esos lugares que siempre quieres tener cerca. Se llama El Tibur, una marisquería de barrio con alma contemporánea, donde la barra de mariscos, la cocina abierta y la frescura del producto nacional son las estrellas.
Detrás del proyecto están Luis Solano y Germán Carballo, quienes logran que cada platillo se sienta natural, sin pretensiones, pero con mucha intención. Desde que llegas, se respira ese toque de lugar auténtico donde lo importante es comer bien y pasarla mejor.


Te recomendamos qué pedir en El Tibur
Llegamos con ganas de probarlo todo, porque su carta está llena de combinaciones que llaman la atención. Empezamos con el ostión preparado, con un toque de atún y agua de coco que lo hace refrescante y diferente; el bagel de salmón pastrami, que combina lo crudo y lo ahumado con un queso suave que lo equilibra; y el tachilón, una sorpresa divertida: taco en tortilla de harina con chile güero relleno de marlín, envuelto en tocino y con una costra de queso suizo. Suena loco, pero funciona (y muy bien).
Lo que verdaderamente se lleva el premio es la tostada de kampachi, con gremolata de cilantro, rábano y pepinillo, mayonesa de wasabi y un toque de caviar mujol. Esa tostada da justo en ese punto donde lo sofisticado se siente cercano. Y para cerrar, el postre de dulce de leche con plátano: simple, reconfortante y el final perfecto para una cena que se siente como debe sentirse una noche de mariscos bien hecha.


Para acompañar todo, escogimos un vino blanco portugués que resultó el maridaje ideal, fresco, con buena acidez y la elegancia suficiente para que ni el sabor del mar ni el del vino se robaran protagonismo. Y hay que decirlo: si vas con alguien o vas solo, la barra de El Tibur es un gran lugar. Ver trabajar al equipo, platicar con el bartender, observar los ingredientes tan cerca… todo suma para que la experiencia se sienta viva.
El ambiente es relajado pero con estilo. No hay pretensiones; se nota el cariño en cómo preparan cada plato, la música acompaña sin robar atención y la luz cálida envuelve el espacio con naturalidad. El Tibur tiene esa magia: es nuevo, con fuerza, pero con la cercanía de un lugar del que pronto puedes decir que ya eres cliente.
Puedes visitar El Tibur en Ámsterdam 113, Condesa, de miércoles a domingo, y descubrir por qué ya se está convirtiendo en uno de los nuevos favoritos de la ciudad.

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