Disco de la semana: «Exile on Main Street» de The Rolling Stones

¿Cuánto necesitas trabajar para crear algo perfecto? La respuesta siempre supondrá algo relativo. Hay quienes hablan de intentar algo 10 mil veces, otros que sólo apelan a nunca dejar de practicar ni aprender.

En el rock es diferente, las obras de arte se miden en discos, una canción puede ser perfecta, pero apostar a que todo un álbum tenga ese «algo» que nadie puede terminar de explicar, es el sueño de toda banda.

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The Rolling Stones es una de las bandas que es sinónimo de rock y mientras muchas bandas tienen su mejor publicación en el primero, segundo o tercer disco, a ellos les tomó 10 LP’s, un exilio por evasión de impuestos, un paseo por las peores adicciones y miles conciertos, crear el disco perfecto. Lo más irónico, durante mucho tiempo no fue bien recibido.

Exile on Main Street es el décimo disco de los Stones, después de una década grabando, tocando en vivo y viviendo al máximo, la banda tuvo que salir de Reino Unido como exiliados debido a un problema de impuestos. Se situaron en la mansión Nellcôte en el sur de Francia y trabajaron de manera relajada y hedonista en el disco.

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El disco no tiene los éxitos más grandes de la banda, pero cuenta con algunos temas que se han convertido en clásicos como Rip this Joint o Loving Cup, sin embargo, es escuchando la totalidad del disco que todo adquiere coherencia. Muchas de las canciones tomaron forma desde 1969 durante la grabación de Sticky Fingers, por lo que aunque fue grabado en la Riviera Francesa, realmente se siente la tradición del blues estadounidense.

Exile on Main Street es lo que surge cuando los músicos más talentosos de su generación sienten que han perdido todo y no tienen nada que demostrar. Durante esa época Keith Richards tomó las riendas de la banda (la mansión era su hogar, los demás eran invitados) y estuvo mucho más involucrado que Mick Jagger, además, debido a que no estaban en un estudio profesional, sino en el sótano de la masión, el disco tiene ese sonido de garage que lo hace aún más crudo.

Se trata de un disco divertido, desinteresado, que apela al placer y los buenos ratos, y aunque la historia de cada Stone es distinta y en esa época no la estaban pasando peculiarmente bien, el disco es reflejo de que incluso en los momentos más difíciles puedes hacer música que te quite todas las preocupaciones de encima.