Hay quien puede emocionarse hasta las lágrimas por un plato pequeño con presentación artística, sabores intensos y texturas delicadas; y hay quienes lo ven con recelo pensando “¿esto era todo?”. La comida gourmet o delicatessen no es un capricho nuevo ni un invento snob de esta generación. Es una forma de ver la gastronomía como un arte, como una experiencia sensorial que va más allá de comer para satisfacer el hambre. Pero también es cierto que este tipo de cocina no siempre es para todos, y que su encanto puede dividir opiniones. ¿Qué la hace tan especial, tan controversial y tan irresistible para algunos?

¿Qué es la comida gourmet o delicatessen?
Cuando hablamos de comida gourmet o delicatessen, no sólo nos referimos a platillos caros o difíciles de pronunciar. El término “gourmet” proviene del francés y hace referencia a una persona con paladar refinado, es decir, que aprecia y disfruta los sabores más complejos, las técnicas más elaboradas y los ingredientes de alta calidad. Por eso, la comida gourmet suele estar asociada a procesos meticulosos, porciones pequeñas, presentaciones impecables y una mezcla de sabores que buscan sorprender al comensal.
Las “delicatessen”, por su parte, son productos selectos, usualmente importados o de producción artesanal, que se encuentran en tiendas especializadas o menús exclusivos. Estos alimentos son valorados por su rareza, sabor intenso o forma de elaboración, y pueden ir desde embutidos curados en Europa hasta chocolates con un porcentaje específico de cacao ecuatoriano. En resumen, tanto la comida gourmet como las delicatessen tienen algo en común: están pensadas para disfrutarse con atención, para degustarse, no para comerse rápido sino para saborearse.
Algunos ejemplos que dividen opiniones
Foie gras
Uno de los íconos de la gastronomía francesa, el foie gras (literalmente “hígado graso”) se elabora a partir del hígado hipertrofiado de un pato o ganso alimentado especialmente para aumentar el tamaño de este órgano. Su textura es suave y mantecosa, con un sabor profundo que puede resultar sublime para algunos y ofensivo para otros. A pesar de su popularidad en la alta cocina, su método de producción ha sido fuertemente criticado por organizaciones defensoras de los derechos de los animales, lo que ha provocado su prohibición en algunos países y ciudades.
Caviar
Este clásico símbolo del lujo proviene de las huevas del esturión, un pez que habita principalmente en el Mar Caspio y el Mar Negro. Se sirve frío, en pequeñas porciones, usualmente acompañado de blinis, crema agria o simplemente sobre una tostada. Su sabor es salino, marino y ligeramente mantecoso. Aunque para muchos es un manjar, hay quienes no logran superar la idea de estar comiendo huevos de pescado crudos y carísimos (un kilo de caviar beluga puede costar hasta 25,000 pesos o más, dependiendo de su origen y calidad).

Paté
Otro derivado del hígado, pero mucho más popular y accesible, el paté es una pasta untable que puede elaborarse con hígado de pollo, cerdo o pato, mezclado con especias, vino, hierbas y otros ingredientes. En Francia es un aperitivo común, mientras que en México ha sido adoptado en bocadillos y canapés. Si bien su textura y sabor pueden parecer agradables, hay quienes no toleran su consistencia o el sabor fuerte de los órganos.
Trufas
No hablamos de chocolates, sino del hongo subterráneo que crece cerca de las raíces de ciertos árboles. Las trufas, blancas o negras, son uno de los ingredientes más caros del mundo, ya que su recolección es limitada y debe hacerse con la ayuda de perros entrenados (antes eran cerdos, pero se los comían). Se usan en pequeñas cantidades para aromatizar pastas, huevos, carnes y aceites. Su sabor terroso y penetrante encanta a muchos, pero también provoca rechazo entre quienes lo consideran demasiado fuerte o invasivo.

Quesos madurados
Roquefort, camembert, brie, gorgonzola… Estos quesos con moho y sabores intensos son joyas de la gastronomía francesa e italiana, pero también suelen dividir a los comensales. Hay quienes se derriten de placer ante su complejidad y quienes simplemente no pueden con su aroma. El queso azul, por ejemplo, ha sido tanto venerado como vetado en cenas familiares.
En pleno 2025, con redes sociales que convierten cualquier platillo en un objeto de deseo viral, es fácil que la comida gourmet parezca más una moda que una propuesta culinaria seria. Pero también es cierto que detrás de muchos de estos productos y platillos hay historia, técnica y creatividad.
La buena noticia es que la gastronomía se ha democratizado y hoy podemos encontrar propuestas que combinan lo mejor de ambos mundos: ingredientes de calidad, técnicas sofisticadas y precios accesibles. Restaurantes de cocina local que reinterpretan platillos clásicos con ingredientes de temporada, o tiendas gourmet que ofrecen catas, talleres y productos nacionales de altísimo nivel. La clave está en dejarse sorprender, explorar, probar y decidir por uno mismo. Al final del día, la buena comida —gourmet o no— es aquella que te hace feliz, te despierta los sentidos y te conecta con una historia.

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