Hay lugares que se ponen de moda por un rato, y hay otros que se quedan porque hacen bien las cosas. Terraza Cha Cha Chá, en el sexto piso frente al Monumento a la Revolución, es uno de esos spots que ya se ganó su lugarcito en el corazón chilango.
Pronto abrirán otra sucursal en San Ángel, y ya tienen presencia internacional con un local en Los Ángeles y uno próximo a abrir en Miami (aunque dudamos que allá tengan una vista tan épica como la de acá). Aquí te contamos qué platillos probamos.
Lo sabemos, la vista al Monumento a la Revolución es el gancho visual —y sí, lo es—, pero aquí no vienes solo a ver y tomar foto, vienes a comer y a pasarla bien.
Lo ideal es visitarlo en un día soleado, pero incluso con cielo nublado (bendita temporada de lluvias), el ambiente se mantiene vivo. Siempre hay música: tropical, funk, electrónica suave al atardecer. La terraza tiene ese encanto entre art decó y vibes retro, con música y tragos bien servidos.

¿Qué hay de los platillos? Nuestro favorito fueron los huazontles crujientes en las entradas. Capeados al punto, con queso panela y un mole casero que corona todo con un toque dulce.
Así como el guacamole nunca falla, en esta terraza, el tuétano con esquites con mantequilla de epazote para entrarle con ganas es otro favorito, tan pedido que estaban out of stock.
De la barra fría, la almeja chocolata rasurada en aguachile es una joya fresca para los que aguantan lo picante. Se sirve con pepino, cebolla morada, chiles y ese toque ácido que te despierta el paladar. Ideal para abrir el apetito con un raspado de grosella y mezcal en mano. El Timbal Cha Cha Chá (atún, mango, pepino y quinoa) es para botanear al centro con chips de plátano.
Por supuesto, en el menú no falta la constelación de tacos todo terreno: hay quesabirria, taco de lengua con cebolla encurtida y su consomé; hasta una gringa de camarón con piña rostizada que no suena tradicional pero funciona perfecto
Uno de los mejores planes es venir en grupo. Los platos más recomendados para pedir al centro: el chamorro charro con ensalada de nopales y la barbacoa con tortillas recién hechas y salsas de la casa. Todo llega bien presentado, caliente y con ese toque que mezcla cocina de fonda con técnicas contemporáneas.
¿Vegetarianos? También hay opciones. Desde el ceviche de jícama y betabel hasta los tacos de flor de calabaza con queso asado. No es un restaurante vegano, pero sí es un lugar que entiende la diversidad de paladares.
Para el cierre dulce, tienen clásicos como los churros hechos en casa con cajeta y dulce de leche; natillas, merengón con fruta fresca y otros dulces. Pero también ofrecen creaciones de temporada: no te pierdas la tarta de mamey, que hacen con crema de pixtle: el hueso del mamey que aquí tuestan y muelen para hacer una crema suave, tostada, casi de nuez.
La carta de bebidas no se queda atrás. Hay coctelería de autor donde el mezcal es rey, pero también hay espacio para el gin, el tequila y propuestas con sake o destilados mexicanos menos comunes. Pocas cosas compiten con una margarita de tamarindo pero uno de los favoritos es el “ponche tropical”, con maracuyá, jamaica y un toque de chile.
Importante: si vas de jueves a sábado por la noche, el ambiente se vuelve más animado, así que si lo tuyo es cenar con calma, mejor reserva más temprano.

Debe estar conectado para enviar un comentario.