Hay días en que no tienes nada planeado para comer, el refri está casi vacío y lo único que sabes es que quieres algo rico, caliente y que no te tome una hora. Ahí es donde el espagueti entra a salvar la situación. Porque la pasta no necesita ingredientes sofisticados para quedar bien: necesita técnica, paciencia y saber qué tienes en casa. Estas cuatro salsas están hechas exactamente con eso: cosas que casi siempre tienes en tu despensa.
4 recetas de espagueti
Aglio e olio
Necesitas: ajo, aceite de oliva, hojuelas de chile y perejil. Eso es todo.
El truco está en no quemar el ajo. Ponlo en aceite a fuego bajo y déjalo dorarse lentamente hasta que suelte todo su sabor, después agrega el chile y cocina 30 segundos más. Antes de escurrir la pasta, reserva una taza del agua de cocción: eso es lo que transforma el aceite con ajo en una salsa que se adhiere a cada hebra de pasta. Mezcla todo, agrega el perejil, y listo.
Pomodoro
Necesitas: jitomates de lata (o jitomates frescos maduros), ajo, aceite de oliva, albahaca seca o fresca, sal y azúcar (una pizca para equilibrar la acidez).
Sofríe el ajo sin dorarlo, agrega los jitomates y déjalos cocinar a fuego bajo unos 18-20 minutos hasta que la salsa espese y pierda acidez. Luego agrega la albahaca, la sal y el azúcar. Lo más importante: no escurras la pasta y la pongas encima de la salsa. Agrega la pasta directamente a la sartén con un poco del agua de cocción y déjala terminar ahí dos minutos. Esos dos minutos son los que hacen que la pasta sepa a pasta italiana y no a pasta cualquiera.
Mantequilla con ajo y limón
Necesitas: mantequilla, ajo, limón. Opcional pero altamente recomendado: alcaparras o anchoas.
Derrite la mantequilla, sofríe el ajo, agrega las anchoas si tienes, exprime el limón, agrega la ralladura y listo. Es el tipo de salsa que haces una vez y repites el resto de tu vida, especialmente en esos días en que el refri prácticamente te mira vacío.
Arrabiata
Necesitas: jitomates de lata, ajo, chile seco y aceite de oliva.
Es básicamente una pomodoro con actitud. La diferencia está en el primer paso: antes de agregar el jitomate, deja que el chile se infusione en el aceite con el ajo hasta que todo el aceite tome color y aroma. Eso es lo que le da ese picor que se siente desde el fondo. Cocina la salsa igual que la pomodoro, ajusta la cantidad de chile a tu tolerancia y sirve sin queso encima, como manda la tradición italiana. Aunque nadie te juzga si lo pones.
Un par de tips que aplican para todas:
Nunca tires el agua de cocción de la pasta. Ese líquido con almidón es lo que transforma cualquiera de estas salsas de buena a muy buena, porque ayuda a que todo emulsione y la pasta quede bien cubierta.
Y si puedes, siempre termina de cocinar la pasta dentro de la salsa, no antes. Esos últimos dos minutos en la sartén son los que hacen que la pasta absorba el sabor en lugar de solo cargarlo encima.





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