Lotti no era ningún secreto. Desde su apertura hace seis meses, el restaurante del chef suizo Luc Liebster en Colima 235 acumuló recomendaciones, listas y ese tipo de comentarios que te hacen llegar con las expectativas muy arriba. Los desayunos — que arrancaron este fin de semana y que Luc siempre tuvo contemplados como la pieza que completaba la propuesta — las confirman todas.
Eso sí, hay que llegar sabiendo a qué se viene: Lotti desayuna europeo. Porciones chicas, ingredientes de verdad, sin prisa. El rösti suizo llega con huevo pochado y salsa holandesa — piensen en un huevo benedictino con guiño helvético — y el “Desayuno completo” consiste en huevo tierno, jamón, queso brie, mermelada y pan, como si te sentaras en una mesa en Zürich pero con mejor luz. El croissant con ensalada de huevo y cebollín es delicioso y también es pequeño. Eso hay que asumirlo antes de llegar.
También probamos el tartar de trucha ahumada con aguacate, rábano y tostadas de masa madre, que suena como decisión extraña para un desayuno hasta que lo pruebas. Lo hacen gravlax y tiene todo el sentido. Háznos caso: pídelo.


Pero lo que se roba la mesa son los postres de desayuno. En The Happening tenemos un vicio: siempre andamos en busca del mejor X de la ciudad. Con el french toast de Lotti, la persona sentada enfrente de mí lo resolvió antes que yo: “pues ya lo encontramos, el mejor pan francés de la ciudad“. Y tiene razón.
Brioche servido con crema de mascarpone e higos, sobre una reducción de ciruela que lo eleva a otra conversación completamente. Las crêpes a la orange también están deliciosas, con esa crema batida espesa que en alemán se llama Schlagsahne porque literalmente hay que aventarla para que se despegue de la cuchara. Pero si tienes que elegir, el french toast no admite debate.

Hablé con Luc después del desayuno. Me contó de su Oma (abuela) — Lotti, la abuela que da nombre al restaurante — y de su Apfelstrudel: pasta delgada, mucha manzana, poca masa, esa es la regla, y Schlagsahne al lado. Cuando va a Zürich su mamá todavía se lo hace y la receta original de la Oma ya tiene su lugar en el menú de las noches.
Me contó también de Kindli, su restaurante favorito en Zürich… clásico, no moderno, de esos que no necesitan reinventarse porque la comida simplemente es increíble y de su amor por la cocina old school francesa, esa que no le tiene miedo a la mantequilla ni a la masa porque el único criterio es que sea rico. Hay algo en la cocina de Luc: un ADN muy específico que mezcla técnica clásica europea con producto local sin que ninguno de los dos pierda.


Luc es más de café que de bar, su favorito es de Cardinal Casa de Café, de donde también compran el café para el restaurante y eso se nota en la carta de bebidas. El matcha, no tiene azúcar añadida y es de ese color jade que da paz, lo cual se agradece más de lo que parece. Y si le preguntas a mi vecina de la mesa de al lado, que pidió el chai latte tres veces seguidas (true story), esa también es una apuesta segura.
El espacio es exactamente lo que necesita ser: paredes blancas, detalles de mosaico que recuerdan la cocina de una abuela, barra, terraza en esquina en una casona porfiriana de 1915. Si el clima de este CDMX de junio coopera — y eso nunca está garantizado — la terraza es la mejor opción. El equipo de hospitalidad se merece sus propios aplausos.
Eso sí: no es un desayuno post-cardio. Es un plan tranquilo, un poco elegante, de croissantcito y copa de champán si se da. El people watching en la banqueta de Colima hace el resto.
Lotti desayuna de lunes a domingo, de 8 a 12. Colima 235, Roma Norte.

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