Pocos lugares en el mundo reúnen tanta historia, arte y elegancia como Villa Mabrouka. La villa donde el diseñador francés, Yves Saint Laurent, y su pareja, Pierre Bergé, pasaban los veranos reabre sus puertas como un hotel boutique con diseño y vistas privilegiadas al Estrecho de Gibraltar.
Esta propiedad ubicada sobre los acantilados de Tánger fue restaurada a fondo por el diseñador británico Jasper Conran. Hoy cuenta con solo 12 habitaciones, jardines en terrazas que descienden hacia el mar, una alberca enmarcada por bugambilias y una estética que fusiona lo mejor del diseño marroquí con el refinamiento europeo.

Todo sobre Villa Mabrouka
Originalmente construida en los años 40 como una villa privada de estilo art déco con influencias moriscas, la casa fue adquirida por Yves Saint Laurent y Pierre Bergé en 1990, dándole un sello muy personal: mosaicos verdes, textiles franceses, muros blancos encalados y mobiliario ecléctico de mercados locales.
Conran, quien también está detrás de L’Hôtel Marrakech, asumió el reto de reinterpretar el lugar sin traicionar su esencia. Mantuvo los colores dominantes —verde, blanco, azul añil—, restauró los pisos originales y apostó por una decoración sobria que deja hablar a la luz, al mar y a los detalles artesanales.
Habitaciones únicas con vistas al Estrecho
Las 12 habitaciones de Villa Mabrouka están distribuidas entre la casa principal y un anexo conocido como The Pavilion. Cada una es distinta y tiene nombre propio. Algunas miran al Mediterráneo, otras al jardín, mientras que el diseño de interiores cuenta con textiles de lino lavado, muebles de época y baños hechos con mármol marroquí, los cuales componen una atmósfera que va de lo nostálgico a lo contemporáneo. La habitación más solicitada: The Sea View Room, que ofrece una vista panorámica del Estrecho de Gibraltar y acceso directo a la terraza.
Gastronomía local con un toque británico
El restaurante del hotel, exclusivo para huéspedes, está a cargo del propio Jasper Conran, quien también diseñó el menú. Aquí se sirve cocina marroquí de temporada con técnicas europeas: ensaladas de hinojo y naranja, cuscús con cordero de cocción lenta, tartas rústicas y postres caseros como el clásico lemon posset y profiteroles con chocolate. Todo se acompaña con una carta breve pero bien curada de vinos marroquíes y franceses.
Se puede desayunar bajo los limoneros, almorzar junto a la alberca y cenar en la terraza con vista al mar, bajo faroles de hierro forjado.
Jardines, terrazas y otras amenidades
La villa conserva sus jardines originales diseñados por el paisajista Madison Cox (quien también intervino el Jardin Majorelle en Marrakech). Palmeras datileras, ficus, bugambilias y helechos en las terrazas, los caminos de grava y los rincones para leer, escribir o simplemente contemplar el mar. Hay también una alberca rodeada por camastros de lino blanco y una pequeña biblioteca para huéspedes.
Puedes reservar directo en su página web.

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