Antes que nada, tengo que decir que soy de Puebla. Entonces, si de algo sé, es de moles. Tal vez no es tan controversial como los Chiles en Nogada, pero tiene un lugar igual de importante en mi corazón. Por eso, cuando me llegó la invitación al Festival de los Moles de Hacienda de los Morales, estaba emocionada. Aquí te cuento mi experiencia y por qué tienes que ir.
Lo que probé
Empezamos con una mini chilapa de pollo con mole amarillo y fue, sin duda, mi favorita de la tarde. Lo que más me gustó es que no es tan pesado como otros moles, tiene ese balance perfecto entre sabor intenso sin dejarte con la sensación de que ya no puedes más. El mole amarillo de Oaxaca tiene esa cosa aromática y dorada que combina perfecto con el pollo y la textura de la chilapa.
Luego probé arroz con granos de elote cubierto con mole de tamarindo, y aquí pasó algo interesante: probar el mole sin ninguna proteína te permite apreciar su sabor de una manera completamente distinta. El tamarindo le da ese toque agridulce que no esperas, y el arroz funciona como lienzo perfecto para que el mole brille solo. Es una creación original de Hacienda y se nota el trabajo detrás.
Después vino el dúo de moles de los Morales, y aquí me voló la cabeza lo diferente que sabe el mole según la proteína que lo acompañe. Un mole de guayaba sobre medallón de res y, el otro, mole verde sobre cerdo corte tampiqueña. Mi favorito fue el mole verde, pero sin duda me gustó más el medallón que la tampiqueña: estaba jugoso y en su punto.
Y hablando de eso, tienen varias opciones de proteínas como pulpo y pescado que tradicionalmente no lo relacionas con el mole pero se ven increíbles. Esta vez no tuve la oportunidad de probarlas, pero sin duda es mi excusa para regresar.


Lo que necesitas saber del Festival de los Moles
El festival está disponible hasta 15 de febrero en Hacienda de los Morales, y la dinámica es simple pero deliciosa: primero eliges tu proteína (pato, pulpo, res, pollo, entre otras), y luego escoges entre ocho variedades de mole. Hay clásicos como el mole poblano hecho 100% en casa, el mole negro de Oaxaca, y el pipián verde tradicional. Pero también están las creaciones originales de la Hacienda como el mole de guayaba y el de tamarindo que mencioné.
Lo que hace especial este festival es que no solo estás probando moles, estás explorando cómo una misma tradición culinaria se puede expresar de formas completamente distintas sin perder su esencia. Además, la Hacienda de los Morales en sí ya es una experiencia: la arquitectura, el servicio, el ambiente. Todo está pensado para que te sientas en un lugar especial.


Como poblana, puedo decir que este festival vale la pena. No solo para los que ya aman el mole, sino especialmente para los que creen que “el mole no es lo suyo” porque probablemente no han probado el correcto. Hacienda de los Morales está demostrando que el mole es una salsa viva, capaz de reinventarse sin traicionar su historia.
Si vas, prueba el mole amarillo. Y guarda espacio para postre porque tienen un pastel mil hojas de mole con frambuesa que suena completamente loco pero funciona perfecto. Confía en mí.

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