Tonchin celebra su primer año en CDMX con nuevos platillos y una historia que sigue creciendo

No siempre es fácil encontrar un restaurante al que quieras regresar incluso antes de terminar la comida. En Tonchin me pasó exactamente eso. Fui por el ramen, pero terminé descubriendo una propuesta mucho más amplia, una donde cada detalle, desde la comida hasta el ambiente, está pensado para hacer que la experiencia se quede contigo mucho después del último bocado.

Ese mismo espíritu de evolución es el que hoy celebra su primer aniversario en Ciudad de México. Después de un año de consolidarse como uno de los destinos favoritos para los amantes del ramen, Tonchin festeja con cuatro nuevos platillos y una noticia que confirma el buen momento que vive la marca: la apertura de una segunda sucursal en la colonia Nápoles, prevista para finales de 2026.

Pero la historia de Tonchin comenzó mucho antes de llegar a México. En 1992, en Tokio, los hermanos Katsuhiro y Motohiro Sugeno dejaron atrás todo lo que conocían para abrir una pequeña casa de ramen. Compartían una obsesión por un platillo que nunca deja de evolucionar y una visión muy clara: crear un lugar donde la calidad fuera irrenunciable y donde cada bowl reuniera a una comunidad de personas alrededor de una buena comida. Más de tres décadas después, esa filosofía ha llevado a Tonchin a ciudades como Nueva York, Los Ángeles y Ciudad de México, manteniendo intacta la idea con la que todo comenzó.

El protagonista de esta celebración es el Original Tsukemen, uno de los platillos más representativos de Tonchin a nivel internacional y que por fin llega a la sucursal de Reforma. A diferencia del ramen tradicional, aquí los fideos se sirven por separado de un caldo concentrado para que cada bocado se sumerja antes de comerse. Los noodles, elaborados diariamente en casa, conservan una textura firme que contrasta con un caldo profundo y lleno de umami, acompañado de cerdo chashu, huevo, menma, nori, cebollín, limón y ajonjolí. Es una forma completamente distinta de disfrutar el ramen y una experiencia que vale la pena probar al menos una vez.

La celebración también trae tres nuevas incorporaciones al menú. Los Kinoko Buns son suaves panes al vapor rellenos de hongos a la parrilla y salsa sukiyaki; los Fried Fish Buns combinan bacalao negro crujiente con notas cítricas y un ligero toque picante; mientras que los Kimchi Mushrooms ofrecen una mezcla de hongos con kimchi que equilibra perfectamente el umami, la acidez y el picor. Y, sorprendentemente, fueron justamente los Kimchi Mushrooms los que terminaron convirtiéndose en mis favoritos de toda la comida. No esperaba que un plato de hongos se robara el protagonismo, pero su profundidad de sabor y el contraste de texturas hacen que sea imposible dejar de comerlos.

Esa misma filosofía también se siente en el espacio. Con una estética contemporánea, iluminación cálida y una energía que logra ser vibrante sin perder la calma, Tonchin tiene una de esas atmósferas que hacen que quieras quedarte un rato más. Es el tipo de restaurante que funciona igual de bien para una comida casual que para una ocasión especial.

A un año de su llegada a Ciudad de México, Tonchin demuestra que sigue creciendo sin perder de vista aquello que lo hizo destacar desde el principio: la búsqueda constante por hacer las cosas bien. Con nuevos platillos, una segunda sede en camino y una propuesta que continúa evolucionando, todo indica que esta historia apenas comienza.