A veces se me olvida que el cine es una experiencia sensorial. Luego, veo películas como Sirat y recuerdo el poder que tiene la yuxtaposición de imágenes y sonido. Y es que lo que logra Oliver Laxe en esta cinta es algo que no había experimentado en mucho tiempo: la sensación de que la película se sale de la pantalla y llega a mi asiento. No, no puedo decir que la pasé bien (spoiler: me dio un ataque de pánico), pero definitivamente me recordó de lo que es capaz el cine cuando se juega con todos sus elementos.

¿De qué se trata Sirat?
Honestamente, esto es lo de menos. Cuando mis amigos me hablaron de la película, me recomendaron ir a verla con el menor contexto posible. Y ahora entiendo porqué. La historia que se narra en Sirat, la de un padre y un hijo buscando en un rave a su hija/hermana desaparecida, es solo la excusa del director para hablarnos, y sobre todo, hacernos sentir sus reflexiones sobre temas mucho más profundos: la muerte, la desesperanza, nuestra propia humanidad. Por eso, yo también recomiendo investigar lo menos posible. Aunque eso sí, también recomiendo ir preparado para experimentar sensaciones nada agradables.
Si te gustan las emociones fuertes, tienes que verla
Sirat no es una película cómoda en ningún sentido. Tampoco es una película que le recomendaría a cualquiera. En una entrevista, el director comparte que su intención al hacerla fue que el espectador experimentara su propia muerte, y no me cabe duda de ello. En lo personal, este filme triggereó algo muy puntual en mí, el vértigo. Por varios minutos, estuve a punto de salirme de la sala. Ahora, agradezco no haberlo hecho. Y es que obvio la pasé mal. Pero salí de ahí completamente impresionada de que una película pudiera hacer eso, de que el cine todavía tuviera ese poder sobre mí.

Si aun sabiendo todo esto quieres ir a verla, hazlo. Parece casi magia lo mucho que te hace sentir la película, y eso me voló la cabeza. Es difícil explicar cómo una combinación de imágenes, sonido y silencio puede meterse tan adentro de ti, pero Laxe lo logra. Y si vas a verla, por favor, hazlo en el cine. Esta es una película 100% hecha para la pantalla grande. Ese sonido envolvente, esas imágenes hipnóticas y opresivas, la forma en que el espacio físico de la sala se convierte en parte de la experiencia: todo eso vale la pena experimentarlo de la manera más inmersiva posible. Ver Sirat es bajo tu propio riesgo, pero es una de esas cosas para las que no alcanzan las palabras. Tienes que experimentarlo para entender.

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