Me gusta mucho el concepto de staycation. Las veces que lo he hecho puedo confirmar que aunque estés en la misma ciudad en donde vives, realmente se siente como una mini vacación en donde te desconectas del día a día y conoces nuevas zonas de la CDMX. Es ese reset que necesitas sin tener que subirte a un avión, hacer maletas gigantes, o gastar en vuelos. Solo agarras lo esencial, te vas a otro lado de la ciudad, y de repente ya estás en modo descanso total.
Hace poco tuve la oportunidad de quedarme en Pug Seal Anatole France, y desde que llegamos se sintió la mejor atención. Sabes que realmente vas a descansar y a no preocuparte por nada. Pug Seal nació hace diez años de una necesidad muy real: sus fundadores, José Manuel Quintana y Sergio Celis, viajeros frecuentes, se cansaron de no encontrar un lugar donde hospedarse bien. No “bien” en el sentido del lujo ostentoso con mayordomos disfrazados y minibares carísimos, sino bien en el sentido más auténtico: con alma, atención genuina y buen gusto. Como en casa, o más bien, como en la casa que uno desearía tener.
Hoy, diez años después, Pug Seal tiene tres propiedades (Allan Poe y Anatole France en Polanco, y Pug Seal Oaxaca en el centro colonial), y las tres tienen Llave MICHELIN. Sí, las tres. Son la única colección hotelera mexicana con el 100% de sus propiedades reconocidas en la Guía MICHELIN 2025, lo que no es poca cosa.


Un hotel que se siente como casa (pero mucho más cool)
Todo el hotel está decorado increíble. No hay espacio a donde voltees y que no te llame la atención. Anatole France está ubicado en una mansión de los años 40 en el corazón de Polanco, y rinde homenaje a las familias europeas que llegaron a México a mediados del siglo XX y contribuyeron al legado del país. Cada una de las 26 habitaciones lleva el nombre de una familia migrante pionera. En los pisos inferiores, las habitaciones conservan nombre y apellido; en los superiores, solo el nombre, una metáfora de cómo el tiempo diluye las historias individuales en una identidad colectiva.
Hay una escalera antigua de servicio que se llama la Escalera de la Humildad, que ahora es una pieza escultórica que rinde tributo a la perseverancia y al trabajo silencioso con el que se construyeron nuevas vidas en México.
Incluso en el cuarto, sientes que cada detalle fue escogido con mucha atención. No es decoración por decoración: cada pieza tiene un propósito, una historia, una razón de estar ahí.


Áreas comunes que invitan a quedarte
Llegamos un viernes y nos encantó que tiene muchas áreas comunes que se sienten acogedoras, como si estuvieras en una casa muy cool. Cero se siente frío como otros hoteles donde estos espacios son solo de paso. Aquí realmente quieres quedarte. Pudimos trabajar muy a gusto mientras nos echábamos un cafecito (tienen estaciones de té y café disponibles las 24 horas, más snacks, frutas y bebidas). En el hotel hay jardín, terraza, lounge room, comedor, y meeting rooms por si necesitas espacio privado para trabajar o tienes reuniones.
La vibra es relajada pero sofisticada. Hay WiFi de alta velocidad, productos de higiene eco-friendly, minibar en la habitación, servicio de concierge personal, y hasta bicicletas si quieres recorrer Polanco de forma diferente.
Ubicación perfecta para salir a cenar
En la noche salimos a cenar a un restaurante cercano, porque eso también está increíble del hotel: está ubicado en el corazón de Polanco, con muchísimos restaurantes a donde ir caminando. Literalmente puedes elegir entre decenas de opciones sin necesidad de subirte al coche o pedir Uber. Cenamos, caminamos de regreso, y la sensación de llegar a un lugar donde sabes que vas a dormir delicioso es impagable.


Desayuno que vale completamente la pena
Al siguiente día, después de dormir increíble, desayunamos. El continental ya está incluido en tu estadía (huevos, fruta, pan dulce, café, jugos), pero si quieres una opción un poco más gourmet, puedes pagar $300 pesos extra y tienes muchísimas opciones. Nosotros pedimos chilaquiles y un bagel con salmón deliciosos, que están igual de buenos que cualquier lugar de desayunos en la CDMX pero sin salir de donde estás quedando. Es ese tipo de lujo que agradeces: no tener que arreglarte, salir, buscar dónde desayunar y esperar mesa. Solo bajas y ya.
La terraza perfecta para no hacer nada
Antes de irnos, leímos un rato en su patio, que es perfecto para descansar mientras te tomas algo. Está lleno de plantas, está bien cuidado, y es el tipo de espacio donde puedes pasar horas sin darte cuenta. Ya sea que quieras trabajar en tu laptop, leer un libro, o simplemente dejar pasar el tiempo, estar un rato en su patio es un must.
Bonus: no sé si es porque yo me fijo mucho en eso, pero todo el hotel huele delicioso. Es de esos detalles que no son obvios hasta que los notas, y una vez que lo haces, cambia completamente tu percepción del lugar.


Pug Seal Anatole France es un lugar al que regresas. No solo porque está bien ubicado o porque las habitaciones son bonitas, sino porque realmente se siente como un lugar donde alguien pensó en cada detalle para que tu experiencia sea buena. Desde la atención del equipo, hasta el diseño, la comida, los espacios, y sí, hasta cómo huele el lugar. Si estás buscando una staycation en la CDMX que realmente se sienta como descanso, este es el lugar. Reserva un fin de semana, llega sin planes, y déjate estar. Eso es lo que Pug Seal sabe hacer mejor que ninguno.

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