El problema de Ticketmaster no es aislado y nadie sabe cómo solucionarlo

El cierre de la World Hottest Tour de Bad Bunny será histórica por muchas cosas, lamentablemente una de ellas es el fiasco que ocurrió en las puertas de entrada por la cancelación de boletos y el impedimento para que cientos (o miles) de fans que tras comprar su boleto de manera legítima no pudieron acceder al concierto.

Se hablará mucho de por qué el concierto fue tan importante por cuestiones positivas y cómo Bad Bunny continuará transformando la industria de la música, lamentablemente, el problema inmediato es el que se debe cubrir y este es que a punto de entrar a 2023, parece más difícil que nunca acceder a un concierto de manera segura. La gente está enojada y no es para menos.

Tras el regreso de los conciertos en una sociedad post-Covid, los precios incrementaron considerablemente, basta con una pequeña comparativa. En 2019 el precio de los boletos para el abono del Corona Capital era de $1599 pesos, mientras que en 2022 iniciaron con un precio de $3900 pesos. Incluso pensando que la última edición fue de tres días, el incremento es considerable.

Cada vez es más difícil conseguir un boleto para los conciertos más importantes. Ticketmaster ha implementado sistemas que supuestamente evitan que los revendedores usen bots para conseguir más boletos, pero los esfuerzos parecen inútiles. Ticketmaster ha sido multado y está bajo investigación por la PROFECO, pero parece ser la misma historia de siempre: una multa, la promesa de mejorar y listo.

De hecho, esto no es un caso aislado, en Estados Unidos la empresa también está siendo demandada por miles de personas después de que la venta de boletos para la nueva gira de Taylor Swift se convirtiera en un martirio donde la gente debía pagar miles de dólares si era seleccionada para comprar boletos. Esto ha perdido credibilidad en la empresa y en los artistas, quienes aceptan los términos y fijan el precio de sus boletos. Así es como los tickets para ver a Bruce Springsteen han alcanzado los 5 mil dólares como precio oficial.

Todo esto, Ticketmaster lo hace para evitar la reventa de boletos y aunque es imposible frenarla por completo, no es algo que esté funcionando pues aparentemente siguen siendo esas personas quienes amasan gran cantidad de boletos, razón por la que durante la primera noche de Bad Bunny la zona de playa se veía particularmente vacía.

En Estados Unidos, la reventa es legal y eso no ha permitido que las cosas cambien. Páginas como Stubhub, dedicadas a la reventa de boletos legales, han puesto la práctica como algo estándar y así es como boletos para la residencia de Adele en Las Vegas, uno de los eventos más esperados de los últimos años, alcanzaron un precio de 41 mil dólares.

Ticketmaster dice que ha actuado con responsabilidad y en pro del usuario, pero últimamente la gente ya no acepta esa respuesta y exige que las cosas cambien. Estamos en una época donde la industria musical precariza el trabajo de la mayoría y sólo pocos tienen los recursos para salir de gira, pero donde el acceso a esos eventos ha sido «secuestrado» por un sistema que no es claro y que parece tener el poder para dejarte afuera sin importar que hayas pasado todos los filtros y hayas pagado tu boleto.