Esquiar es una experiencia increíble, pero, si nunca lo has hecho, puede parecer bastante intimidante. ¿Ya estoy muy grande? ¿Qué equipo necesito? ¿Qué tan difícil es? Yo tuve todas estas preguntas, pero, por fortuna, existen lugares como Winter Park, en donde las respuestas vienen fácil y lo único que queda es disfrutar.


Datos clave que tienes que saber sobre Winter Park
Está muy cerca de Denver y hay muchas maneras de llegar
Winter Park está a tan solo 106 kilómetros de Denver, dentro del Bosque Nacional Arapaho, y eso ya es una buena noticia porque significa que el viaje no es nada largo. Nosotros nos fuimos en un shuttle y nos hicimos como una hora y media que, con los paisajes nevados tan bonitos, se sintieron como quince minutos. Además, existe un tren de temporada llamado Winter Park Express, resultado de una colaboración entre Amtrak y Winter Park Resort, que sale directo desde Denver Union Station hasta las faldas de la montaña. Los boletos están disponibles desde 9 dólares y es otra manera muy mágica de llegar a la montaña.
Hay muchas opciones para alojarte
Una de las cosas que más nos sorprendió fue hospedarnos en la base de la montaña, donde puedes elegir entre el Zephyr Mountain Lodge, Fraser Crossing Founders Pointe, Parry Peak Lofts y The Vintage Hotel. Prácticamente todos son ski in ski out, lo que significa que bajas de tu cuarto y ya estás en las pistas. Pero lo mejor es que, aunque tienen todas las comodidades de un hotel, las habitaciones parecen pequeñas cabañas donde lo único que se antoja es prepararse un chocolate caliente y quedarse junto a la chimenea. Mi cuarto en particular daba directo a una pista de ski, así que desde temprano te metías en el mood viendo a los esquiadores pasar por tu ventana.
Pero como dice el subtítulo, hay muchas opciones para alojarte: condominios, cabañas, cadenas de hoteles, Airbnbs. Todo depende de qué sea lo que busques. En este link puedes checar cientos de opciones.
Tienen lecciones de ski para todos los niveles, principalmente para principiantes
Winter Park tiene una escuela de ski y snowboard para todos los niveles, con instructores que empiezan desde lo más básico: cómo ponerte los esquís, cómo bajarte del lift, cómo levantarte cuando te caes, y, cuando ya te sientes con más confianza, hasta cómo hacer pequeños trucos.
Los nuestros fueron increíbles y también nos explicaron algo que hace muy especial a esta montaña: la dificultad de las pistas sube poco a poco, lo que significa que siempre encuentras una en la que te sientes cómodo sin aburrirte. Además, ver que personas de todas las edades están aprendiendo a tu alrededor te da una confianza enorme. Nadie te juzga, todos están en lo suyo.


Ir a Winter Park puede ser mucho más que esquiar
Sí, esquiar es adrenalina pura y es de esas cosas que quieres repetir todos los días. Pero una de las partes que más disfruté del viaje fue todo lo que pasa alrededor de la esquiada. Ponerte ropa calientita, ir a desayunar a alguno de los restaurantes en la base de la montaña, (nosotros les recomendamos el Coffee and Tea Market) y contagiarte de la emoción de todos los que se están preparando para salir a las pistas. Después, cuando ya estás cansadísimo, bajar a los hot tubs, relajarte y prepararte para ir a cenar.
En el pueblo y en los alrededores hay muchas opciones, pero un must es A-Frame Club, que tiene un bar muy cool y comida reconfortante como fondue y pasta, ideal para cerrar el día. También tuvimos la oportunidad de ir al mountaintop après ski, donde toda la gente se reúne en la cima de la montaña para tomarse algo, escuchar música en vivo y ver el atardecer desde arriba. No se me ocurre un mejor plan.
Y como si todo eso no fuera suficiente, el último día nevó. Todo se veía mágico y aprovechamos para hacer snow tubing, una actividad divertidísima y perfecta si vas con niños.


Winter Park es de esos destinos que se sienten auténticos, relajados y llenos de gente que de verdad ama la nieve. Cien por ciento regresaría, y seguro tú también querrás.

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