La experiencia de hospedarme en un hotel y sentir calma desde el primer momento era algo que no había vivido hasta que conocí Naboa. Desde que llegué hubo una sensación de tranquilidad, la naturaleza te envuelve, la luz del sol entra de una forma lindísima y aun sin haber hecho check-in, ya quería recorrer cada rincón.
Me recibieron con agua fresca y una toalla fría, algo que agradecí muchísimo porque Tulum estaba particularmente caluroso y húmedo. Me senté un momento a observar el espacio y absorber todo lo que estaba pasando a mi alrededor. Entonces apareció un gatito. Honestamente, el mejor recibimiento posible.

Después hice check-in y me llevaron a mi habitación. Me impresionó desde que abrí la puerta: amplia, luminosa y decorada de una forma hermosa. Tiene una estética que a mí, me encanta. La describiría como un poco Wabi-sabi, donde todo tiene su lugar, no hace falta nada y tampoco sobra nada. Cada detalle está pensado con intención, y son precisamente esos detalles los que terminan haciendo la diferencia. Me instalé rapidísimo porque moría por seguir explorando.
Salí a recorrer el hotel y confirmé lo que había sentido desde que llegué. Aunque es un espacio pequeño, cada esquina tiene algo especial. A donde voltees hay vegetación, texturas naturales y rincones que invitan a bajar el ritmo. Naboa está escondido entre la naturaleza de la Riviera Maya. Es un hotel boutique que redefine el lujo desde la autenticidad y la sencillez. Todo está centrado en lo que verdaderamente importa.



Un espacio diseñado con intención
Detrás de su arquitectura está Jaque Studio, encabezado por el arquitecto mexicano Jesús Acosta, y la firma australiana Studio Wenden, responsable de la dirección artística y el interiorismo. Lograron crear un espacio que se convirtió en mi favorito. Utilizaron chukum, un acabado tradicional maya en tono terracota que aporta textura y calidez a los espacios. Combinado con madera, piedra y plantas tropicales, crea una atmósfera que se siente contemporánea, pero muy conectada con la región.
Tienen solo diez suites y eso hace que mantenga una sensación de privacidad difícil de encontrar en Tulum. No hay prisas, no hay ruido, no hay nada que distraiga de lo importante: estar presente. Además de ser un lugar que naturalmente invita a desacelerar, tienen actividades enfocadas en el descanso y la reconexión, como sesiones de yoga, clases de barré, prácticas de relajación con cuencos y tratamientos tradicionales como el masaje maya. Si tienen oportunidad, les recomiendo agendar una clase de barré por la mañana con Mariana Pickering. Fue una de mis actividades favoritas del hotel. Empezar el día moviendo el cuerpo, rodeada de plantas y naturaleza, me pareció una forma increíble de despertar y activarme.


LU_LO: sabores para disfrutar sin prisa
Y claro, tenía que hablar de la comida porque fue una de las partes que más disfruté de la estancia. El restaurante del hotel, LU_LO, sigue la misma filosofía que se siente en todo Naboa. Trabajan con ingredientes frescos, platos bien ejecutados y una propuesta sencilla, pero muy pensada.
Los desayunos fueron de esos que te hacen querer levantarte temprano. Entre fruta fresca, bowls, chilaquiles y hotcakes de buttermilk con frutos rojos, había opciones para todos los gustos. De esos desayunos que disfrutas sin prisas, con un café en mano y rodeada de naturaleza: el plan perfecto.
A la hora de la comida encontré varias opciones perfectas para el calor de Tulum. Desde una tostada de atún fresco hasta unos tacos de cochinita. Todo mantiene un equilibrio entre ingredientes locales, sin perder la identidad que tiene el hotel.
Y para relajarme en la alberca probé algunos de sus drinks, que también vale la pena mencionar. La mixología está a cargo de Koki Yokoyama, ganador de World Class México 2024, y eso se nota. Cócteles como el Naboa, con gin, toronja, vino blanco, soda y hoja santa, o la Maíz Colada, con mezcal, piña y coco, reflejan muy bien la personalidad del lugar.
Al final, LU_LO no se siente como un restaurante dentro de un hotel. Se siente como una razón más para quedarse.



NABOA se siente como un refugio diseñado para reconectar con tu presente. Y lo que realmente termina de hacer especial la experiencia es su gente. Cada persona del equipo fue súper amable, cálida y atenta. Me hicieron sentir bienvenida desde el primer día. TODO (y cuando digo todo, hablo literalmente) estaba cuidado al detalle. La arquitectura, la comida, las habitaciones, los espacios comunes y, sobre todo, la hospitalidad.

Puedes reservar en naboahotels.com y encontrarlos en instagram como @naboahotels

Debe estar conectado para enviar un comentario.