Yo me tomo la temporada de premios como un reto personal: ver todas las películas nominadas que pueda. Más allá del género, el hype o mis gustos personales, me gusta poder entender y opinar. Así que aquí va mi opinión de Marty Supreme: es una gran película que no volvería a ver.

¿De qué va Marty Supreme?
Dirigida por Josh Safdie y protagonizada por Timothée Chalamet, Marty Supreme sigue la vida de Marty Reisman, el legendario jugador de ping-pong que se convirtió en campeón mundial con su estilo poco ortodoxo y su personalidad carismática en la ciudad de Nueva York a mediados del siglo XX. La película no es exactamente un biopic tradicional. Safdie toma la esencia de Reisman —su rebeldía, su obsesión con el juego, su necesidad de ser el mejor— y la convierte en un retrato de ambición, competencia, y ese tipo de personalidad que no puede existir fuera del juego que domina.
Lo que me gustó
Empezaré por lo más obvio, las actuaciones. Chalamet se transforma completamente en Marty: adopta la postura, los tics, la forma de hablar, y esa energía frenética que caracterizaba al jugador. Además, no es el único que lo hace muy bien. Gwyneth Paltrow y Odessa A’zion funcionan como contrapartes del protagonista, ayudándolo a brillar pero sin diluirse. Y si alguien más se lleva las palmas son los “actores que no son actores”: Tyler, the Creator y Kevin O’Leary.
El soundtrack es otro elemento muy digno de mencionarse. Con mezcla de clásicos de los 80s y composiciones originales de Daniel Lopatin, crea un paisaje sonoro que se siente retro pero contemporáneo. Esto, acompañado de la cinematografía que logra hacer del ping-pong el deporte más intenso del mundo, hace que sientas la misma tensión y frenetismo que el protagonista.
Lo que no me gustó tanto
Lo que me sucedió al ver Marty Supreme es que a pesar de que la mayoría de sus elementos funcionan muy bien cuando los analizas por separado, es algo que sólo pude apreciar una vez que terminó la película. Durante las dos horas y media que estuve sentada en la butaca del cine, viendo la cinta como un todo, no logré conectar por completo con ella. Sí, me estaban gustando las actuaciones, el soundtrack, la cinematografía, pero por momentos no pude evitar preguntarme cuánto faltaba para que terminara.
Y es que es un poco lo mismo, el guion como un todo me pareció muy bueno. Esa odisea por la que pasa el personaje, su visión de que el fin justifica los medios y, al final, su realización de que hay cosas más importantes. El guionista tenía muy clara su premisa y el tema que quería tocar, y eso lo logra muy bien. Pero ahí está lo paradójico: aunque la ejecución narrativa es sólida y el arco del personaje está bien construido, eso no evitó que durante gran parte de la proyección me sintiera desconectada. La película nunca se detiene, el ritmo es frenético de principio a fin, pero justamente ese impulso constante hizo que no sintiera que me estuviera llevando a ningún lado hasta el último acto.

Marty Supreme es una película que respeto más de lo que disfruté. Técnicamente está muy bien hecha, las actuaciones son excelentes, el soundtrack es memorable, y Josh Safdie demuestra una vez más que sabe cómo construir tensión y capturar personajes obsesivos. Pero también es agotadora de una forma que no siempre funciona a su favor. Es el tipo de película que analizas después, que aprecias en retrospectiva, pero que durante su duración te hace cuestionar si realmente necesitabas sentir tanta ansiedad por dos horas y media. ¿La recomiendo? Sí. Especialmente si te interesa el cine de autor y las actuaciones transformadoras. ¿La volvería a ver? Probablemente no. Y está bien. No todas las grandes películas necesitan verse más de una vez.

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