Si pasas tiempo en booktok, seguro que el nombre de Marta Jiménez Serrano te suena. La escritora española lleva unos años posicionándose como una autora a la que hay que seguirle la pista. Hace poco terminé de leer su primera novela, Los nombres propios (Sexto Piso, 2021), y entendí por qué causa tanto furor entre sus lectoras.
La novela explora una búsqueda de identidad que arranca en la infancia, cuando todavía no tenemos el vocabulario para nombrar todo lo que forma parte de nuestro mundo. Y para entender a su protagonista —que también se llama Marta— hay un personaje clave: Belaundia Fu, quien narra su vida, cómo percibe el mundo y cómo se percibe a sí misma. Es la conciencia antes de saber que tenemos una conciencia; es una amiga imaginaria.
Sobre Marta Jiménez Serrano y sus libros…
Belaundia Fu narra los primeros tres de los cuatro capítulos del libro. Con el tiempo, Marta deja de pensar en ella como una amiga imaginaria, y Belaundia se convierte en una voz que la acompaña y le dice las cosas que a veces ella no quiere escuchar. Los nombres propios acompaña esa transición hacia la adultez, esas ganas de cumplir sueños y de encontrarse a una misma. Intenta responder una pregunta que muchas nos hacemos a lo largo de la juventud (y, a veces, durante el resto de la vida): ¿quién soy?
Y, ¿quién es Marta Jiménez Serrano? Es una escritora madrileña que estudió Filología en la Universidad Complutense de Madrid y tiene un máster en Estudios Literarios. Es autora del poemario La edad ligera (Rialp, accésit del Premio Adonáis 2020), de la novela Los nombres propios (Sexto Piso, 2021) y del libro de relatos No todo el mundo (Sexto Piso, 2023). Su libro más reciente, Oxígeno (Alfaguara, 2026), es sin duda uno de los fenómenos editoriales del año: una obra basada en su propia experiencia cercana con la muerte, cuando una fuga de monóxido de carbono casi acaba con su vida. Oxígeno aborda la fragilidad de la existencia y cómo todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, pero también nos recuerda que cada día es una nueva oportunidad.
Las historias de Marta tienen algo en común: plantean preguntas que a casi todos nos rondan la cabeza en algún momento. Y cuando una historia te confronta, inevitablemente te habla. Los nombres propios habla de esa búsqueda de la identidad, del yo, de nombrar las cosas que te rodean y también las que te habitan. Oxígeno, en cambio, parte de una certeza: pensar en la muerte es también pensar en la vida. Le damos un significado profundo a la vida precisamente porque sabemos que no es para siempre, y eso nos obliga a darles intención a nuestros actos y peso a nuestras decisiones. Sabemos que el tiempo que tenemos es limitado y finito. Y morir por el error de alguien más nos aterriza de un modo muy crudo en lo frágil que es la existencia y, no menos importante, en la precariedad de la vivienda actual (y no solo en España).
Esa es la magia de autoras como Marta, y de la lectura en general: nos topamos con cosas que también hemos vivido pero que a veces no sabemos cómo nombrar. Los libros nos ayudan precisamente a eso, a ponerles nombre a las cosas, a darles una narrativa, a convertir un sentimiento universal en un relato. O a encontrar, en un relato particular, un sentimiento universal. Cuando alguien conecta con una obra —aunque cada quien lo haga desde un lugar distinto— esa obra se vuelve relevante. Para un sector, para una generación, para una época.
