Hay aperturas que se sienten distintas. No sólo porque llegan a una colonia donde todo ocurre —la Roma Norte—, sino porque cargan una historia que no pretende gritar, sino susurrarse plato a plato. Lotti es una de esas aperturas: íntima, cuidadosa y profundamente personal.
Instalado en una casona porfiriana de 1915 en la esquina de Colima y Tonalá, Lotti es el primer restaurante del chef Luc Liebster, de origen suizo pero con raíces ya bien sembradas en México. Y sí, quizás eso explica por qué su cocina se siente como un puente entre dos geografías: la memoria europea y la sensibilidad mexicana.
Desde que entras, todo se siente como un proyecto hecho con la delicadeza de quien abre su primer restaurante una vez en la vida. Luc lo dice sin rodeos: “Lotti es un lugar que quiere ser cercano a través de la comida; queremos que nuestros clientes quieran volver.” Y se nota: en la sala cálida, en el servicio gentil, y sobre todo en los platillos.
Lotti es un menú conciso, no intenta impresionar con flores, sino con técnica, producto y memoria. La cocina suiza se asoma desde los recuerdos del chef —y de su abuela Lotti de 96, quien da nombre al restaurante—, pero se transforma gracias a ingredientes locales que le dan una identidad completamente propia.

Entre los platos que cuentan esta historia y que tienes que pedir están los capuns, unos dumplings de acelga rellenos de pasta, pochados y servidos con una salsa de quesos y trufa negra. También las papas hasselback con crema de aguacate y hueva de trucha ahumada; un bocado que mezcla el confort europeo con el punch mexicano, y que definitivamente te dejará sin palabras.
Luc, formado en Steirereck en Viena y Pujol en la CDMX, también destaca su brioche casero con crema de parmesano, mortadela y almejas del Pacífico, un plato que suena caprichoso pero que funciona con una lógica deliciosa, y puede que cuando lo leas no se te antoje, pero créeme que es un manjar al paladar. El cordon bleu, tan presente en la memoria mexicana, llega aquí reinterpretado con queso azul. Y el strudel de manzana con crema chantilly amenaza con volverse el postre obligatorio —de esos que pides aunque jures que ya no puedes más.
Aunque el menú no está repleto de opciones (cosa que agradezco) es verdad que uno quiere probar todo, por lo que te recomiendo ir en grupo para que puedan pedir diferentes opciones al centro.
Otra cosa que vale resaltar es la carta de vinos que tienen, por lo que te recomiendo pedir con maridaje, para que puedas probar un poco de la amplia selección de vinos que tienen.
Nada sobra. No hay flores sin sentido ni decoraciones gratuitas: aquí todo existe por sabor. Incluso los quesos, todos mexicanos, cobran protagonismo: desde una mantequilla queretana impecable hasta un queso tipo brie conocido como “queso de pirámide”.

El diseño del restaurante —concebido por Luc junto con la arquitecta Rosela Barraza— preserva el espíritu de la casona: madera original, ladrillo, techos expuestos. Pero convive con mármol trabajado a mano, metal discreto y azulejos artesanales que anclan el proyecto en lo mexicano, pero que le remiten a Luc a la casa de su abuela.
Una barra escultural de madera tallada con técnica japonesa da carácter al espacio, que se reparte en apenas 87 m² entre la sala principal y una terraza que promete ser favorita de la colonia.
Hay algo en Lotti que se siente muy Roma Norte: cercano, cálido, elegante sin querer serlo demasiado. Un restaurante que no pretende ser destino gastronómico, sino barrio; un lugar al que vuelves porque te acuerdas del sabor de la mantequilla o del olor del brioche recién horneado.
Para cuando quieras conocerlo, se encuentra ubicado en Colima 235, Roma Norte
Miércoles a viernes: 5:00 – 9:30 pm
Sábados y domingos: 2:00 – 9:30 pm
Lotti es de esos lugares que llegan despacio, pero llegan para quedarse. Y sí, seguramente volverás. Te dejamos un sneak peek:

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