¿Sabías que durante las dos semanas que dura Wimbledon se venden más de 150,000 porciones de fresas con crema? No es solo un antojo dulce: este sencillo postre se ha convertido en símbolo cultural del torneo más antiguo y prestigioso del tenis.

Sí, no todo es césped y raquetas: este postre simple pero delicioso es tan emblemático como los jugadores vestidos de blanco. Así como las fresas del kilómetro 23 ½ en la autopista México-Toluca tienen su lugar en la cultura popular mexicana, en Londres, este dúo dulce es parte del ADN de Wimbledon: el torneo más antiguo, prestigioso y tradicional del tenis, donde la historia se sirve con elegancia… y un toque de crema.
Todo comienza en 1877, el mismo año en que se celebró la primera edición del campeonato. Desde entonces, la mezcla de fresas frescas y crema ha sido parte esencial de la experiencia de Wimbledon. Y en 2025, la tradición sigue tan viva como siempre.
A pesar de que una comida en alguno de los restaurantes del club puede superar las £130, una porción de fresas con crema cuesta apenas £2.70. Subió desde £2.50 en 2024 —el primer aumento de precio en 15 años—, cuando los asistentes se comieron cerca de 2 millones de fresas. ¿Quién dijo que el lujo tenía que ser caro?
Como los hot dogs en el béisbol estadounidense o el mate en el fútbol sudamericano, las fresas con crema son parte del ritual emocional de este evento. Reflejan el british summer lifestyle: descanso, sol suave, tenis sobre césped y un tipo de elegancia silenciosa que solo Wimbledon logra.


Según el propio club, este postre es “un verdadero ícono de Los Campeonatos”. De hecho, incluso antes de que el tenis sobre césped fuera parte de las actividades del All England Croquet Club, ya se servían fresas con crema en sus jardines. Era un “servicio especial” para disfrutar durante los escasos meses soleados entre abril y julio.
En la época victoriana, este postre era infaltable en fiestas de jardín, partidos de cricket y eventos sociales. Se cuenta que, en 1889, los londinenses consumían ¡12 millones de fresas al día durante el verano! Un estadístico llegó a decir que, si las fresas estuvieran disponibles todo el año, los británicos gastarían más en ellas que en educación o misiones religiosas. Nada mal para un antojo estacional.
Pero parte del encanto estaba precisamente en su brevedad. Comer fresas con crema era un placer estrictamente estacional, antes de que la globalización, la refrigeración y las importaciones hicieran que las frutas dejaran de tener “época”.

Hoy, mientras lo local y lo de temporada vuelve a cobrar fuerza en la gastronomía global, este postre sencillo nos recuerda algo importante: que lo cotidiano puede volverse icónico, que esperar tiene su encanto, y que un bocado puede encapsular el verano entero.
Las fresas con crema en el Grand Slam son un guiño al pasado, sí, pero también una forma de reconectar con lo que más valoramos hoy: lo auténtico, lo natural, lo fugaz. Y eso —con o sin raquetas de por medio— nunca pasa de moda. Wimbledon, como siempre, lo entendió primero.

Debe estar conectado para enviar un comentario.