Cuando pensamos en junk food, es común imaginar hamburguesas, pizzas o papas fritas. Sin embargo, la idea de alimentos preparados y consumidos rápidamente no es exclusiva de la era moderna. En la Edad Media, existía una variedad de opciones que podríamos considerar como los precursores de nuestra comida rápida actual.

Los cookshops, el go-to-mercado de la Edad Media
El incremento de la población urbana significó que muchas personas no contaban con instalaciones adecuadas para cocinar en sus hogares. Además, los trabajadores y viajeros requerían opciones alimenticias rápidas y económicas. En respuesta a esta demanda, surgieron los cookshops, ubicados estratégicamente en áreas concurridas como mercados y puertas de la ciudad, abiertos diariamente y eran 24/7, facilitando el acceso tanto a residentes como a visitantes.
A pesar de su popularidad, los cookshops enfrentaban desafíos relacionados con la higiene y la calidad de los alimentos. Las condiciones sanitarias a menudo eran deficientes, lo que generaba desconfianza entre la población. Para mitigar estos problemas, las autoridades implementaron regulaciones destinadas a controlar la calidad y los precios de los alimentos. Por ejemplo, en Londres, se establecieron normas que fijaban precios específicos para distintos tipos de carne y prohibían prácticas engañosas, como vender carne de res como si fuera de venado.
Junk food que era must en la Edad Media
Entre las opciones más populares se encontraban:
- Empanadas de carne: eran lo más parecido a una Big Mac medieval. Rellenas de res, cerdo o aves, y envueltas en una masa resistente, eran prácticas, portátiles y muy populares entre las clases trabajadoras y los viajeros.
- Frituras dulces: postres como los “cryspes”, ahora mejor conocidos como “funnel cakes”, eran elaborados friendo masas y endulzándolas con miel, ofreciendo un toque dulce al menú medieval.
- Pan en forma de bowl: se utilizaba pan hueco como recipiente para sopas y guisos, una práctica que combinaba practicidad y sabor.
- Pretzels salados: elaborados únicamente con harina, sal y agua, se convirtieron en un alimento básico gracias a su sencillez y facilidad de preparación. Su forma característica incluso llegó a tener un simbolismo religioso.
- Dulces con miel: el azúcar, considerado un lujo, era escaso y costoso, por lo que la miel ocupaba su lugar en la mayoría de los postres. Recetas como las del Libro di Cucina del siglo XIV, atribuido al Anónimo Veneziano, incorporaban miel para preparar versiones tempranas de lo que hoy conocemos como french toast y gingerbread.
- Waffles medievales: Aunque solemos asociarlos con sabores dulces, los waffles nacieron como platillos salados en la antigua Grecia, y su evolución continuó en la Edad Media. Para el siglo XV ya tenían su clásica forma en bloques, y fue hasta el siglo XVI, con la masificación del azúcar, que se comenzaron a preparar versiones dulces como las que conocemos hoy.
Comer, beber y echar chismecito
Los cookshops no solo satisfacían necesidades alimenticias, sino que también se convirtieron en puntos de encuentro social. Eran lugares donde personas de diversas clases sociales se juntaban, promoviendo el intercambio cultural. Además, reflejaban la evolución de las estructuras urbanas y las necesidades cambiantes de la sociedad medieval.
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