En 2021, El juego del calamar se convirtió en un fenómeno mundial. La serie surcoreana, protagonizada por cientos de personas compitiendo en juegos infantiles mortales por un jugoso premio en efectivo, rompió récords, generó miles de memes y encendió conversaciones sobre el capitalismo, la desigualdad y la desesperanza. Pero detrás de esta poderosa crítica disfrazada de thriller sangriento, hay una historia aún más impactante: la de su creador, Hwang Dong-hyuk. Desde pasar años en la ruina hasta ver rechazada su idea más de diez veces, el camino de Hwang es un recordatorio de que, a veces, el éxito tarda en llegar… pero cuando llega, lo cambia todo.

El juego del calamar: crítica disfrazada de ficción
La primera vez que Hwang Dong-hyuk escribió el guion de El juego del calamar fue en 2009. En ese entonces, nadie quería producirlo. Las productoras lo consideraban “irreal, demasiado grotesco y violento”. Hwang, que había estudiado cine en la Universidad Nacional de Seúl y luego hizo una maestría en la Universidad del Sur de California, ya había probado suerte como director en Corea del Sur, pero ninguna de sus obras anteriores se acercaba al nivel de exposición que eventualmente tendría esta serie. Durante más de diez años guardó el proyecto en un cajón. Mientras tanto, se endeudó, tuvo que vender su laptop por dinero y vivió con el temor constante de no poder mantener a su familia.
Hwang siempre supo que lo que quería contar era mucho más que una historia de supervivencia. Para él, El juego del calamar era una alegoría. A través de juegos como “luz roja, luz verde”, exploraba cómo el sistema oprime, cómo las deudas pueden arrinconar incluso a las personas más comunes y cómo los desesperados pueden llegar a jugar con sus vidas —literalmente— por la esperanza de una vida mejor. La serie está inspirada, en parte, en su propia experiencia de pobreza y en la creciente desigualdad que observaba en Corea del Sur. También se inspiró en cómics como Battle Royale y Liar Game, pero siempre quiso hacer algo con identidad local, con juegos típicos coreanos y personajes profundamente humanos.
Netflix adquirió el guion en 2019, una década después de que Hwang lo escribiera por primera vez. En palabras del propio creador, el streaming ofrecía una libertad creativa que la televisión tradicional coreana no podía darle. Así comenzó la producción, con un presupuesto relativamente modesto para una serie de esta magnitud. Cuando se estrenó en septiembre de 2021, el resto es historia: más de 142 millones de hogares vieron la serie en sus primeras cuatro semanas, convirtiéndose en la serie más vista de la historia de Netflix hasta entonces.
Hwang pasó de ser un director con deudas a uno de los nombres más reconocidos en el entretenimiento global. Ganó premios como el Emmy Internacional y recibió el reconocimiento del público, la crítica y hasta la industria de la moda, gracias al icónico diseño visual de la serie (pistas de colores, escenarios gigantescos, overoles rosas y máscaras geométricas).
Hwang ya está trabajando en otros proyectos, como Killing Old People Club, una película que, según él, “será aún más provocadora que El juego del calamar”. También ha declarado que planea explorar más géneros y que su inspiración sigue naciendo de las injusticias sociales que observa día con día. La historia de Hwang Dong-hyuk representa paciencia, terquedad creativa y la fuerza para mantener una visión, incluso cuando todo el mundo te dice que no va a funcionar
Tal vez por eso, El juego del calamar resuena tanto. No solo por sus giros dramáticos, ni por su estética única, sino porque nace de una verdad incómoda: el sistema muchas veces está diseñado para que perdamos. Pero algunos, como Hwang, aprenden a jugar diferente.

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