¿Alguna vez han entrado a un lugar en el que inmediatamente se les antoja una cerveza? A mí me pasó con El Maldito de Jalisco y por todas las razones correctas.
Este restaurante abrió sus puertas hace unos meses con una misión clara: traer lo mejor de las cantinas jaliscienses a la CDMX. Y aunque yo no soy ninguna experta en ese estado de la república mexicana, me atrevo a decir que lo logró. Entre cantaritos, barbacoa y botellas de tequila, este es un nuevo spot que tienes que conocer.


¿Por qué se te antoja una cerveza (o un cantarito en este caso)?
Sí, obvio el diseño de este espacio es como el de una cantina tradicional, lo cual es razón suficiente para que se te antoje una cerveza. Sin embargo, también tiene esos detalles muy bien pensados para que no se te olvide que estás en un lugar cool de la CDMX. Para mí, esta fue la combinación ganadora. Un lugar relajado, que sigue siendo trendy, y que tiene suficiente espacio para ir con todos tus amigos. Porque eso también es parte de la magia.
Las mesas son amplias, las sillas son cómodas, y la música siempre está en su punto: suficientemente alta para poner ambiente, pero suficientemente baja para poder platicar.


¿Qué pedir?
Algo que hace muy bien este restaurante es que, después de que entras y se te antoja la cerveza, descubres que su menú es tan protagonista como el buen ambiente.
Nosotros probamos un poco de todo, empezando por el aguachile negro de camarón, que lleva una base intensa de chiles tatemados que sí pica, pero no te abruma, acompañada de tacos dorados de papa con kimchi hecho en casa. La recomendación es meterle a todo sin miedo y confirmo que funciona muy bien. Luego siguieron los tacos de barbacoa con el famoso “veneno”: tuétano al grill con chile serrano y cilantro que eleva todo a otro nivel. Es ese extra que no sabías que necesitabas hasta que lo pruebas.
Como plato fuerte comimos la carne en su jugo, y para alguien como yo, que es amante de los caldos, fue algo increíble. Se trata de res wagyu cross mexicano cocinada al horno en un caldo corto de su propio jugo y tomatillo verde, acompañada de frijoles de la olla. Obvio voy a regresar muchas veces a pedir específicamente este plato.
Y para cerrar, la tarta cremosa de elote con técnica tipo San Sebastián, que se resume a una tarta de queso elaborada con elote tierno y vainilla de papantla. Es sorprendente, cremosa, suave, y muy rica. Todo esto lo comimos entre dos personas y fue perfecto. Además, obvio pedí mi cantarito: fresco, bien servido y sí, bastante pegador.


El Maldito de Jalisco es de esos spots donde el plan se alarga sin que te des cuenta. Vas por una cerveza y te quedas por el ambiente, la comida y esa sensación de estar en una cantina muy cool. Ideal para ir en grupo, pedir de todo y dejar que la tarde se convierta en noche. Porque aquí, honestamente, nadie tiene prisa.

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