Si en tu wishlist de viajes de 2026 hay un destino del Caribe que combine ritmo, libros de alta gama, vida nocturna y mar en un mismo moodboard, República Dominicana está levantando la mano fuerte.
No es casualidad: el país se ha ido consolidando como uno de los destinos más vibrantes del Caribe, combinando historia, vida urbana, playas que ya son clásicos y una personalidad que conecta muy bien con el viajero mexicano que busca algo más que solo sol y mar.
Uno de los momentos clave del año ocurrió en Nueva York, cuando Assouline presentó Santo Domingo, un volumen que pone a la capital dominicana en el mapa del lujo editorial. El libro, con textos del ministro de Turismo David Collado y la curadora Rosanna Rivera, además de las fotografías de Aline Coquelle, retrata la Zona Colonial, la arquitectura del siglo XVI, la escena creativa, la gastronomía y hasta los vínculos con figuras como Oscar de la Renta. Es de esos títulos que ves en una mesa de café y te dan ganas de reservar vuelo: una especie de carta de presentación que muestra que la ciudad también se disfruta entre museos, restaurantes, diseño y noches largas.

Poco después, el país volvió a aparecer en las pantallas del mundo con una imagen muy distinta: Toño Rosario encendiendo el pasillo de Grand Central al ritmo de merengue. La escena fue exactamente lo que imaginas: gente bailando entre andenes, celulares grabando todo y un mood caribeño infiltrado en la rutina neoyorquina.
Esa activación fue el punto de partida de una serie de experiencias en la ciudad que incluyen clases de merengue y bachata, degustaciones y encuentros culturales pensados para que quien pase por ahí entienda cómo se vive el invierno dominicano: con música, sabor y cero timidez.

Mientras tanto, en casa, el país se prepara para cerrar el año con números que confirman lo que se siente en el ambiente: entre enero y noviembre llegaron más de 10.2 millones de visitantes, con 7.8 millones por vía aérea y 2.3 millones en cruceros.
La mayoría son extranjeros —destaca Estados Unidos, Canadá y también una presencia constante desde México— y la ocupación hotelera ronda el 73% anual. Traducido a la realidad: los hoteles se mantienen vivos todo el año, hay movimiento en playas y ciudades, y el turismo se vuelve motor económico a través de consumo, experiencias y nuevas inversiones.

Con la campaña “Dominicana Te Sonríe” activa en distintos mercados, el país entra a la temporada de invierno con la mesa puesta: playas para escapar del frío, ciudades para planear un puente largo con toque cultural y una hospitalidad que se siente desde tu llegada al aeropuerto.

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