¿Dónde comer fondue en CDMX?

Si tienes antojo de fondue, te compartimos nuestros lugares favoritos en CDMX donde vivir tu fantasía derretida.

Febrero huele a queso derretido. Y no es coincidencia: oficialmente es el mes del fondue. Sí, el mood es invernal (aunque en CDMX el frío fue intermitente), pero la excusa es perfecta.

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Sí, es “la” fondue… y febrero es el mes oficial para disfrutarla

La fondue viene del francés fondre —derretir— pero nació en las montañas de Suiza en el siglo XVIII como una solución brillante para sobrevivir el invierno: pan duro + queso endurecido + vino = magia. Pero fun fact, se volvió ícono nacional gracias a una campaña bastante intensa de la Swiss Cheese Union en los años 30. En los 60 se volvió la estrella de las dinner parties en Estados Unidos.

Tiene reglas no escritas: si se te cae el pan dentro del queso, pagas la siguiente botella, los drinks… o cantas. El castigo depende del nivel de confianza en la mesa.

La costrita dorada que queda al fondo —la religieuse, “la monja”— es el tesoro. Crujiente, intensa, adictiva (no por nada se pelea).

En Suiza juran que se acompaña solo con vino blanco, kirsch o té caliente —nada frío— porque dicen que las bebidas heladas “endurecen” el queso en el estómago. No sabemos qué tan científico sea, pero suena a excusa elegante para otra copa.

Los mejores lugares para comer fondue en CDMX

Más de 13 años defendiendo la gastronomía suiza en la ciudad. Su menú es un viaje por los 26 cantones, de influencia francesa a alemana, y todo empieza con una sopa de cebolla que recomendamos ampliamente.

Las fondues son el corazón: la clásica Schweizer (Gruyère/Emmental), la Alpen con tocino, la Blaues de quesos azules, la Grünes con espinaca y alcachofa, y la Trufado. Para completar el ritual alpino, también hay la clásica raclette y rösti (papa rallada que se fríe y queda como en forma de mini hotcake salado).

Es cozy, perfecto para cena romántica o plan tranquilo. Tiene terraza pintoresca y, sí, el servicio puede ser lento cuando se llena (hola, fin de semana). Combínalo con una caminata por las calles empedradas de San Ángel y el Bazar del Sábado.

Cuando abrió, hizo ruido por su interiorismo setentero retro–futurista que muta en bar medio oculto conforme avanza la noche. Aquí la fondue es protagonista: mezcla de Gruyère, Ramonetti y Emmental, servida con focaccia y filete marinado.

El resto del menú coquetea con Italia —arancinis de jamón serrano, pasta al pesto, roast prime rib— y postres como merengue que cierran sólido.

La música es alta, el mood es más fiestero que silencioso, y conviene reservar. Ideal para ir con amigos o date night con energía.

Este spot prácticamente vive por y para el queso fundido y el vino. Dos fondues estrella: Campestre y Comonfort. Suele haber promos que incluyen copas o botellas, así que vale la pena checar su Instagram antes de ir.

El ambiente es agradable, muy de brindis largo. Eso sí: paciencia. Los tiempos de espera pueden ser prolongados, pero si vas mentalizado a que el queso también necesita su tiempo… todo fluye.

Frente al Parque Lincoln, este clásico francés hace que París se sienta a una reserva de distancia. Su fondue tradicional de queso, servido con baguette rústica, es la especialidad.

El ambiente es romántico, elegante sin exagerar, perfecto para cita o comida tranquila. Precios acorde a Polanco, servicio generalmente atento y opción de terraza con vista verde que suma puntos. También tienen delivery si prefieres el ritual en casa.