Disco de la semana: Typhoons de Royal Blood

El precio del éxito se paga muy caro. Bandas como The Strokes han vivido toda su carrera bajo la sombra de sus primeros discos y la promesa de que iban a «salvar» al rock. Desde antes de ellos eso ya se decía de muchas bandas, y después de ellos la tendencia continúo. Royal Blood fue uno de los que cayó en manos de tan mal presagio, pero a diferencia de The Strokes, ellos no han vivido intentando superar las expectativas que se tenía de ellos, sino luchando con un síndrome del impostor que lo medios les pusieron encima.

Después de su primer disco, muchos medios dijeron que se trataba de la mejor banda del mundo, punto. Ellos no querían dejarse llevar por el hype y continuaron haciendo música, pero el hechizo estaba hecho, y la banda de sólo dos personas comenzó a quebrarse por el peso que pusieron sobre sus hombros.

Royal Blood es rápido y agresivo, pero nunca tuvieron la tarea de salvar al rock, sólo querían hacer música que les gustara y se sintieran orgullos de ello. Después de años subiendo y bajando en las listas de popularidad, parece que por fin encontraron lo que querían hacer con su tercer disco de estudio, Typhoons.

Un bajo y una batería son los protagonistas de Royal Blood, pero en Typhoons ya no se dejan llevar sólo por el sonido del garage y el blues, la banda aceptó la apertura de géneros y ahora podemos escuchar influencia de la música electrónica y pop. El disco está lleno de guiños a música de Daft Punk, Justice, Goldfrapp y más.

Boilermaker es una canción que intenta recordarte lo que es la esencia de Royal Blood, pero en los momentos más fuertes cambia de dirección para demostrarte que más que buscar imitar su pasado, están mutando constantemente.

El disco está repleto de esa superposición de sonidos clásicos de la banda con la apertura que han tenido en los últimos años. Otro sencillo, Trouble’s Coming, es mucho más claro en ello. Algunos pueden decir que la banda cambió para adaptarse a las nuevas tendencias y no morir en el pasado, pero el pasado siempre los encasilló y obligó a ser algo que tal vez nunca representaron.

Con Typhoons, Royal Blood se siente mucho más libre que antes. Sí, el disco no viene a salvar el rock, pero no está buscando hacerlo, simplemente quiere hacerte pasar un buen rato y mientras ellos sigan teniendo la fuerza de la batería y el bajo, además de su gran capacidad de producción para darte una mezcla de pop y hard rock, Royal Blood se mantendrá como una banda esencial.