Recientemente ha dominado la agenda pública del sector cultural de México (y ahora también en diversas partes del extranjero), el resurgimiento o “hallazgo” de la colección de arte de Jacques y Natasha Gelman, una de las más importantes del país, construida no sólo por ellos dos, sino también por el actor Mario Moreno “Cantinflas”, pero ¿por qué debería de importarnos y de dónde se clama la ilegalidad de su anunciada pertenencia al Banco Santander? Te cuento.
El asunto con la colección es que se ha visto en un entramado de intrigas digno de una novela criminal, con engaños, mentiras y abusos de poder. El problema es que los principales involucrados ya están muertos y eso le agrega dramatismo a la trama.
No entraré en cuestiones de cómo se formó la colección o quiénes participaron en esto, ni ahondaré en personajes e instituciones clave como el art dealer Robert Lippman o una la Fundación de una de las televisoras más importantes del país o factores fundamentales para entender todo esto, como la muerte de Jacques, la demencia de Natasha o la intención de Sotheby’s de subastar parte de la colección hasta que recibió un aviso para abstenerse de hacerlo por parte del gobierno de México. De todo eso hay información suficiente en múltiples fuentes, pero si quieres que te lo cuenten con mucho sabor, acá la crónica de @nenamounstro.
¿Por qué se dice que es ilegal que pertenezca al banco?
Todo empezó, tras años de permanecer la colección y su destino en absoluto silencio, cuando la casa de subastas internacional comenzó a anunciar y posteriormente vender parte de la colección Gelman en 2024, es una colección privada, por tanto, tendrían sus legítimos dueños, la posibilidad de consignarla para su venta, pensaríamos… pero no.
En México tenemos un nombramiento que pone ciertas “trabas” a las transacciones de algunas obras de arte, que son, cuando estas piezas son nombradas Patrimonio Cultural de México (la información sobre esto se puede consultar aquí). A partir del día en el que la obra de un artista es nombrada como “Obra con declaratoria de monumento artístico” y que esto es publicado en el Diario Oficial de la Federación, las obras pasan a ser parte (parcialmente) del Gobierno de México y del Estado mexicano. Aquí la referencia, por ejemplo, de la declaratoria publicada sobre la obra de Diego Rivera y José Clemente Orozco.
O sea, las obras siguen siendo de sus dueños, pero a partir de este nombramiento, las piezas no pueden salir del país de forma indefinida (es decir, sí se pueden prestar para exposiciones en el extranjero, pero deben de tener una fecha de retorno) y deben de permanecer todo el tiempo en territorio mexicano, se pueden vender entre particulares pero deben de estar de forma física en el país todo el tiempo, notificando al INBAL de posibles salidas sólo a préstamos y todo lo alusivo a sus movimientos, pues este organismo debe de estar enterado siempre de qué pasa con éstas.
Ahora bien, los artistas cuyas obras son patrimonio cultural del país son por mencionar a algunos: Frida Kahlo, Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Saturnino Herrán, Gerardo Murillo “Dr Atl”, José María Velasco, María Izquierdo y algunas obras de Remedios Varo, así como la obra escrita de Octavio Paz. De todas, a partir de la fecha del nombramiento de sus obras como monumento artístico, deben de permanecer en el país y llevar un preciso “mapeo” de dónde se encuentran.

La controversia se ha desatado a partir de la exposición en el Museo de Arte Moderno de la colección Gelman, anunciada como la colección Gelman Santander (por el banco), la cual está actualmente en exhibición y que fue presentada con bombo y platillo. El tema no es que se muestre, el tema es ¿qué pasará después con las obras? ¿Pertenecen ya a Santander? ¿Saldrán del país? Cientos de voces pertenecientes al ámbito del arte y la gestión cultural se han pronunciado por tener transparencia con respecto a esto, solicitando más información al INBAL, cuestión que aún no ha sido resuelta.
Por ley, algunas de las piezas de esa colección deberían de permanecer en México, aunque sin la documentación precisa para realizar una dictaminación, no se puede resolver cuáles o acreditar la pertenencia, el traspaso, la compra o el rastro de esas obras cuando estuvieron “desaparecidas”.
El ámbito cultural mexicano clama transparencia sobre lo que ha sido de la colección Gelman, cómo formó parte de la colección privada de un banco y sus siguientes pasos, mientras el Estado aún no se pronuncia… un drama que parece no terminar. Mientras tanto, te sugerimos ir a visitarla en lo que se resuelve el problema, que parece con poca intención por parte de muchos de sus “jugadores”, de aclararse.

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