El Corredor de la Montaña, en el estado de Hidalgo, es una de las rutas turísticas más emblemáticas del centro del país. A unas horas al norte de Ciudad de México, este trayecto carretero conecta pueblos con pasado minero, parques naturales y tradiciones vivas que lo convierten en un destino ideal para escapadas de fin de semana. Aquí te contamos qué pueblos lo integran y por qué vale la pena explorarlo.
Corredor de la Montaña: tradiciones, naturaleza y actividades al aire libre
El Corredor de la Montaña es una franja turística ubicada en la zona centro-norte de Hidalgo, a unos cuantos kilómetros de Pachuca, capital del estado. Explorarlo no sólo te acerca a comunidades ligadas con la minería, la agricultura y la actividad forestal, sino que te invita a maravillarte con sus paisajes boscosos, gastronomía y tradiciones. Sus caminos sinuosos y su clima templado-frío te conducirán por pueblos pintorescos, rutas de senderismo y otras actividades al aire libre perfectas para conectar con la naturaleza.
Municipios que integran el Corredor de la Montaña
Real del Monte (Mineral del Monte)
Este Pueblo Mágico se localiza a unos 15 minutos del centro de Pachuca y es uno de los accesos más conocidos al Corredor de la Montaña. Sus casas de techos inclinados y edificios de inspiración europea son parte del legado de los mineros ingleses que llegaron a la región en el siglo XIX. Ellos no sólo dejaron huella en la arquitectura local, la cultura y la gastronomía, sino que también introdujeron el futbol en México: fue en Real del Monte donde se disputó el primer partido de este deporte en el país.
No te puedes perder: la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, el Panteón Inglés, los pastes —la comida típica de Real del Monte— y los museos de sitio Mina la Dificultad y Mina de Acosta.

Huasca de Ocampo
El primer Pueblo Mágico de México es otro de los pilares del Corredor de la Montaña. Rodeado de bosques habitados por criaturas mágicas —duendes y hadas, según los lugareños— y haciendas coloniales, esta localidad se ubica a unos 30 kilómetros de Pachuca. Sus cabañas en medio de bosques de oyamel y pino lo convierten en el destino perfecto para conectar con la naturaleza y escapar de la rutina.
No te puedes perder: los Prismas Basálticos —columnas geométricas de basalto únicas en el país—, el Bosque de las Truchas, la Ex Hacienda de Santa María Regla, la Hacienda de San Juan Hueyapan y el mercado, con delicias locales que van desde el pan de pulque hasta las quesadillas de hongos y el mole de panza.

Mineral del Chico
Esta es una parada obligada para los amantes del ecoturismo y los deportes de aventura. Ubicado en el Parque Nacional El Chico, una de las áreas naturales protegidas más antiguas de México, este poblado es perfecto para practicar senderismo, ciclismo de montaña, escalada, rappel y campismo.
No te puedes perder: el mirador Peña del Cuervo, la presa El Cedral, la Parroquia de la Purísima Concepción, el Valle de los Enamorados y el río El Milagro.

Omitlán de Juárez y Atotonilco el Grande
Estos dos municipios complementan el Corredor de la Montaña. Si bien son los menos turísticos de la ruta, sus paisajes rurales, fiestas locales y tradiciones gastronómicas conectan al visitante de una manera más auténtica con la identidad de la región.
No te puedes perder (Omitlán): el callejón del Dicho —que rinde homenaje a las cocineras tradicionales—, el puente de Nuestra Señora del Carmen y la peña del Zumate.
No te puedes perder (Atotonilco el Grande): el templo y exconvento de San Agustín, El Comalillo —donde puedes realizar pesca deportiva, senderismo y disfrutar del paisaje en paseos en lancha de remos— y el puente de Dios.

Debe estar conectado para enviar un comentario.