Cómo se creó la expo Bajo el signo de Saturno en el MUNAL

Bajo el signo de Saturno, en el MUNAL, es sin lugar a dudas una de las exposiciones más “taquilleras” de los últimos años en los museos de la CDMX. 

La relación que plantea entre el arte y lo metafísico nos permite adentrarnos en las fascinantes técnicas legendarias de adivinación, un asunto que ha atraído a toda clase de mujeres y hombres a lo largo de la historia. Platicamos con el curador de la exposición, David Cáliz, del equipo del Museo Nacional de Arte (el MUNAL), sobre su planeación, su ejecución y los resultados hasta el momento. Si no la has visto, tienes hasta el 18 de enero para hacerlo.

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Lo que tienes que saber sobre Bajo el signo de Saturno

Samuel Reyes: Me gustaría saber cómo empiezas a desarrollar este concepto y cuál fue la idea que te impulsó a darle forma a esta exposición que estamos visitando.

David Cáliz: El proyecto surge porque en el 2021 al Museo Nacional de Arte le donan una carta astral del poeta André Bretón. A partir de esa donación me toca hacer la justificación curatorial para que esa pieza se integre al acervo del museo. 

Una de las justificaciones era hacer dialogar ese documento histórico y una obra artística con parte de la colección y que podíamos generar una pequeña exposición de gabinete que terminó siendo ya un proyecto de más de 196 obras que están dentro de la exposición. 

El título Bajo el signo de Saturno toma como referencia el libro de la escritora norteamericana Susan Sontag. Ella hace un análisis sobre la propuesta filosófica del pensador Walter Benjamin, donde él se asume como un nacido bajo el signo de Saturno, el planeta de las derivas y demoras. Y me interesaba mucho jugar con el concepto de Benjamin acerca de las constelaciones y cómo podíamos hacer un recorrido crítico de las imágenes a partir de la colección del museo que versaran sobre la adivinación.

Mi hilo conductor es el principio de incertidumbre, la necesidad de los seres humanos de comprender el porvenir y en esa necesidad tener la posibilidad de que debamos acercarnos a este tipo de expresiones.

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vía @munalmx

SR: ¿Cuánto tiempo toma hacer una exposición de esta envergadura? La investigación, la selección de la obra, el montaje…

DC: Todo el trabajo en museos es un trabajo colectivo. Hay una cantidad importante de personas involucradas en los proyectos: curaduría, museografía, registro y control de obra, educación, difusión. 

Un proyecto de esta magnitud en las salas temporales -hablamos aproximadamente de 800 m2 de exhibición- en términos de investigación, nos llevó tres años realizarla. Esto es algo atípico porque por la inmediatez y la vorágine de generar proyectos expositivos tenemos que hacerlo mucho más rápido, tenemos que trabajar siempre a contrarreloj, hay mantener todo el tiempo una cartelera cultural importante dentro de la exposición temporal del museo para que la gente pueda revisitar las piezas de la colección y también ver otras colecciones de diversas latitudes.

SR: Con un concepto tan vasto y tan extenso, ¿cómo empiezas el proceso de investigación? ¿cómo dices “OK, voy a empezar por este lado”?

DC: Es parte de la metodología de la investigación. Primero hago un estado de la cuestión,  quiénes y dónde han hecho una exposición de este tipo y me di cuenta que en México no se había hecho nada similar, pero que en Europa en la Biblioteca Británica en Londres habían hecho un proyecto sobre alquimia y pues el boom acerca de los libros, por ejemplo, de aspectos relacionados con Harry Potter… o que el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona había hecho una exposición sobre adivinación en el arte contemporáneo. 

Entonces, me interesaba ver cómo habían ellos trabajado el tema para poder también nosotros lanzar la apuesta desde una propuesta de arte mexicano, que muchas de las obras son de artistas que ya sea que crearon sus obras aquí o que podemos tener guiños con artistas europeos para poder consolidar el discurso. Partimos de investigar quién ha hecho algo similar y a partir de eso comenzar con las preguntas: ¿qué es lo que queremos nosotros generar en el público como experiencia curatorial? ¿cuáles son las necesidades que tenemos como museo? 

Uno de los objetivos es realizar nuevas lecturas de la colección permanente, posicionarla al centro de los discursos curatoriales, generar nuevas lecturas desde la historia cultural de las imágenes, la historia de las ideas, de cómo podemos acercarnos a temas muy interesantes desde el arte y también la recuperación de los documentos históricos, porque hay muchos documentos de la biblioteca del museo. Nos interesa este carácter imaginativo documental con su carácter histórico vinculatorio a la obra de arte. 

Partiendo de esos ejes, yo empiezo a hacer una búsqueda de cuáles van a ser los núcleos que van a articular la muestra para que el público pueda entender cada tipo de adivinación, porque mancias hay muchísimas. Teníamos que acotar el tema. Decidimos hacerlo a partir de cuatro núcleos, cada uno nos lleva a la posibilidad de explorar una mancia y a partir de ello cerrar con una conclusión que titulamos “Terror cósmico”, que es una crítica hacia la modernidad con respecto a la vastedad del universo.

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SR: ¿Qué tanto te fuiste permitiendo en el proceso el admitir cosas fortuitas, aspectos que te ibas encontrando que posiblemente no lo tenías en el mapa?

DC: Tely Duarte, quien es una investigadora que tiene más de 50 años trabajando aquí en el instituto y que es una maestra para todos nosotros, siempre me dice algo: “Davicito, el curador no cura con lo que quiere, sino con lo que tiene”. 

Hay piezas que se “caen”, piezas que regresan, piezas que no se encontraban, piezas que pues las sentíamos muy seguras y de repente no hay posibilidad de que puedan venir a acá por cualquier circunstancia; uno tiene que construir un discurso de tal manera que “perder” una pieza no involucre la pérdida total del núcleo, sino que haya obras que complementen cada uno de los espacios, que puedan dialogar.

Y con ello sí había piezas que teníamos muy en mente porque hay una obra articuladora en cada uno de los núcleos que puede referir a qué va a tratar ese espacio expositivo, abriendo la posibilidad a la incertidumbre, que también trata de eso la exposición… obras que no teníamos contempladas y que por contactos que teníamos de un lugar u otro nos daban la posibilidad de que estuvieran dentro de la exposición.

SR: En la exposición ¿cuántas piezas son del MUNAL y cuántas son de otros museos o colecciones privadas?

DC: La cantidad total de las obras dentro de la exhibición son 196, de esas 196, el 45% es de la colección del INBAL, esto involucra al Museo Nacional de Arte, el Museo Nacional de San Carlos, el Museo de Arte Moderno y el Museo de Arte Carrillo Gil. 

A partir de eso tenemos instituciones gubernamentales del INAH, el Museo Regional de Guadalajara nos prestó piezas importantes, el Castillo de Chapultepec, otras más, la Fototeca Nacional y con ello ya pasamos a museos y acervos particulares como el Museo Franz Mayer, obras de coleccionistas como Andrés Blaisten, que son colecciones también muy importantes en el arte mexicano y que nos ayudaban a apuntalar el discurso para poder construirlo desde nuestra colección, pero también ayudándonos con otras piezas externas.

SR: Generalmente atribuimos las cuestiones de la adivinación a mujeres, como este tema de la persona que lee las cartas, quien generalmente es una mujer, una gitana por ejemplo… ¿qué tanto porcentaje encontraste de obras vinculadas a este tema hechas por mujeres?

DC: Nos interesa poder construir estos discursos desde la equidad en términos de una representatividad de mujeres artistas dentro de la exposición. Tenemos a mujeres como Lola Álvarez Bravo, Leonora Carrington, Remedios Varo, la maestra Eugenia Martínez. Vamos, lo que intentábamos es que pudieran dar cuenta también de que la actividad creativa del esoterismo no solamente está vinculada a una perspectiva en particular, ya sea hombre o mujer, sino a la amplitud del esoterismo como dispositivo de método creativo: cómo cada uno de estos artistas estuvieron involucrados en el tema. 

Los casos más importantes son de tres mujeres que tenemos aquí, Leonora Carrington, Remedios Varo y Alice Rahon, sobre ellas tres hicimos una selección muy particular porque ellas tienen obras muy vastas en diferentes colecciones pero queríamos darle cabida a otros artistas. Con Alice Rahon conseguimos “El ballet”; otra de las piezas importantes de la muestra es la de Leonora Carrington, la escultura “The Palmist”, así como una litografía sobre el espiritismo y unos tapices de la década de los años 50, y en el caso de Remedios Varo solamente es una pieza, pero da cuenta de estas exploraciones oníricas, esotéricas, alquímicas a las que se abandonó totalmente. 

Entonces sí hay una representatividad no solamente de mujeres que fueron retratadas, sino de mujeres artistas que crearon dentro de esta dinámica de lo esotérico.

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SR: David, como curador, ¿cómo sabes cuándo parar? Decir “ahora sí cerramos con esta cantidad, van a ser estas piezas y ya está”…

DC: Es un poco como en esta cuestión de la literatura que bien mencionan los escritores: “uno no termina los textos, sino que los abandona”, es la idea de: “ya tenemos un guión, tenemos obviamente tiempos que cumplir”. 

Es todo un proceso de una cadena de procedimientos con la museografía y el control de obra, tenemos cierto límite por los seguros, todo lo que implica un trámite importante que por más que queramos integrar de último minuto, las circunstancias institucionales tampoco lo permitirían. Evidentemente todo siempre es colegiado. Desde el departamento de curaduría es dialogarlo, platicando “cómo ven este núcleo, cómo se puede fortalecer, cuáles son las debilidades, cuáles son las piezas más fuertes, las más débiles, qué podemos hacer con ellas”.

Si se cae esta pieza, tenemos una opción B, una opción C. Hay que verificar cuáles otras otras colecciones están a la mano. Entonces, un poco, pues es respetar los tiempos que tenemos de entrega, asumir también cuando el proyecto ya ha tenido un curso y cuando se termina un núcleo… evidentemente podemos regresar, pero tenemos que soltar y hacer la selección final. 

Yo tenía una lista inicial de casi 350 piezas, de las que solamente se exhiben 196. Se quedaron fuera más de cien porque a lo mejor no eran parte del discurso o porque no había posibilidades de tenerlas. El espacio también no nos daba para colocar tantas piezas y debemos tomar esas decisiones en conjunto con el equipo de museografía, curaduría, registro.

SR: Si tuvieras que seleccionar uno de los núcleos, que dijeras “éste de verdad me representa mucho” o “me gustó mucho cómo quedó” o “me emocionó bastante el resultado” o “es el que me llama más la atención” ¿cuál sería?

DC: Creo que cada uno de los núcleos tiene una esencia importante. En términos personales, una de las obras favoritas para mí de la colección es “Terror cósmico” de Rufino Tamayo. Por eso titulé al último núcleo “Terror cósmico: La incertidumbre del futuro”. 

Me interesa que, si bien la exposición habla sobre adivinación, como te decía antes la línea o el leitmotiv es la incertidumbre. Al final, lo que planteamos es una crítica a la modernidad en el sentido de que vivimos en un mundo tan hiperracionalizado que no nos damos la posibilidad de pensar en lo mágico, en lo maravilloso, en las profundidades de nosotros mismos, en el inconsciente. 

Y el último núcleo plantea las que para mí son preguntas fundamentales en la dinámica de los museos: la primera, si es el arte un vehículo para conocer lo que no se puede, y la segunda, si es que los museos son espacios para construir futuros distintos de las realidades alternativas. Y con ello algo que me parece fundamental sobre la idea de que los museos son espacios de transformación social, que uno no sale de la misma manera como entra a los museos. 

Esta exposición nos brinda la posibilidad de jugar en términos mágicos, alquímicos, sobre un recorrido donde el visitante pueda salir transfigurado, que con esta dinámica conecte con una pieza y que si bien a lo mejor su primera acercamiento a la exposición es por el tema de la adivinación, tuvieron la posibilidad de ver obras de Goya, Durero, de Germán Gedovius, Rufino Tamayo, Remedios Varo, Leonora Carrington, que ese es nuestro principal objetivo dentro del museo, siempre colocar la colección al centro y pues hablar acerca de la historia cultural de las imágenes, la historia del arte y la historia de las mentalidades.

SR: En la plataforma de educación del MUNAL, ¿Tienen algún programa educativo vinculado con la exposición? 

DC: Sí, tenemos y hemos tenido varias actividades. Tuvimos un programa académico muy vasto con especialistas, quienes abordaron cada uno de los núcleos y las temáticas. 

Vino el doctor Mariano Leyva, que es especialista en espiritismo a hablar sobre el tema y sobre éste como un fenómeno histórico y cómo repercutió en México en diferentes estratos sociales. Vino la doctora Tere Arcq a hablar del tarot de Leonora Carrington, por ejemplo. Tuvimos la posibilidad de contar con la participación de Mayra Mendoza, que fue subdirectora de la Fototeca Nacional para hablar de las fotografías de clarividentes dentro de estos acervos, al maestro Roberto Ruiz Guadalajara para hablar de música y alquimia, a la maestra Eugenia Martínez, con la pieza del tarot para despatriarcalizar la fortuna con un perfomance de “tirar las cartas”, o con el autor del tarot chilango, Raúl Pérez, con un recorrido hablando de los arcanos y cómo están vinculadas sus fotos con el arquetipo del arcano en cada una de las obras.

Intentamos que si hay un programa académico, también exista un programa público de artistas que pueda ampliar el territorio hacia el arte contemporáneo. Tenemos actividades dentro del departamento educativo, con un espacio de mediación donde el departamento de educación con los chicos de servicio social y voluntariado, explican qué son los arcanos y cómo podemos acercarnos al espiritismo vinculándolo con la escritura automática del surrealismo. 

También a través de talleres que refieren a la técnica del collage, que era una técnica que los surrealistas utilizaban mucho y a partir de éste les pedimos que realicen sus propios arcanos. Entonces les damos la información de la iconografía de los 22 arcanos y ellos realizan su propia reinterpretación o también trabajando sobre las cajas mágicas que es un objeto que tenemos en la exposición. 

Es un divertimento del siglo XIX, una caja adivinadora y la gente puede venir, decorarla y llevarse su caja adivinadora para jugar. Entonces siempre la pregunta dentro de la curaduría es para quién curamos, desde dónde lo hacemos, con qué objetivo. 

Nos interesa mucho, primero, que podamos atraer a un público joven. De eso nos hemos dado cuenta, en muchos de los comentarios que tenemos en la libreta de comentarios (que es prácticamente una evaluación al final de la exposición) de que muchos jóvenes es la primera vez que vienen al museo y que esta exposición los llamó para venir y eso nos interesa, contextualizarlos con artistas que a lo mejor para nosotros son muy cercanos, pero que para ellos va a ser su primer contacto. 

Nos parece importante, y con eso también entender que los museos son un espacio de encuentro, un espacio de emoción, que en el aprendizaje se construye nuestro recorrido, sin emoción no hay posibilidad de acercarnos hacia otras latitudes en este tipo de conocimientos.

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@munalmx

SR: Algo que quisieras agregar como cierre de la entrevista que consideres importante que la gente sepa sobre esta exposición…

DC: Bueno, siempre lo comentamos, que a partir de estas nuevas visiones que queremos implementar dentro del museo, buscamos darle un giro distinto a la colección, abordarlo desde otras plataformas, que entendamos al museo como un espacio de transformación social.

De igual manera, simplemente reiterar la invitación a que se acerquen con una mirada abierta a este tipo de conocimientos, que en realidad a nosotros lo que nos ocupa es abordar el concepto artístico, la idea de esoterismo como dispositivo creativo de imaginación y  eso es lo que nos interesa mucho, dar una nueva lectura a nuestros acervos a partir de temas interesantes. La exposición estará hasta la segunda mitad de enero, así que les esperamos.

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Bajo el signo de Saturno, una experiencia artística vasta, sorprendente e inolvidable en uno de los recintos más bellos y emblemáticos de México.