Chicago: siempre hay una razón para volver (y casi siempre empieza en las alturas)

Chicago siempre encuentra la forma de llamarte de regreso. Y no, no es hype, en eso estamos de acuerdo con Michael Douglas: Hollywood is hype, New York is talk, Chicago is work. Tal vez hablaba de The City That Works, ese apodo que honra su historia de trabajo duro, manufactura y una manera muy aterrizada de estar en el mundo. Para mí, significa algo más simple y más honesto: aquí las cosas sí pasan.

Cada regreso confirma lo mismo. El skyline —ese que nunca está de más redescubrir en el Architectural River Tour— vuelve a robarte el aliento. Siempre hay una nueva exposición en el Museum of Contemporary Art, nuevas piezas de arte público (más de 500 repartidas por la ciudad, de Picasso a Miró), o Art on theMART iluminando la fachada del Merchandise Mart con la instalación de arte digital permanente más grande del mundo.

Y luego está la comida. Más de 7,300 restaurantes, más de 160 cervecerías, sede de los James Beard Awards. Desde lugares míticos como la pizzería favorita de Oprah (Chicago Pizza and Oven Grinder), las costillitas de Frank Sinatra en Twin Anchors, hasta ese restaurante mexicano que te recuerda a qué sabe la comida hecha para el alma —del primer chef mexicano con estrella Michelin que decidió renunciar al fine dining para recibirnos en Tzuco—.

Chicago sabe celebrar lo cotidiano y lo extraordinario en el mismo plato.

Si a eso le sumas más de 70 festivales de música y 40 de cine al año Lollapalooza, el Blues Festival, el Chicago International Film Festival— la ciudad prácticamente te pone la excusa perfecta para volver. Cualquier fin de semana puede convertirse en ese viaje.

Chicago: siempre hay una razón para volver (y casi siempre empieza en las alturas) - we-are-getting-ready-to-celebrate-with-you-viva-mexico-tzuco-tzucochicago-chefcarlosga
Tzuco, del chef Carlos Gaytán

La pieza que le da sentido a Chicago: verla desde arriba

Siempre recuerdo mis viajes a Chicago cerrando igual: una noche especial, con la ciudad abajo y el skyline despidiéndose. Un rooftop es el momento en que sientes que la ciudad cabe en tu mano cerrada, como si pudieras guardarla para después. Donde todo cobra sentido.

Los rooftops son poéticos porque te elevan y te anclan al mismo tiempo. Son un lugar de escape y conexión reunidos. Un refugio sobre el ruido constante de la calle. Y hay una imagen que no se me borra jamás: la luz cayendo y acariciando los techos cubiertos por una capa ligera de nieve, 1979 de los Smashing Pumpkins sonando de fondo, un cóctel en la mano, y Chicago extendiéndose frente a mí como una promesa cumplida.

Ese recuerdo tiene nombre y dirección: Chicago 360, en el edificio 875 N Michigan Ave.

Chicago: siempre hay una razón para volver (y casi siempre empieza en las alturas) - chicago-night-lights-hello-360chicago-one-of-my-favorite-views-of-the-hancock-building-w
@360chicago

Una escapada de 48 horas: toda la Magnificent Mile

Para tu próxima escapada, hazlo simple y poderoso: invierte el viaje en la Magnificent Mile. Exactamente una milla que conecta el Fairmont Chicago, Millennium Park —el stay ideal— con el icónico edificio 875 N Michigan Ave (sí, el que todos siguen llamando Hancock).

Empiezas en Millennium Park, donde el Bean refleja a media ciudad y donde el Art Institute of Chicago prácticamente se abre hacia el parque. Sigues caminando por Michigan Avenue, entre tiendas que van desde la impresionante Harry Potter Shop (aunque no seas fan, sales con ganas de comprarte una varita) hasta el Starbucks Reserve.

En invierno, la caminata se vuelve hopping de tienda en tienda; en primavera y verano, es puro goce urbano. Y cuando el frío aprieta, sabes que arriba te espera una recompensa.

El edificio 875 N Michigan Ave: el spot para marcar en tu lista

Si conoces Chicago, conoces su silueta. El edificio con la X gigante en la fachada es parte de una ingeniería que desafía el viento. El sistema de trussed tube maneja la fuerza del viento, reduce columnas internas y maximiza el espacio.

Fue el primero de su tipo y, además, el primer edificio de uso mixto del mundo, combinando áreas comerciales y residenciales. Yes, ¿te imaginas vivir ahí, casual en el piso 92? Los elevadores de Chicago 360 están entre los más rápidos del mundo. Suben a 549 metros por minuto y te llevan al piso 94 en apenas 40 segundos. Más rápido que Willis Tower y el Empire State.

Arriba, a 314 metros de altura, se abre 360 CHICAGO.

Chicago 360 y la experiencia que te deja frente al vacío (TILT)

El mirador ocupa 1,613 metros cuadrados —el equivalente a cuatro canchas de básquet— rodeado por 104 ventanas de casi tres metros de alto. Desde aquí ves todo: Navy Pier, el lago Michigan, Willis Tower, Water Tower Place, las playas, y esa geometría perfecta que solo Chicago sabe ordenar.

Más de 650,000 personas lo visitan cada año. Desde 2012, más de 5 millones han pasado por aquí. Pero cada visita se siente personal. Especialmente al atardecer.

Y luego está TILT. Ocho metros de vidrio y acero que se inclinan 30 grados hacia afuera, suspendidos sobre Chestnut Street. Es una experiencia física y mental. Construida con 15 toneladas de acero y dos toneladas de vidrio —cada panel puede sostener el peso de un jugador de los Chicago Bears—, utiliza más de 2,300 litros de fluido hidráulico por hora y tiene la potencia para levantar el peso de un elefante adulto. Así que, ntp.

Hay también una historia que me encanta: la de la mujer que propuso la idea. Cuando el proyecto estaba por inaugurarse, ella, embarazada, subió varias veces para ir evaluando la experiencia —por supuesto, solo cuando todo era 100% seguro—. Ese detalle lo dice todo: TILT se vuelve divertido, amigable, te invita a a confiar.

Desde 2014, casi 3 millones de personas han enfrentado aquí su miedo a las alturas. El atardecer desde aquí es un espectáculo que redefine el concepto de vértigo.

CloudBar: beberte Chicago barrio por barrio

Después, el CloudBar. El bar de cócteles más alto, renovado en 2022, mezcla un aire europeo con la esencia de los barrios de la ciudad; recorres Chicago en forma líquida.

Los cócteles se inspiran en Lakeview, Bronzeville, Little Village, Hyde Park, Gold Coast. El favorito: el Heavenly Martini, azul, con una burbuja aromática que imita una nube. Buena música, excelentes snacks locales (Garrett Popcorn, Carol’s Cookies, Kikwetu Coffee).

Más allá del mirador (porque Chicago siempre da más)

A media cuadra está el Museum of Contemporary Art, dedicado a artistas contemporáneos y exposiciones que dialogan con el presente y la la escena local.

¿Comer en la Magnificent Mile? Desde un lunch relajado en Evie —burger o tuna bowl impecables— hasta un clásico obligatorio: Lou Malnati’s. Su deep dish es todqa una ciencia: buttercrust hecha a mano, mozzarella de una sola granja en Wisconsin, tomates seleccionados personalmente en California, y una salchicha con receta secreta, sin fennel, extendida en capa sólida.

Si vas en enero, apunta Chicago Restaurant Week, el evento gastronómico más grande del invierno: menús prix fixe ideales para descubrir nuevos favoritos o volver a clásicos.

Y nunca saltes el Shoreline Sightseeing Architectural River Tour. Cada edificio cuenta una historia… y escogerás tu favorito; desde el St. Regis de Jeanne Gang —el edificio más alto del mundo diseñado por una mujer— hasta algo más antiguo como el Carbide & Carbon Building, ese que parece una botella de champagne coronada en oro, hoy el Pendry Chicago.

Chicago: siempre hay una razón para volver (y casi siempre empieza en las alturas) - weekend-plans-may-we-suggest-an-architecture-tour
@shorelinesightseeing

El stay ideal: Fairmont Chicago, Millennium Park

Una gran poción si buscas un hotel que te conecte con la ciudad. Ubicación, vistas al lago y a los parques, habitaciones amplias, Fairmont Gold para quien busca un extra, spa, gimnasio, Pedway directo, propuestas gastronómicas como Toro by Richard Sandoval, y un enfoque real en sostenibilidad.

Chicago: siempre hay una razón para volver (y casi siempre empieza en las alturas) - the-coziest-place-to-come-home-to-after-a-long-day-freshly-pressed-sheets-soft-glow-and-the-k
@fairmontchicago

Y un último desvío (porque así es Chicago)

Desde lo alto, en invierno, la ciudad cubierta de nieve es incomparable. Desde Navy Pier —donde ahora existe FlyOver Chicago, una experiencia que no le pide nada a Soarin’ de Disney— hasta Lincoln Park, una neighborhood menos turística, llena de tiendas y cafés locales como Bourgeois Pig, con su aire vintage y sándwiches nombrados en honor a figuras literarias.

Ahí entiendes que Chicago no se agota nunca. Que siempre hay una nueva razón para volver. Que un fin de semana basta. Y que, casi siempre, todo empieza mirando la ciudad desde arriba, con un cóctel en la mano y la sensación clara de estar exactamente donde debes estar.

Chicago espera. Siempre.