Chablé Yucatán: el lugar que cambió mi concepto de hospedaje

“¿Es la primera vez que nos visita? Porque va a querer regresar. Las personas que vienen aquí, siempre se van de forma diferente, ya me contará cuando vaya de salida”, me dijo Rudy, quien trabaja en Chablé como conductor para recoger a los huéspedes del aeropuerto y llevarlos a la propiedad.

No se equivocó. He visitado muchos lugares, pero pocos han cambiado mi visión sobre lo que significa la hospitalidad, el descanso y sobre todo, la desconexión.

¿Por qué deberías visitar Chablé Yucatán al menos una vez?

Chablé Yucatán es mágico, entrar es como atravesar un portal donde todo se siente ligero, especial y amigable. Mi estancia comenzó justo así: sin prisa. “Mi casita”, con alberca privada, fue una invitación diaria a quedarme, a no hacer nada, a simplemente estar y escuchar el concierto de la naturaleza en todo su esplendor. Cuando decidía salir, era para estar en sintonía con todo lo que había alrededor, incluidos los venados cola blanca que caminan libremente por el lugar.

El primer acercamiento al bienestar llegó con la hidroterapia ancestral en el spa, un recorrido sensorial que relaja el cuerpo y de alguna manera te obliga a soltar. Es difícil explicarlo, pero hay un punto en el que dejas de pensar y solo sientes. Hoy en día, eso es rarísimo.

La experiencia gastronómica merece capítulo aparte. En Ixi’im, dentro de lo que alguna vez fue la casa de máquinas de una hacienda henequenera, cada platillo es una reinterpretación sofisticada del origen yucateco. Eso sin contar con el deleite que es recorrer el restaurante, porque además cuenta con la colección de botellas de tequila más grande del mundo, sumando más de 2800 etiquetas.

Aquí el menú degustación, diseñado por los chefs Jorge Vallejo y Luis Ronzón, es perfectamente congruente con todo lo que ves y todo lo que te dicen. Hay territorio, historia, cultura y técnica en cada plato.

Pero también hay espacio para lo cotidiano, desayunar en La Granja de Abu y ver de cerca lo que con amor y cuidado han creado para los animalitos y las familias (y que también está abierto al público) o desayunar con Las Tías en la Cocina Maya es volver a lo esencial. Recetas tradicionales, hechas como en casa, con ese sabor que no se puede replicar porque viene de generaciones. Panuchos de cochinita, salbutes, huevos motuleños… todo tiene ese toque especial sazonado “a ojo”, que te lleva a otro nivel.

Experiencias como la consulta con el mixólogo en Sikar Bar se sienten más como un juego creativo que como una actividad programada. Y específicamente es ideal para conocer un poco más de tu personalidad, a través de los cocteles que preparan según tus gustos.

Al recorrer Chablé en bicicleta o caminando, descubrí lo que tiene para revelar: flora, fauna, historia… todo aparece de forma orgánica, sin imponer. Te sientes parte sin ser invasivo. Y justo ahí está la clave: nada se siente forzado. Está perfectamente diseñado para que encuentres tu propio ritmo y bajes las revoluciones sin darte cuenta.

Antes de irme, hubo un último gesto: la transformación del cacao. Aprender a hacer chocolate desde la semilla fue simbólico y también el cierre perfecto. Porque eso hace Chablé contigo: toma algo cotidiano y lo transforma en algo que no olvidas.

Residencias Chablé: cuando irte deja de ser una opción

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Después de vivir Chablé, la idea de quedarte no suena descabellada. Y justo de eso se trata su siguiente paso.

Con The Residences at Chablé Yucatán, la marca lleva su filosofía más allá del hospedaje para convertirla en estilo de vida. Ubicadas en Chocholá, junto al hotel, estas residencias privadas están pensadas para quienes buscan algo más que una casa: un refugio en medio de la selva con acceso directo a todo lo que hace especial a Chablé.

El proyecto, desarrollado por José Lombana, apuesta por una arquitectura que se mezcla perfectamente con el entorno. Espacios amplios, integración entre interior y exterior, albercas privadas y la posibilidad de sumar amenidades como spa, gimnasio o incluso cine en casa. Todo con un diseño que respira Yucatán, pero desde una perspectiva moderna, lujosa y artística.

Las residencias van de dos a cinco recámaras y se entregan completamente listas para habitar. Lo que realmente se está comprando aquí es acceso a una forma de vida: bienestar, privacidad y una conexión constante con la naturaleza.

Además, los propietarios no solo viven en Chablé, forman parte de él. Tienen acceso a su icónico spa del cenote, a su propuesta gastronómica de clase mundial y a toda la programación de experiencias que hacen del lugar algo único.

Con desarrollos también proyectados en Valle de Guadalupe y Costalegre, Chablé está expandiendo su presencia y le está dando un nuevo significado a lo que significa vivir bien en México. Porque después de conocerlo, la verdadera pregunta no es si regresarías… sino cuánto tiempo podrías quedarte.