15 cafés y bares donde grandes escritores crearon obras inmortales

Cada uno de estos cafés y bares cuenta una historia diferente, pero todos comparten algo: fueron los laboratorios creativos donde se gestaron algunas de las obras más importantes de la humanidad. Lo más fascinante es que muchos siguen abiertos, esperándote… y sí, hay uno en CDMX.

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¿Alguna vez pensaste que tu café favorito podría servir algo más que lattes? Algunos cafés legendarios fueron el escenario donde nacieron obras que cambiaron la literatura para siempre.

No hablamos de cualquier Starbucks. Hablamos de lugares como El Floridita, en La Habana, donde Hemingway perfeccionaba su daiquiri mientras gestaba Por quién doblan las campanas; o The Eagle and Child, en Oxford, donde Tolkien y C.S. Lewis discutían mundos que aún nos fascinan. Jack Kerouac encontró refugio en el Vesuvio Café de San Francisco, y en Budapest, el New York Café vio a escritores crear hasta el amanecer.

Estos 15 spots fueron templos de inspiración para figuras como Dickens, Borges y Agatha Christie. Algunos cargan tragedias —en el White Horse Tavern, Dylan Thomas bebió su última copa—; otros, como La Closerie des Lilas en París, se volvieron hogares creativos lejos de casa.

Cafés y bares tan legendarios que inspiraron obras maestras de literatura

Café Tortoni, Buenos Aires, Argentina

Desde 1858, Tortoni es el corazón literario de Buenos Aires. Borges, Alfonsina Storni, García Lorca y Ortega y Gasset debatieron aquí durante décadas. En su sótano nació “La Peña”, uno de los círculos culturales más influyentes del país. Vitrales, mármol y tango mantienen viva la tradición. No por nada el Día de los Cafés se celebra en honor a este lugar.

El Floridita, La Habana, Cuba

Fundado en 1817,es la cuna del daiquiri y el bar donde Hemingway pidió su bebida perfecta: sin azúcar y con doble ron. Así nació el Papa Hemingway. Se dice que aquí tomó forma Por quién doblan las campanas, entre tragos y conversaciones.

Ezra Pound, Graham Greene y Dos Passos también pasaron por la barra. Constante Ribalaigua inventó aquí el daiquiri congelado, y hoy una escultura de bronce marca el lugar exacto donde Hemingway bebía.

Café de Flore, París, Francia

Abierto desde 1885 en el Boulevard Saint-Germain, es uno de los cafés literarios más influyentes de París. Empezó como un espacio conservador, después de la Primera Guerra Mundial se convirtió en refugio de vanguardias intelectuales.

Aquí Guillaume Apollinaire acuñó el término surrealismo, y décadas después Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir lo transformaron en su oficina diaria. Y a solo 44 metros está su rival histórico, Les Deux Magots, como dos hermanos compitiendo eternamente por atraer a los intelectuales más cool de París.

Camus, Hemingway y Juliette Gréco fueron habituales. El interior Art Déco permanece casi intacto y no hay música: la conversación es sagrada. Desde 1994 entrega el Prix de Flore, que premia a jóvenes escritores con €6,100 y un año de vino diario servido en una copa con su nombre.

The Eagle and Child, Oxford, Inglaterra

Conocido como “Bird and Baby”, este pub del siglo XVII fue el laboratorio creativo de los Inklings. Tolkien y C.S. Lewis se reunían aquí durante décadas para leer y discutir manuscritos. Las Crónicas de Narnia y partes de El Señor de los Anillos pasaron por estas mesas. Cerró en 2020, pero será restaurado. Porque hay lugares demasiado importantes para perderse.

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Desde 1949, este bar giratorio del Hotel Monteleone ha dado vueltas junto a la literatura sureña. Faulkner, Tennessee Williams, Capote y Hemingway bebieron aquí. Eudora Welty escribió The Purple Hat sentada en el carrusel. Cada 15 minutos el bar completa una vuelta completa. En 1999, el hotel fue designado Literary Landmark, asegurando su lugar en la historia.

The George Inn, Londres, Inglaterra

Escondido en Southwark, The George Inn es la última posada con galerías que queda en Londres. Su estructura influyó directamente en los teatros isabelinos, incluido el Globe. Dickens era cliente habitual y lo mencionó en La pequeña Dorrit y Nuestro común amigo.

Aunque no hay prueba escrita de que Shakespeare bebiera aquí, el primer Globe estaba literalmente a minutos caminando. El patio, con forma de anfiteatro, fue escenario de representaciones antes de que existieran teatros formales. Hoy, entre adoquines, escaleras crujientes y galerías de madera, sigue siendo una cápsula del Londres literario que casi desapareció.

Les Deux Magots, París, Francia

Lo que empezó como una tienda terminó convirtiéndose en uno de los cafés literarios más influyentes del mundo. Aquí Hemingway escribió partes de El sol también sale; Picasso conoció a Dora Maar en estas mesas, mientras Camus, Joyce y Brecht entraban y salían con naturalidad.

Desde 1933 también entrega su Prix des Deux Magots a novelas fuera de lo convencional. Hoy recibe muchos turistas, pero sigue organizando talleres y eventos literarios. O sea, permanece como un café vivo.

Vesuvio Café, San Francisco, EE. UU.

Abierto en 1948 frente a City Lights, Vesuvio fue el cuartel general de la Generación Beat. Ginsberg, Ferlinghetti y Neal Cassady bebían aquí antes de cambiar la poesía estadounidense. Jack Kerouac convirtió el lugar en leyenda y terminó inmortalizado en Big Sur.

El callejón contiguo lleva hoy su nombre. Cada pared está cubierta de arte, citas y recuerdos. Sigue siendo un bar ruidoso, bohemio y auténtico, donde el espíritu rebelde nunca se fue.

Literary Café, San Petersburgo, Rusia

Aquí Alexander Pushkin tomó su último café antes del duelo que lo mató. Hoy una figura de cera lo espera junto a la ventana. Dostoyevski también pasó por aquí y conoció a Petrashevsky, lo que lo llevó a prisión y trabajos forzados. El interior recrea un salón literario del siglo XIX, elegante y melancólico. Un lugar donde la literatura rusa mostró su cara más bella… y más trágica.

Café La Habana, Ciudad de México

Aquí Fidel Castro y el Che planearon la Revolución Cubana… mientras Octavio Paz y García Márquez escribían. Roberto Bolaño convirtió el lugar en cuartel del infrarrealismo. El ambiente sigue intacto: café fuerte, mesas antiguas y conspiración intelectual flotando en el aire.

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White Horse Tavern, Nueva York, EE. UU.

Aquí Dylan Thomas bebió sus últimas copas en 1953. Kerouac fue cliente tan problemático que llegaron a vetarlo. Ginsberg, Baldwin, Mailer y Hunter S. Thompson también frecuentaban el lugar. La barra original y el neón de 1946 siguen intactos. Es tragedia, bohemia y literatura concentradas en una sola taberna.

Café Bräunerhof, Viena, Austria

Café Bräunerhof es una cápsula del tiempo de la Viena intelectual. Abierto a inicios del siglo XX, fue el refugio predilecto de Thomas Bernhard, quien escribió aquí durante décadas. Desde estas mesas observaba la sociedad austriaca con la acidez que lo hizo famoso.

El lugar conserva intacta la cultura del café vienés: lámparas de globo, mesas de piedra y meseros de otro siglo. No hay WiFi, pero sí valses en vivo los sábados.

*se encuentra temporalmente cerrado, en agosto de 2025 se anunció su próxima reapertura bajo nuevos operadores.

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New York Café, Budapest, Hungría

Inaugurado en 1894, fue el centro de la vida literaria húngara. Escritores trabajaban aquí hasta el amanecer, con papel y tinta provistos por el café. Una leyenda dice que la llave fue arrojada al Danubio para que nunca cerrara. Sándor Márai lo resumió así: “No hay literatura sin café”. Hoy es opulento, turístico pero aún profundamente inspirador.