Milán tiene fama de ciudad de moda y diseño, pero en los últimos años se ha ganado un lugar completamente propio en el mapa del café de especialidad europeo. Lo que antes era territorio exclusivo de Copenhague, Londres o Ámsterdam, ahora ocurre también en calles milanesas: cafés con curaduría de granos de autor, pasteles de fermentación lenta y ambientes que dan ganas de quedarse horas. Si vas a Milán, estos seis son parada obligatoria.
Las mejores coffee shops en Milán
Atelier Prato
📍 Via San Nicolao 4
Atelier Prato nació como una idea de las hermanas Violeta y Pia Martínez, argentino-italianas que viajaron por el mundo antes de aterrizar en Milán, y construyeron un espacio que refleja exactamente eso: sin prisa, bonito y discretamente internacional. Lo que lo hace único es que es mitad café y mitad florería: mientras esperas tu matcha latte o tu croissant de pistacho, puedes ver cómo arman bouquets personalizados en el rincón del fondo. El café es de Nudo Artisan Coffee, con un enfoque en orígenes sudamericanos que es un guiño directo a sus raíces argentinas. Los fines de semana la fila puede llegar a 30 o 50 minutos, y la gente se queda. Eso lo dice todo.


Sisu
📍 Via Gaudenzio Ferrari 1
Sisu es una panadería contemporánea con oferta internacional: croissants franceses, opciones para veganos e intolerantes al gluten, y un programa de café de especialidad que rota entre pequeños tostadores sin atarse a ninguno en particular. El interior es limpio y natural, el ritmo es tranquilo, y la selección de pasteles es amplia, servida junto a un menú de café de temporada que incluye espresso y métodos alternativos. Está en la zona de la Darsena, uno de los barrios más agradables para caminar en Milán, y funciona también como punto de encuentro entre semana para los que quieren trabajar en un lugar que no sea una oficina.


Orsonero Coffee
📍Via Giuseppe Broggi 15
Orsonero es el pionero. Cuando Brent Jopson y Giulia Gasperini llegaron de Vancouver a Milán, encontraron una ciudad anclada en la tradición: espresso al mostrador, tueste oscuro, azúcar siempre a la mano. Así que construyeron un puente. Orsonero fue uno de los primeros lugares en la ciudad en desafiar respetuosamente el paladar italiano, no para reemplazar la tradición, sino para expandirla. El tostador principal es Gardelli, uno de los más reconocidos de Italia, con cafés limpios y brillantes que siguen respetando la preferencia italiana por la estructura. Los tostadores invitados rotan y traen acidez nórdica y claridad frutal que hacen la experiencia completamente distinta cada visita. Pequeño, enfocado y con fila en la puerta los fines de semana. Vale cada minuto de espera.


Loste
📍 Via Francesco Guicciardini 3
El nombre combina los apellidos de Lorenzo Cioli y Stefano Ferraro, quienes se conocieron en Noma, el restaurante danés de René Redzepi. Antes de abrir Loste en 2021, Ferraro fue jefe de pastelería en Noma y trabajó con Joël Robuchon y Gordon Ramsay. Cioli fue sommelier en restaurantes de Londres y Copenhague, y descubrió el café de especialidad por casualidad al conocer al tostador noruego Tim Wendelboe. El resultado de ese encuentro es un café con influencia escandinava muy marcada: cinnamon buns, cardamom rolls, pear danishes y un flat white hecho con granos de April Coffee de Copenhague. También tiene menú de almuerzo pequeño y estacional. Una de las mesas más difíciles de conseguir sin hacer fila en Milán.


Onest
📍 Via Gerolamo Turroni 2,
Onest tiene una terraza con encanto y una atmósfera cálida y alegre. Lo que lo distingue es que la educación está en el centro de su propuesta: el equipo se toma el tiempo de explicar qué estás bebiendo y por qué sabe como sabe. Los granos vienen de Gearbox y Clandestino, un proyecto hermano que selecciona y tuesta sus propios granos. Los métodos van desde espresso hasta pour-over, cold brew y filtro del día. Y cuando llega la tarde, el espacio se transforma en bar de vinos y restaurante, razón suficiente para quedarse más tiempo del planeado. Si vas, no te saltes el patio trasero.


Signor Lievito
📍 Via Maestri Campionesi 26
Esta es la historia más bonita de la lista. Natalija Nikitina empezó a hornear pan en casa para sus hijos durante la pandemia, luego empezó a repartir hogazas en bicicleta por el barrio, y cuando se dio cuenta de que lo que hacía era especial, abrió Signor Lievito. La panadería se especializa en pan de masa madre y repostería de inspiración nórdica: bulka letona, cinnamon rolls y pan de centeno, todo elaborado con una masa madre de más de 120 años de antigüedad. El espacio combina madera de abedul y arcilla de terracota, creando una atmósfera que conecta lo nórdico con lo mediterráneo sin que ninguno le gane al otro. Es pequeño, lleno casi siempre y completamente irresistible.


Milán tiene muchas razones para visitarla. Estas seis son la excusa perfecta para madrugar.

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