Qué hacer, ver y comer en tu siguiente viaje a Alaska

Alejada del turismo masivo y dominada por glaciares, fiordos, bosques infinitos y fauna salvaje, Alaska es una de las regiones más espectaculares del planeta. Aquí se puede venir a descansar, pero también a explorar. Esta guía propone un recorrido muy a fondo y con espíritu aventurero, desde Anchorage hasta la remota Nome, entre paisajes que exigen botas, brújula y ganas de descubrir.

Ubicarse en Anchorage y moverse desde ahí

La ciudad más grande de Alaska funciona como punto de partida ideal. Desde aquí, la mejor opción es rentar un coche para moverse con libertad, aunque también existe la alternativa del tren panorámico de Alaska Railroad que conecta con destinos como Denali o Seward. Si se opta por coche, la Seward Highway es uno de los trayectos escénicos más hermosos del estado.

Además de servir como punto de partida hacia otras regiones de Alaska, Anchorage ofrece múltiples actividades. Se pueden recorrer senderos escénicos como el Tony Knowles Coastal Trail, ideal para caminatas o paseos en bicicleta con vistas al mar, o subir a Flattop Mountain dentro del cercano Chugach State Park. Desde aquí también parten vuelos panorámicos en hidroavión hacia glaciares como Knik o incluso Denali, y excursiones híbridas que combinan tren panorámico y kayak entre icebergs en Spencer Glacier. La observación de vida silvestre es posible incluso en zonas urbanas como Potter’s Marsh, mientras que el Alaska Wildlife Conservation Center, a una hora de distancia, permite ver osos, alces y bisontes en semi-libertad. Y si se busca una escapada de un día, Seward y Girdwood están a una distancia perfecta para combinar glaciares, naturaleza y cultura local.

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Foto de Zetong Li en Unsplash

Explorar Denali National Park

Para llegar al parque más icónico de Alaska, Mount Denali, que también es el pico más alto de América del Norte desde Anchorage, se hacen aproximadamente cinco horas y media en coche u ocho horas vía Alaska Railroad. Es importante saber que el acceso vehicular interno está limitado hasta el kilómetro 15; más allá, solo se puede avanzar a pie, en bicicleta o en autobuses operados por el parque. Hay tres tipos de autobus: gratuitos (como el Savage River Shuttle hasta el km 15), de tránsito y turísticos que te acercan hasta mid-park Road. Los viajeros pueden descender en paradas como Savage River para hacer senderismo —por ejemplo, por el Triple Lakes o Alpine Trail— o caminatas improvisadas fuera de ruta, siempre respetando normas de seguridad y contacto con fauna salvaje.

Para inmersiones más profundas en el paisaje, existen camionetas estilo RV para quienes acampan dentro del parque o permitiéndoles participar en hikes acompañados de guardabosques. El Denali Visitor Center funciona como base de interpretación (exposiciones, pláticas, demostraciones con perros de trineo y punto de partida para recorridos guiados por rangers). Las vistas del Monte Denali son difíciles de conseguir, sólo 30% las logra ver debido a la nubosidad, por lo que muchas visitas incluyen paradas en miradores como Mountain Vista o Puncheon Creek. Además, hay opciones de aventura adicionales fuera de la carretera principal: rafting en ríos como el Nenana, excursiones ATV y sobrevuelo en avioneta con aterrizaje en glaciar (flightseeing), ofreciendo una mirada panorámica del Monte Denali, sus glaciares y las cascadas heladas. Una estancia óptima es de al menos dos noches.

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Foto de Lukas Ruzicka en Unsplash

Parque Nacional y Reserva Bahía de los Glaciares (Glacier Bay)

Ubicado en el sureste de Alaska y declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, este parque ofrece un espectáculo natural dominado por fiordos profundos, glaciares activos y una biodiversidad sorprendente. No cuenta con carreteras internas, por lo que la mayoría de los visitantes accede por barco o avión, generalmente desde Juneau o Gustavus.

Bartlett Cove es el único punto con servicios dentro del parque: allí se encuentra el centro de visitantes, senderos interpretativos, zonas de camping y muelle para embarcaciones. Desde este enclave parten excursiones en kayak entre icebergs, paseos en lancha hacia glaciares de marea que se desprenden directamente en el océano, y caminatas breves por selvas costeras llenas de musgo y abetos.

El avistamiento de ballenas jorobadas, leones marinos y puffins (especies de aves marinas conocidas como frailecillos atlánticos), es común durante los recorridos acuáticos, mientras que los vuelos panorámicos permiten apreciar desde el aire la magnitud de la Fairweather Range y glaciares remotos de difícil acceso. Para viajeros más aventureros, el parque y su zona de reserva ofrecen rutas de backpacking y expediciones en rafting por ríos como el Alsek, donde se combinan la navegación, el camping y la contemplación de glaciares interiores. Además, con más de 270 especies de aves, el parque es un sitio clave para la observación de aves costeras y migratorias, tanto en travesías como desde los miradores cerca del Visitor Center.

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Foto de Richard Young en Unsplash

Si lo que quieres es caminar sobre glaciares

Una de las experiencias más impactantes de Alaska es caminar sobre un glaciar, y hay varias formas de hacerlo según el nivel de aventura y accesibilidad:

  • Spencer Glacier: se accede mediante un vuelo en helicóptero desde Girdwood o Anchorage, que permite sobrevolar la cordillera Chugach antes de aterrizar directamente sobre el glaciar. Acompañados de guías certificados y equipados con crampones (piezas metálicas tipo púas que se amarran a la suela de la bota para tener grip en el hielo) , los visitantes caminan sobre superficies heladas azules, atraviesan grietas y exploran formaciones cristalinas. La excursión dura un día completo y ofrece rutas de hasta dos millas sobre el hielo, ideal para quienes buscan una experiencia técnica, remota y escénica.
  • Comet Glacier: esta opción combina vuelo panorámico, navegar entre icebergs con kayak y finalizar con una caminata sobre el glaciar, rodeados de cascadas rocosas y formaciones naturales impresionantes. Es una actividad exigente de nueve a diez horas, recomendada para quienes quieren combinar deporte, naturaleza y exploración activa en un entorno alejado de multitudes.
  • Portage Glacier: a solo una hora de Anchorage, es la opción más accesible para vivir el entorno glaciar sin necesidad de equipo técnico. Ofrece senderos como Portage Pass Trail y Byron Glacier Trail, que conducen a miradores naturales donde se observa el frente glaciar. También es posible tomar un barco turístico por el lago frente al glaciar, acompañado de guías que explican su historia y dinámica. Es una excelente alternativa para familias, personas con tiempo limitado o quienes prefieren una experiencia más contemplativa. En temporada, hay excursiones privadas que incluyen rafting tranquilo, campamento junto al lago y caminatas en el entorno. Además, acampar en Chugach National Forest o cerca de Portage Glacier permite vivir la naturaleza en su máximo esplendor. Las zonas designadas para camping están bien señalizadas y permiten establecer tiendas junto a lagos, rodeados de silencio y paisajes glaciales. También es posible acampar dentro de Denali, con permisos previos, en zonas designadas o en modalidad backcountry.
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Foto de Ella Deane en Unsplash

Exploración activa entre glaciares, fiordos y fauna silvestre

Quienes buscan conectar con la naturaleza de forma activa encuentran en Alaska un escenario privilegiado. Estas son algunas de las mejores experiencias para explorar su entorno de forma inmersiva:

  • Excursiones en barco por fiordos glaciares: desde Seward o Whittier parten recorridos hacia Kenai Fjords y Prince William Sound, donde es común observar orcas, ballenas jorobadas, lobos marinos y puffins. Los barcos de grupos reducidos permiten una experiencia más cercana e interpretativa. Se navega entre glaciares que se desprenden directamente en el mar, con la posibilidad de avistar icebergs flotantes, aves costeras y costas boscosas que parecen intactas desde hace siglos.
  • Kayak entre icebergs y acantilados de hielo: ya sea en lagos glaciares interiores o en aguas costeras, el kayak permite deslizarse junto a bloques de hielo y bajo paredes de roca cubiertas de musgo y nieve. Es una experiencia que exige equilibrio y cierta resistencia física, pero recompensa con una conexión profunda con el paisaje.
  • Rafting en ríos de montaña: ríos como el Six Mile Creek, cerca de Anchorage, ofrecen tramos de rápidos de nivel intermedio rodeados de montañas escarpadas, cañones y vegetación boreal. Las excursiones incluyen equipo completo, guía especializado y medidas de seguridad.
  • Senderismo en parques nacionales y estatales: Alaska cuenta con cientos de senderos que cruzan tundra alpina, bosques densos y valles glaciares. En rutas como Flattop Mountain, Triple Lakes o Savage River, es común encontrarse con alces, osos negros o águilas calvas. Los caminos están bien señalizados y existen opciones tanto para principiantes como para senderistas experimentados.
  • Avistamiento de fauna en entornos accesibles: Potter’s Marsh o Bird Creek, muy cercanas a Anchorage, permiten observar aves migratorias, castores y otras especies en zonas semiurbanas y bien adaptadas al visitante. Son ideales para quienes tienen poco tiempo o viajan en familia, sin sacrificar la posibilidad de ver vida silvestre en su entorno natural.
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Foto de Ray Hennessy en Unsplash

Auroras boreales entre octubre y marzo

Alaska es uno de los mejores lugares del mundo para observar auroras boreales, especialmente durante los meses de octubre a marzo, cuando las noches son más largas y oscuras. Fairbanks, ubicada directamente bajo el “óvalo auroral”, ofrece una de las tasas más altas de avistamiento en todo el hemisferio norte. Existen múltiples opciones para disfrutar de este fenómeno natural: desde lodges especializados y cabañas panorámicas con ventanales orientados al norte, hasta iglús modernos con techos transparentes diseñados para ver el cielo desde la cama. Muchos alojamientos ofrecen alertas nocturnas para que los huéspedes no se pierdan ninguna aparición. Además, hay tours guiados que conducen a las afueras de la ciudad, lejos de la contaminación lumínica, donde se pueden combinar las luces del norte con experiencias como baños en aguas termales, pesca en hielo o paseos en motonieve.

También existen talleres de fotografía nocturna y tours en grupo reducido que se enfocan en capturar las mejores imágenes del fenómeno. Lugares como Cleary Summit, Murphy Dome y Chena Hot Springs son puntos habituales para ver auroras, y muchos operadores locales ofrecen traslados, refugios cálidos y asistencia técnica durante la noche.

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Foto de Nandita Damaraju en Unsplash

Ciudades, cultura y tradiciones

Además de Anchorage, otras ciudades como Fairbanks, Juneau, Sitka y Ketchikan permiten explorar la historia local, la arquitectura con influencias rusas y la vida cotidiana en entornos extremos. Anchorage alberga museos destacados como el Anchorage Museum, con colecciones de arte inuit, historia natural y cultura del Círculo Polar, y el Alaska Native Heritage Center, que presenta las tradiciones vivas de los 11 pueblos originarios del estado mediante danzas, relatos orales y demostraciones de oficios tradicionales. En Fairbanks, el Museum of the North y el Morris Thompson Cultural Center narran la evolución del estado a través de arte, fósiles, registros históricos y exhibiciones inmersivas. En Sitka, el Sitka National Historical Park destaca por su colección de tótems y talleres interpretativos. Además, en cada ciudad existen mercados y ferias donde se pueden adquirir artesanías nativas auténticas con certificación Silver Hand, como figuras talladas en hueso de morsa, joyería con ámbar o cestas de corteza de abedul. Esta riqueza cultural se complementa con más de 60 museos y centros regionales que permiten al visitante sumergirse en el arte, la historia y la identidad viva de Alaska.

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Foto de Freysteinn G. Jonsson en Unsplash

Festivales locales

Entre marzo y agosto, Alaska se llena de celebraciones que reflejan su diversidad cultural, su conexión con la naturaleza y la vitalidad de sus comunidades. El festival de danza Cama-i en Bethel es uno de los encuentros más representativos de la cultura Yup’ik, con un programa que incluye ceremonias de apertura, competencias de tambores, talleres de elaboración de vestimenta ceremonial y gastronomía tradicional como el akutaq. En Fairbanks, los World Eskimo-Indian Olympics reúnen a atletas de comunidades indígenas en competencias físicas tradicionales como el salto ártico o la lucha nativa, mientras que el Festival of Native Arts combina cantos, relatos orales y danzas.

En Juneau, el festival Celebration transforma la ciudad con desfiles, cantos ancestrales, exhibiciones de arte y vestimenta ceremonial. Anchorage celebra el solsticio de verano con el Summer Solstice Festival y ciclos de conciertos como Live After Five, que animan plazas y parques con música en vivo, gastronomía local y actividades al aire libre. En otras regiones del estado, ferias como el Alaska State Fair en Palmer o el Seward Silver Salmon Derby combinan competencias de pesca, exhibiciones agrícolas, juegos y comunidad. También destacan eventos como el Kachemak Bay Shorebird Festival en Homer, dedicado a la observación de aves migratorias; el Juneau Folk Festival, centrado en música acústica y espontánea; o el Chickenstock, un encuentro de espíritu libre en el pequeño pueblo de Chicken que mezcla música, campismo y ambiente festivo.

Pescar salmón y comer cangrejo Alaska

Durante los meses de verano, cientos de ríos y arroyos de Alaska se llenan de salmón. Algunos de los más accesibles desde Anchorage son los ríos Kenai y Kasilof. Se puede contratar un guía para pescar desde la orilla o a bordo de una balsa. Muchas veces se prepara el clásico salmon bake: un asado campestre con salmón fresco cocinado al fuego junto al río.

Además, la gastronomía de Alaska destaca por su frescura y su conexión directa con la tierra y el mar. En restaurantes de Anchorage, en lodges rurales o durante estas expediciones, el salmón salvaje —especialmente el salmón real o chinook, por su tamaño y sabor intenso— y el cangrejo real de Alaska (king crab), con su carne blanca y dulce, son los ingredientes estrella. Se preparan comúnmente a la parrilla, ahumados lentamente o cocidos al vapor con mantequilla clarificada.

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Entre otras especialidades locales destaca la salchicha de reno, una mezcla entre carne de caza y cerdo para el desayuno o en hot dogs servidos en puestos callejeros. El estofado de alce que suele incluir verduras de raíz, cebada y hierbas silvestres. El halibut, un pez blanco de carne delicada, se ofrece tanto en versiones empanizadas al estilo fish and chips como en recetas más sofisticadas con salsas de mantequilla y limón.

En la cocina tradicional indígena sobresale el akutaq, también conocido como “helado esquimal”: una mezcla antigua de grasa de caribú o foca, nieve, bayas silvestres como arándanos o salmonberries, y a veces pescado seco. Aunque hoy se adapta con ingredientes modernos, conserva su valor histórico. Estas mismas bayas (recolectadas en verano por comunidades locales) se transforman en mermeladas, jarabes, cobblers y postres que celebran la temporada corta pero abundante de frutos del bosque.

Nome: para los más aventureros y el enigma del Triángulo de Alaska

En el extremo noroeste de Alaska, Nome es una localidad remota que destaca no solo por ser la meta de la emblemática carrera Iditarod, una prueba de resistencia de más de 1,600 kilómetros en trineo tirado por perros, sino también por su historia minera, su herencia Inupiaq y su entorno natural áspero y magnético. Accesible únicamente por avión o barco, esta ciudad costera a orillas del mar de Bering ofrece una inmersión en el Ártico con tundras abiertas y costas salvajes donde es posible avistar caribúes, zorros árticos y bueyes almizcleros, hasta museos locales como el Carrie M. McLain Memorial Museum, que narran el auge de la fiebre del oro y las tradiciones esquimales de la región.

Los viajeros más intrépidos pueden explorar rutas de senderismo sobre antiguos tramos del Iditarod Historic Trail, visitar las aguas termales de Pilgrim Hot Springs rodeadas de paisaje boreal, probar suerte en talleres de bateo de oro, o participar en excursiones educativas sobre cultura Inupiaq en centros comunitarios. Durante el verano, el fenómeno del sol de medianoche transforma las jornadas en una experiencia sin pausas, mientras que en invierno, la posibilidad de ver auroras boreales y vivir el ambiente previo a la llegada de los mushers completa la propuesta de este destino tan lejano como fascinante. Nome no es para todos, pero recompensa con autenticidad y perspectiva a quienes buscan ir más allá del turismo convencional.

Además de su paisaje extremo y su herencia cultural, Nome también es conocida por una historia más oscura que ha capturado la atención tanto de autoridades como del público. Desde la fiebre del oro hasta la actualidad, ha habido numerosos casos de desapariciones en la región, muchas de ellas ocurridas en áreas remotas donde el terreno accidentado, las temperaturas extremas y la falta de infraestructura complican tanto la navegación como las operaciones de rescate. Entre 1960 y 2004, se registraron al menos 24 desapariciones, lo que motivó una investigación del FBI ante sospechas de posibles crímenes seriales, aunque los informes oficiales atribuyeron la mayoría de los casos a factores ambientales o abuso de alcohol. Esta serie de incidentes, junto con la ubicación geográfica y las condiciones inusuales del entorno, ha llevado a que Nome forme parte del llamado “Triángulo de Alaska”, una vasta zona entre Anchorage, Barrow y Juneau donde se han documentado numerosas desapariciones inexplicables. Este contexto fue la base para la película The Fourth Kind, que aunque es una obra de ficción, se inspiró en el historial real de desapariciones en la ciudad, alimentando teorías sobre fenómenos paranormales y abducciones extraterrestres. Más recientemente, la desaparición de una aeronave con diez personas a bordo cerca de Nome volvió a poner en evidencia las dificultades logísticas y climáticas para las búsquedas en la región. Aunque no existen pruebas concluyentes que respalden teorías más extraordinarias, la combinación de historia, aislamiento, clima extremo y misterio ha contribuido a la reputación de Nome como un lugar tan fascinante como enigmático.

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